Doce millones de españoles padecen una grave contaminación acústica

España es el segundo país más estruendoso del mundo y con la legislación actual no se pueden atajar las consecuencias físicas y psicológicas del ruido

RAFAEL HERRERO| COLPISA MADRID
Un hombre próximo a unos grandes bafles se tapa los oídos durante un mitin político. / REUTERS/
Un hombre próximo a unos grandes bafles se tapa los oídos durante un mitin político. / REUTERS

Equipos de perforación, grúas, sirenas de ambulancias y bomberos, vehículos, aviones, trenes, locales de ocio... Las zonas urbanas de España, con mayor o menor virulencia, sufren desde hace muchos años un auténtico caos acústico. Nuestro país ostenta el insalubre honor de ocupar el segundo lugar del mundo por exceso de ruido, tal como recordó el presidente de la Plataforma Estatal de Asociaciones contra el Ruido y Actividades Molestas (PEACRAM), Ignacio Sáez de Cosculluela. Un auténtico estigma medioambiental que sigue generando numerosos trastornos físicos y psicológicos.

Se calcula que 12 millones de españoles sufren contaminación acústica, subraya PEACRAM. Y, según un estudio del Colegio Oficial de Ingenieros de Técnicos de Telecomunicación (COITT), una de cada cuatro personas padece ansiedad, estrés, falta de concentración y agresividad o irritabilidad por el continuo estrépito de las calles de las ciudades, verdaderas 'fábricas' de ruido. Controlar la emisión de estas fuentes sonoras que superan el límite de la tolerancia -establecido en 65 decibelios- se ha demostrado harto imposible con la legislación vigente.

El estruendo diario en las grandes ciudades provoca insomnio, fatiga, problemas cardiovasculares o digestivos, síntomas psiquiátricos y debilita el sistema inmunológico. Los efectos secundarios del ruido ambiental sobre la salud, el sueño y la calidad de vida son cada vez más notorios, según un estudio médico sobre la 'salud acústica' presentado por Pikolín.

Elaborado por el doctor Gualberto Buela, responsable de la Unidad del Sueño de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, el trabajo evidencia que el ruido tiene perjudiciales consecuencias, inmediatas o de alcance más lejano, sobre multitud de aspectos relacionados con la salud. Pero las quejas de los ciudadanos no se limitan sólo al 'aquelarre' acústico en el exterior de sus viviendas: casi un 30% de los españoles se quejan de los ruidos que generan sus propios vecinos.

Efectos en la salud

El descanso, alivio fundamental para mantener un óptimo estado de salud, es uno de los grandes perjudicados por la contaminación acústica. España es un país acostumbrado a generar ruido, pero este carácter 'extrovertido' es la pesadilla de muchos ciudadanos. Un 'infierno' ambiental que, como definió una sentencia el Tribunal Constitucional, puede llegar a representar «un factor psicopatógeno y una fuente permanente de perturbación de la calidad de vida de los ciudadanos». Se estima que la actividad normal del ser humano produce un nivel de ruido de unos 55 decibelios; cuando se superan los 65, el ruido empieza a ser más que molesto, y a partir de los 85 perjudicial para la salud.

Según el doctor Buela, la contaminación acústica tiene varios efectos: auditivos (fatiga auditiva, sordera temporal o permanente), subjetivos (irritación, fatiga y falta de concentración), biológicos (trastornos del sueño y del sistema inmune) y comportamentales (medicación y síntomas psiquiátricos).

Arguye el experto que el ruido ambiental es uno de los factores más importantes, al menos en las ciudades, en la interrupción del sueño; sobre todo el de los aviones, el del tráfico y el de los vecinos. «Las fuentes de contaminación acústica van en expansión, sin que las medidas legales y administrativas puedan llegar (a amparar) a tantos afectados», sostiene.

Problemas psiquiátricos

La capacidad de alcanzar las fases más profundas del sueño es la que resulta más perjudicada por el ruido. Pero la sobrepresión acústica tiene también otros efectos inmediatos, como el aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, de la presión sanguínea y de la vasoconstricción. «Es posible que las personas tengan la sensación de haberse acostumbrado al ruido, pero el cuerpo nunca deja de reaccionar a estos estímulos», dice. Los efectos secundarios del sueño interrumpido son similares a los de los pacientes con insomnio crónico: somnolencia diurna, cansancio, disminución del rendimiento y aumento de los accidentes de tráfico. Más a largo plazo, la exposición a un alto nivel de ruido provoca un mayor número de prescripciones de fármacos y problemas psiquiátricos.

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