La Alameda Segunda cumple 175 años y lo celebrará con días de fiesta a la antigua

La asociación de vecinos coordina los actos, para el próximo junio. Habrá casetas de feria, para recordar cuando allí se celebraba Santiago

JUAN CARLOS FLORES-GISPERT| SANTANDER
Vista de la Alameda Segunda, desde su arranque en la plaza de Numancia. / SÉ QUINTANA/
Vista de la Alameda Segunda, desde su arranque en la plaza de Numancia. / SÉ QUINTANA

Millones de personas han pasado y paseado por ella desde que hace 175 años fuera abierta. Parte de sus árboles son centenarios y a sus lados se levantan algunos edificios que son recuerdo del Santander del pasado. La Alameda Larga, después Alameda Segunda y desde hace cien años Alameda de Oviedo, aparece hoy ante el santanderino y los visitantes como una de las zonas verdes más transitadas de la ciudad.

La Asociación de Vecinos La Alameda prepara la celebración de las dos efemérides con una serie de actos que se desarrollarán en junio y que, a grandes rasgos, pasan por verbena, atracciones, música, baile con tamboril, bolos y puestos de venta. Se trata de devolver a la zona parte del esplendor y la categoría perdidos con el paso del tiempo.

La Alameda es el parque más antiguo de Santander después de los Jardines de Pereda (1805). La Alameda comenzó a construirse en el año 1833 y en 1834 fue abierta al público. Sus habitantes luchan para que el Ayuntamiento la declare parque singular, aunque de momento deben contentarse con que sea considerada arboleda de interés. La Alameda mide 725 metros desde Cuatro Caminos a Numancia y su superficie es superior a los 18.000 metros cuadrados. Sus habitantes censados (calles Vargas y San Fernando) son más de 4.000.

Los edificios más antiguos son los que se sitúan al principio de la calle Vargas, en el arranque con Alcázar de Toledo, y el que en San Fernando acoge desde hace décadas la Bodega La Montaña. Son los últimos vestigios de la historia de esta zona, pero en la Alameda segunda estuvo la fábrica de Cervezas la Cruz Blanca, el colegio Hispano (donde hoy está la cafetería Stylo); el convento-colegio de Las Adoratrices y su cementerio (donde está la cafetería La Viña); el convento-colegio de Las Trinitarias (donde hoy está el edificio de las direcciones provinciales y consejerías del Gobierno cántabro); la fábrica de gaseosas Santa Marta (en la zona de la calle Mies del Valle-confecciones Gayfor), la sede del Frente de Juventudes (donde hoy está el centro de salud), el arco con la cascada, (donde se sitúan hoy las escalers mecánicas) el Cine Alameda (solar hoy ocupado por la tienda Diferente); el colegio de Los Agustinos (en el entronque con Alcázar de Toledo).

La actual fisonomía de la Alameda es obra de los años ochenta del siglo XX. Fue pagada por los vecinos con un impuesto especial (impuesto, como su nombre indica, por el Ayuntamiento) y que a muchos vecinos les fue devuelto después de muchas vueltas en los juzgados. Entre los edificios y locales de más reciente memoria y también desaparecidos están el Cine Santander (Cuatro Caminos), el Cine Capitol (hoy Supercor).

El matadero

También estuvo en la zona el matadero de Santander, en donde hoy se levanta el mercado y plaza de México y el aparcamiento, con una antigüedad que se acerca a los treinta años. También hubo en la zona una fundición, una marmolería, la feria ganadera en el verdoso (Cuatro Caminos). Y hasta hubo monumentos, como el del biólogo Augusto González de Linares, hoy en El Sardinero, y bancos de piedra y respaldo de hierro forjado hoy situados en los Jardines de Pereda.

Todo estos son recuerdos de los vecinos de la zona. También en su memoria están las ferias de Santiago que se celebraban en la Alameda, con la instalación de las casetas y atracciones. Sucesoras de aquellas son las casetas que se instalan cada julio en la plaza de México y las casetas de bares que se extienden desde el año pasado a lo largo de La Alameda, y que este año serán más.

Las celebraciones de la Alameda están siendo organizadas por la asociación de vecinos del mismo nombre fundada en 2006, después de la creación de un movimiento vecinal espontáneo para luchar contra el deseo de construir en el subsuelo una aparcamiento subterráneo. Se enfrentaron al Ayuntamiento. Hoy las relaciones son excelentes y el trabajo es continuo para solucionar temas como suciedad, falta de plantas, exceso de perros o el deseo de acabar con quienes quieren convertir la Alameda en una vía para bicicletas. Porque la Alameda es para caminar, pasear y sentarse a disfrutar, dicen los vecinos que lanzan sus críticas contra las terrazas de los bares que están en mal estado y en invierno vacías, restando espacio para el ciudadano. También desean que se arregle el suelo de este singular parque-alameda. En definitiva que la Alameda es «un gran pulmón en esa poblada zona de la ciudad, donde viven 4.587 vecinos censados y hay que valorarlo, respetarlo y conservarlo» dice Marián González, presidenta de la junta directiva, formada por diez personas. Entre todos -dice González- estamos haciendo barrio».