«En estos años cambiaron las letras y los sones, pero lo antiguo no tiene fecha de caducidad»

Hijo de la panderetera Andresa y abuelo del dúo Sones del Nansa es una referencia legendaria Defensor del cante puro montañés, empezó en las romerías con tan solo 6 años

MAXI DE LA PEÑA| SANTANDER
Genio, el de Camijanes, toda una leyenda de la canción tradicional. /JAVIER ROSENDO/
Genio, el de Camijanes, toda una leyenda de la canción tradicional. /JAVIER ROSENDO

Aprendió a leer y escribir en su mili africana. Antes había trabajado desde los seis años en el campo como pastor. Desempeñó otros oficios en una familia en la que él era uno más de 17 hermanos. Una de las cosas que tiene más claras en la vida es que nació para cantar y presume de ser el único cantador de Cantabria que se acompaña de la gaita. La influencia asturiana en la comarca del Nansa es una evidencia, argumenta, pero se considera cántabro hasta la médula y domina la tonada y la canción montañesa «como se cantaba antes». Eso no quita para que Genio, el de Camijanes conozca la tonada asturiana y la cante a su manera. Todavía se escucha su voz de leyenda en los mercados de los lunes en el ferial de La Serna de Potes. Es todo un personaje. Y sus nietos del grupo Sones del Nansa le preparan un homenaje en forma de grabación, en la que su abuelo es el gran protagonista.

-En su casa eran muchos. ¿Había alguien que cantara?

-Fuimos 17 hermanos porque mi padre se casó dos veces. Él no tenía afición por el cante, pero a mi madre Andresa le gustaba bailar y tocaba la pandereta. Lo que si le puedo decir es que yo he cantado desde que nací. Sin cantar no hubiera podido vivir porque aquellos tiempos fueron duros.

-Y usted defiende el estilo antiguo.

-Lo que me va es como se cantaba antes. En estos años han cambiado los sones y las letras. Nuestras raíces hay que cuidarlas, y aunque sea tan español como cualquiera, Cantabria es mi tierra.

-¿Le iba a buscar ya de pequeño para cantar en romerías?

-Me iba a buscar para cantar con 6 o 7 años. A esa edad ya cuidaba las ovejas.

-¿Fue a la escuela?

-No pude estudiar. Era analfabeto y con 22 años aprendí a leer y escribir en Marruecos.

-¿Allí hizo la mili?

-Sí, allí hice la mili, en Tetuán que era un protectorado español. Firmaba con el dedo y un sargento me enseñó y salí de la ignorancia. Mire, éramos muchos hermanos y había que ganar dinero. Los chicos trabajaban en las casas de los pueblos de la comarca, mientras que las chicas iban a servir en casas de familias bien situadas de Madrid, Valladolid y Santander. A mí me tocó el oficio de pastor, luego trabajé en Saltos del Nansa como pinche. No había tiempo para ir a la escuela.

-Usted trabajó fuera de Cantabria.

-Estuve seis años en una serrería del País Vasco y otro tiempo de guardamontes en Galicia. Como el sueldo era insuficiente regresé a Camijanes y continué con la ganadería.

-Defiende con ardor la tonada montañesa, pero no se pueden poner puertas al mar y la influencia asturiana es acusada en el valle del Nansa, en Liébana, en Val de San Vicente...

-Por aquí se toca la gaita desde que tengo uso de razón. Hay poca tradición de piteros, pero se canta la canción montañesa. Me he acompañado de un gaitero, primero de mi hijo Luis González, que se forjó en Asturias, y en estos últimos años de mi nieto Fernando, que es componente de Saltos del Nansa. Me arreglo bien con él. Y créame, la canción montañesa es muy difícil con la gaita. Soy el único cantador que lo hace en Cantabria.

-¿Existen registros sonoros de usted?

-Aparte de los que he hecho con Sones del Nansa, recuerdo con mucho cariño una visita de Jesús García Preciado hace 25 años a mi casa. No olvidaré jamás que me grabó acompañado por mi hijo Luis a la gaita 'Callejuca, callejuca'.

-Un clásico que han grabado Lines Vejo y hasta Roberto Diego en su disco 'Gatu Malu'.

-Es muy bonita. Lo que quiero es mi voz y mi cante permanezcan antes de irme de este mundo. Por eso me están grabando un disco mis nietos de Sones del Nansa.

-¿Me habla de un disco homenaje?

-Podríamos llamarlo así. Me vienen a buscar en coche y me llevan a un estudio de Santander, y a veces me hacen repetir las canciones. Creo que he grabado hasta la fecha ocho canciones, en una me ha acompañado Fernando con la gaita, en otras cantamos los tres, y en el resto estaba solo. Me han comentado que piensan añadir el rabel, el pito y el tambor. Quiero dejar mi voz antes de que me muera porque me duele mucho que se apague nuestra cultura. La canción es poesía, es lo cotidiano, lo que pisamos, lo es todo. Lo antiguo no tiene fecha de caducidad y mi deseo es que se conozca como se cantaba antiguamente.

-¿Recupera algún estilo?

-Por ejemplo la 'tonadona' purriega que es una canción maravillosa, auténtica de la Cordillera.

-Genio, usted no me parece una persona intransigente y creo que el mensaje que quiere transmitir es que se deben conocer las bases del canto tradicional antes de hacerse modificaciones.

-Exactamente. Claro que se pueden hacer cambios, pero lo primero que tienen que hacer es como se cantaba antiguamente y eso no se aprende en una escuela de folclore. Ya sé que a veces digo cosas un poco fuertes, pero usted puede eliminar las frases que considere inoportunas.

-En absoluto. Además expresa muy bien sus ideas.

-Le voy a contar una anécdota, ¿sabía que me echaron de dos coros? Pues me echaron porque decían cantaba muy anticuado, demasiado de pueblo.

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