La osa de Caloca y su osezno ponen en fuga a un joven que paseaba por el monte

El pequeño de los plantígrados llegó persiguiendo a un perro, y luego la madre se irguió ante el muchacho en ademán de defensa de su cría

TEODORO SAN JOSÉ| SANTANDER
Imagen de archivo de la osa y el osezno con los que se topó Sergio el viernes. / ANDRÉS FERNÁNDEZ/
Imagen de archivo de la osa y el osezno con los que se topó Sergio el viernes. / ANDRÉS FERNÁNDEZ

Un joven de Caloca (Pesaguero) tuvo un encuentro con la osa y el osezno que desde hace varios meses se dejan ver por las inmediaciones del pueblo cuando caminaba por el monte Cotera Oria junto a dos de sus perros. Sergio Gutiérrez tuvo que salir por pies «porque la madre se pinó, me berreó y me persiguió, seguramente en un acto de defensa de su cría», aunque el muchacho entiende que la actitud de la osa fue «como un amago» porque dejó de sentirla tras él muy pronto.

Además del susto y del sofocón de Sergio porque no paró de correr hasta que alcanzó una pista forestal 400 metros más abajo, de aquel lance sólo salió magullado uno de los perros.

El viernes pasado, a media mañana, Sergio salió de casa con ánimo de dar un paseo por el monte, como suele hacerlo cada fin de semana que sube al pueblo. Y, como es costumbre en él, se hizo acompañar por sus perros 'Pinto' y 'Suker', un joven pointer y un ya anciano pastor vasco, respectivamente.

Esta vez el paseo por el monte Cotera Oria fue más corto y duró menos de lo esperado. Al cabo de una hora de caminata, a tres o cuatro kilómetros del pueblo, en una zona frondosa de brezos y robles, Sergio observa que regresa a su vera uno de los perros, 'Pinto', y que detrás de él «se movía una cosa. Pensé que era un jabalí y me escondí contra un árbol». Pero se trataba del osezno.

La suerte quiso que el perro, en vez de refugiarse entre los pies del muchacho, se parara a un par de metros porque luego, como relata elpropio Sergio, «el oso se paró, se pinó, rugió y se fue otra vez tras el perro. Estaba a dos metros de mí, pero no me vio», sin que pueda concluir si la actitud del osezno era de juego o agresiva.

Detrás, la madre

Con 'Pinto' y el osezno corriendo monte abajo, Sergio poco podía imaginar que medio minuto después llegaría la madre en busca de su cría. Esta vez, la osa sí le detectó. Y actuó como su instinto le dicta. Con aire intimidatorio, mostrando su poderío.

«Se quedó parada ante mí, se pinó, rugió y vino a por mí». Sergio, que había notado al animal «furioso» -quizá simplemente «defendiendo el territorio y a su cría»- y con el morro ensangrentado, relata que no quiso dar tiempo a nada más. Se movió rápido hacia un árbol, lo utilizó para hacer un quiebro y, seguidamente, corrió monte abajo con la velocidad y agilidad que le dan sus 16 años.

«¿Miedo? No tuve tiempo. En aquel momento sólo pensé en correr y correr. Dejé de sentir muy pronto a la osa. Pero ni miré para atrás», dice Sergio. Paró cuando llegó a una pista que atraviesa el monte; para entonces, ya había vuelto a lado el pointer, pero ni rastro de la osa, del osezno ni de 'Suker'.

Cuatro días después de aquel lance, desde Cabezón de la Sal, donde estudia Técnico Forestal en el Instituto Foramontanos, Sergio asegura que se toma lo que ocurrió «como una experiencia. No pienso en nada, ni en qué hubiera podido pasar». Ni, de lejos, le quita las ganas de volver a meterse en el monte, su pasión. «Al contrario. Al día siguiente ya quise volver para buscar al otro perro, pero no me dejó mi madre».

'Suker' regresó a casa dos días mas tarde. Algo malherido, sin sangre ni heridas, pero con un golpe en el costado que le hace cojear. «Quizá se metió cerca de donde la osa estaba comiendo, y como está viejo, le faltó agilidad para evitar un zarpazo o algo parecido».

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