Historia escrita en papel

JULIO RUIZ DE SALAZAR IRASTORZA
Portada de El Diario. Jueves Santo de 1905. / RUIZ DE SALAZAR/
Portada de El Diario. Jueves Santo de 1905. / RUIZ DE SALAZAR

No se puede decir que Torrelavega, siempre a la cabeza del progreso y de los últimos elementos conocidos para su evolución como entidad, estuviera al día en la constancia escrita de los acontecimientos locales, nacionales o mundiales, que se desarrollaban diariamente.

La llegada de los carruajes, de las diligencias y transporte de otros lugares eran los encargados de ese trasiego noticiero, muchas veces sin verosimilitud, o con salpicaduras subjetivas en la narración de los hechos que modificaban toda o parte de la certeza sobre lo acontecido. Si la noticia era de interés, el cochero, ya desde el pescante, lanzaba al aire toda la información que sobre el acontecimiento tenía, respondiendo a las preguntas que le hacían las gentes que acudían asiduamente a los cambios de postas, precisamente, para tener información directa de lo más relevante en aquel momento.

En 1873, nació la prensa

Unos cuantos factores influyeron en esa tardanza de poder disponer de un noticiero escrito, con fiabilidad y comentarios de personas que dieran a conocer a sus gentes lo que realmente constituía la noticia, aunque el comentario posterior fuera subjetivo.

Hay que tener en cuenta que cuando en la Torrelavega de 1873 se inicia el periodismo local, contaba la entonces villa, con dos o tres mil habitantes. Había, indudablemente, personas de gran valía y con estudios, aunque sólo fueran en ocasiones primarios, pero existía un gran porcentaje de analfabetismo, que más que leer, escuchaba lo que otros, en voz alta, leían para trasmitir las noticias a los asistentes a esos pequeños corrillos que en lugares estratégicos se reunían.

Las condiciones de vida, el aislamiento, por la falta de cómodas comunicaciones, el trabajo, entonces agrícola y ganadero, principalmente, el desorden social, entre otros factores, contribuían a que se diera más importancia al campo que a la escuela, lo que a la postre acarreó ese analfabetismo, lógico impedimento para una comunicación precisa, y menos aún, por medio de la letra impresa.

La primera imprenta

Desde la implantación de la primera imprenta, en la calle San José, fundada por don Bernardo Rueda, se fueron sucediendo una serie de periódicos semanales quincenales o festivos con diferentes cabeceras y con permanencia variada. Dependía su tirada del momento político en que hicieran su aparición, ya que las cabeceras de la prensa local pasaban también por los periodos en que la nación sufrió los cambios más radicales de su historia contemporánea

Fue 'El Porvenir de Torrelavega' el primer periódico publicado en esta villa. Era de índole republicana. Duró pocos meses y dio paso a 'El impulsor municipal', con permanencia hasta el año 1937, republicano, que pasó por diferentes periodos teniendo en cuenta las leyes de imprenta que también sufrieron modificaciones con el cambio de dirigentes políticos.

Sucedieron cabeceras con nombres como 'El Duende', 'El Progreso Montañés', 'El Cántabro', 'El Escajo', 'El Dobra', 'La Montaña', 'El Liberal Montañés' y 'El Medio Bólido', entre otros. La inclinación de su fondo político se iba sucediendo en similares cabeceras, incluso con iguales colaboradores. Casi todos de efímera vida, acompasando a los cambios gubernamentales y a intereses de los que costeaban la publicación. Estos periodos de cada periódico, sumados, nos llevan al cambio de siglo en que la ciudad cuenta ya con siete mil setecientos habitantes y comenzaba el inicio de su gran carrera de progresos, hazañas industriales, fabriles y agropecuarias. El cariz y elfondo de los periódicos, también entran en el progreso. En vez de preocuparse por la vida netamente local abre sus páginas a una prensa de interés para el ciudadano, ambicioso de noticias que traspasen sus limites geográficos, así como artículos con firmas que hoy, representan referentes literarios. Por cargo político, el torrelaveguense Perogordo a través de 'El Cántabro' informaba a sus conciudadanos de lo que ocurría en Filipinas, Cuba y Puerto Rico, antes de la pérdida para España de sus preciadas colonias.

Prensa católica y Torrelavega

Se inicia con el cambio de siglo un nuevo periodismo. Surge la Prensa Católica, con el apoyo y el aliento desde El Vaticano de León Xlll. En Torrelavega la prensa católica tuvo su origen en 'El Medio Bólido', continuando abiertamente en 'El Adalid' y 'El Besaya'. Fue el médico don José María Ortiz Obregón, torrelaveguense, escritor, concejal católico, y sus colaboradores, quienes continuaron la labor comenzada en 'El Medio Bólido', pasando a escribir 'El Adalid' con su dirección, siguiendo el ruego del párroco, don Ceferino Calderón. Mas tarde este grupo se hizo cargo de la dirección de 'El Impulsor', con evidente cambio de ideología, a la muerte del que fuera su emblemático director, el farmacéutico don Francisco López Sánchez.

Abiertamente esta prensa lucha contra toda manifestación que afecte a los principios básicos, morales, de fe y creencias, elogiando los actos religiosos locales y nacionales, ejerciendo una lucha antimasónica, comentando encíclicas. Elogiable idea sin que pudiera llevarse a cabo, tuvo Ortiz Obregón. Hacer 'El Diario Católico Montañés', con la anuencia de la autoridad eclesiástica, y con la firmeza de que el elenco de grandes escritores locales de la época iba a colaborar, dada sus probadas creencias. No pudo ser, ni tampoco hacer, un Diario de Torrelavega con iguales directrices.

Llega El Diario Montañés

Mientras se producían estas luchas de prensa local, con abiertos insultos y combativos enfrentamientos para imponer cada cabecera su doctrina, surge en la capital 'El Diario Montañés'. Corría el año 1902. En Torrelavega 'El Impulsor' y 'El Liberal Montañés' fueron los que más perduraron. 'El Adalid', tuvo poca supervivencia, dado los escasos recursos económicos de que disponía.

La vida y repercusión de 'El Diario Montañés' en la ya ciudad, capital del Besaya, fue tan marcada que no es posible comprender el desarrollo de este municipio, sin asociarla a esta prensa diaria que ilustraba, comunicaba y comentaba de cuanto ocurría dentro y fuera de nuestros territorios

Manuel Ángel Castañeda director del periódico, y uno de los referentes presentes y futuros del periodismo regional, señalaba en una ocasión, con motivo de cumplirse el centenario del periódico, cómo «El Diario Montañés ha sido testigo de esos cien años. Ha sido un elemento narrador, y en muchas ocasiones, un protagonista más de la historia colectiva».

Para quienes ya tenemos como mejor bagaje la edad, El Diario ha sido, y es, algo tan ligado a nuestra vida rutinaria diaria que sólo nos damos cuenta, al hacer recuento de los años pasados, que siempre ha habido un momento en el día, aún con muchos quehaceres, para echar una ojeada al menos a las letras grandes, y si algo nos llamaba la atención, guardarlo para momentos de más descanso.

Llegaba a Torrelavega El Diario Montañés por ferrocarril, desde Santander, primero desde la calle Arcillero número 5, y luego, desde Moctezuma número 2.

Don Paulino Canales era el apoderado de la distribución. El primer kiosco que recogía la mercancía era el de la propia estación, con Lines, la quiosquera, a su frente. Había otros puntos en donde se expedía. El más popular era el del boulevard Demetrio Herrero (ya desparecido), con Eloy Ruiz Pontanilla atendiendo a una fiel clientela.

Antes de que se impusiese la actual red moderna de lugares de venta múltiple, periódicos, revistas, recuerdos, golosinas etc., se encontraba en establecimientos de venta variada, en donde además de la compra diaria se añadía la prensa. Existían periodiqueros que llevaban a domicilio, diariamente, lo que se llamo 'el papel'. Entre ellos muy conocido fue Muela, de largo bigote, a quien acompañaba su hija, transportando El Diario en una bicicleta. No ha desaparecido por completo esa figura amable, ni fue el único el que hemos citado. Otras épocas y otros nombres como Tuky, Daniel o El Curro, en su día, podrían escribir una página de historia local del periodismo.

Con frecuencia la lectura del periódico se hacía en los cafés, mientras que, con una pausa hoy desconocida, se desayunaba. A la Biblioteca, al Casino y a los círculos sociales, había mucha gente que acudía exclusivamente para leer las noticias del día, adictos a la lectura del periódico con charlas comentarios, o intercambios de opinión posterior, si la reseña no era del modo de pensar del lector

Un director en las Justas

Su nacimiento como prensa católica está confirmada en las portadas que incluía a toda 'sabana' o 'sabanón', de gran belleza de impresión, dedicadas a temas de la Semana Santa festividades de neto valor religioso. Hay que tener en cuenta que hace un siglo el periodismo le mantenían escritores aficionados que tenían otra profesión, columnistas más especializados, y una serie de amistades de los redactores, que con frecuencia, coincidían sus nombres con esas plumas brillantes que hemos apuntado. Sus directores, con un periodismo profesional, lograron que El Diario Montañés, decano de la prensa cántabra, fuera, efectivamente, el «El periódico de la montaña para los montañeses», como rezaba en su lema de cabecera.

Sin rescatar aquí a todos los directores rememoro a don Manuel González Hoyos, magnifico escritor y poeta, que estaba siempre presente en todo lo concerniente a Torrelavega, incluso, dedicando a nuestra ciudad un bello poema en las Justas literarias de 1951, con el que ganó la Flor Natural; don Florencio de la Lama Bulnes (Ruy de Silva) especializado en temas del campo, lebaniego enamorado de su tierra natal, a la que no le faltaba oportunidad para resaltar su merecido encanto.

Cayón, 'el corresponsal'

En Torrelavega el censo tenía una línea ascendente llamativa, igual que su industria, su comercio, su ganadería y todas las facetas de desarrollo. Era la primera ciudad importante de la provincia después de la capital. El Diario Montañés vio que era imprescindible fundar una corresponsalía en esta ciudad. Así lo hizo y nombró a Francisco Cayón Ruiz, Paco Cayón, como firmaba, como le gustaba que le llamaran y como tal anunciara su comercio. Fue un incansable periodista, de raza, el prototipo de corresponsal en todos sus vértices.

En la sección del periódico 'Torrelavega al día', diariamente, hacía una crónica que titulaba 'Del Momento', en la que daba cuenta de lo ocurrido, de lo pasado, y lo que iba a suceder en su ciudad, queridísima para él, y a la dedicó toda su vida, ocupando, incluso, cargos municipales de responsabilidad. Su conocimiento y querencia a Torrelavega, le valió el nombramiento de Cronista Oficial de la Ciudad.

El local de la corresponsalía era la trastienda de su propio negocio de zapatería, situado en pleno centro. Era un verdadero archivo de unos años históricos para Torrelavega. Estaba al tanto de quién visitaba la ciudad, quién iba o venía de vacaciones, quien terminaba sus estudios o quien se trasladaba a otra localidad por razones de trabajo. Recibía a los corresponsales de otros municipios y daba cuenta de lo que ocurría en Barreda en Reocín o en Suances, resaltando siempre sus fiestas patronales. Importante fue su seguimiento, en los años 60, de la catástrofe de la mina de Reocín. Paco Cayón, junto al fotógrafo Arauna, llegó de los primeros al lugar del desastre.

Llegaba La Patrona...

Y era cuando El Diario Montañés hacía un despliegue de paginas, de información sobre nuestra ciudad. Suponían aquellos números extraordinarios una síntesis de lo ocurrido en un año en todas las áreas. Se hablaba de la productividad, del crecimiento y de las perspectivas de las empresas, de la sanidad, de la ganadería, del comercio....

Había artículos de recuerdos históricos y comentarios para los espectáculos, conciertos, películas, Justas literarias, semanas de las artes y las letras y todo lo concerniente a los momentos más brillantes, encumbrados y sobresalientes de la mitad del pasado siglo. Muchas firmas como De la Serna, Cossío, Pick, Gerardo Diego... dejaron su huella en páginas de alabanza a una ciudad amiga, merecedora de sentidos elogios.

Paco Cayón representó el compendio que definía al periodista del pasado siglo: culto, polifacético, luchador, y sobre todo, con dos cualidades fundamentales como son el cariño a su profesión y a su ciudad. El resumen de su personalidad le encontramos cuando en un homenaje merecido, y presidido por el Director general de Prensa en aquel momento, don Juan Aparicio, Paco Cayón exponía en su discurso de agradecimiento que él no era periodista de carrera, tan sólo aficionado. Don Juan le respondió que, efectivamente, no era periodista de escuela, porque él mismo era una escuela de periodismo.

Paco Cayón se rodeó de personas que le ayudaron en su infatigable labor. Colaboró grandemente, incluso sustituyéndole en periodos vacaciones, Joaquín Díez Blanco, a quien le gustaba ahondar en la pasada historia de la ciudad. En deportes tuvo un decidido comodín en su hijo Gabriel, deportista, gimnástico y atento a nuestros equipos y a nuestros atletas.

A Paco Cayón le sustituyeron en la corresponsalía su hijo Gabriel y Mauro Muriedas Echave, quien no estuvo mucho tiempo para desgracia de los lectores, ya que su certero criterio del arte expuesto en sus crónicas, son ejemplo del más puro manejo artístico literario. Mauro, hombre culto y literario, unido al trabajo activo de Gabriel, formaron un tándem que fue referente del periodismo local a través de las páginas de El Diario Montañés.

Otros colaboradores eventuales en las páginas de Torrelavega fueron José Manuel Siles, corresponsal, a su vez, de la agencia EFE, Curro Tijeras, con sus crónicas deportivas; Jesús de Castro, actual jefe de prensa del Ayuntamiento de Torrelavega: Manuel Teira, jefe de Gabinete de la Alcaldía; el periodista Emilio Renero; el médico José Collado (Juan Portugués), autor de crónicas inolvidables. Javier Rodríguez, periodista formado en Madrid, también colaboró en las páginas de Torrelavega, compaginando el periodismo escrito como su gran vocación: la radio. Quien ahora dirige la radio y la televisión de El Diario, Punto Radio y Canal 8 DM, es una de las grandes voces que ha dado Torrelavega, además de escritor y recopilador de otra de sus pasiones, el circo. También de Torrelavega son periodistas punteros en El Diario, como Alberto Santamaría, actual jefe de Deportes, o Dolores Gallardo, en el área de Economía; también de Torrelavega es José Luis Pérez, redactor jefe.

No hay que olvidar la importancia de las fotografías, en un momento en el que la información visual no estaba tan avanzada. Acompañaba a Paco Cayón en sus salidas a la caza de noticias, Lobeto, fotógrafo espontáneo, antes de que Horacio Hurtado fuera el colaborador fijo de la empresa.

El ilusionante cambio

En 1979 comienza la etapa moderna de El Diario Montañés en Torrelavega, coincidiendo con la llegada de una nueva sociedad editora y de un periodista determinante para este periódico, Manuel Ángel Castañeda, maestro de periodistas, fue cuando se produjo la gran evolución. Quienes, como yo, desde hace décadas, somos lectores diarios de este periódico, no podemos menos que destacar la importancia del entonces joven director. Manuel Ángel Castañeda aportó la frescura de su juventud al periodismo regional, hasta entonces, quizás, un poco acartonado. Tuvo que afrontar los cambios políticos y sociales que se producían en España, y por ende, en nuestra región. Abrió las puertas del periódico a jóvenes profesionales a los que formó como periodistas de carácter, como él lo es, y que llevan el sello de El Diario allí donde han tenido sus cometidos profesionales. Hombre culto, equilibrado, parco en palabras pero sutil en sus comentarios, ha sido, en mi opinión, el inspirador de toda una generación de periodistas.

La oficina de Cayón, verdadero archivo de recuerdos, fotografías y crónicas se cerró. El popular establecimiento de calzado, flanqueado por otros tradicionales como la Librería de Villegas, Calixto y Pastelería Ballesteros, con sus aromas de confitería, deja de ser punto de referencia como corresponsalía.

En un pequeño espacio, en un entresuelo, del antiguo hotel Saja, en la calle Pablo Garnica, se inicia el cambio que El Diario le dedica a Torrelavega, cambio que implica la importancia que la nueva dirección del periódico le quiere imprimir a la ciudad.

La crónica diaria 'Del momento', firmada por Cayón, y las noticias aisladas, se convierten en una página entera dedicada a nuestra ciudad. Inicia este proceso José Antonio González Casares, periodista formado en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, licenciado, perteneciente a una familia de periodistas, y que después llegaría a ser redactor jefe del periódico; Casares, como todos le llamamos, reforzó las páginas de Torrelavega, siguiendo las primeras corporaciones democráticas. Le siguieron en cortos periodos de tiempo, otros periodistas de la nueva escuela, como Pedro Luis Arroyo, actual jefe del gabinete de prensa de la Delegación del Gobierno, o un joven Jesús Serrera, que entonces se abría paso en el periodismo, tras acabar su licenciatura. Jesús Serrera le imprimió a la información de Torrelavega un sello especial, con informaciones ágiles y nada convencionales, lo que atrajo la atención de los lectores a las páginas de El Diario. Su distinción periódistica le valió que, muy pronto, fuera llamado a la redacción central de Santander, donde rápidamente fue escalando puestos, siendo notable su aportación desde la jefatura de Deportes; de ahí, redactor jefe y subdirector del periódico, aunque sigue apegado a las páginas deportivas con sus escritos sobre el fútbol que crean opinión.

Comienza a colaborar, en 1982 Nieves Bolado, con su flamante título bajo el brazo, con artículos de opinión bajo el epígrafe 'Escrito desde aquí'. Eran artículos de opinión, a los que los lectores de Torrelavega nos estábamos muy acostumbrados. No había delegación entonces y los periodistas se las arreglaban con una pequeña oficina que les prestó Ramón González, en su expositor de coches en la avenida de España, y la máquina de escribir que ponía a su disposición la Cámara de Comercio. El bar El Mundial, y la cafetería Sago, eran los lugares de reunión de los periodistas de El Diario.

Llega la delegación

Meses más tarde, también en 1983 abre sus puertas la primera delegación de El Diario Montañés en Torrelavega. La autora de los 'Escritos desde aquí', es la primera delegada de esta nueva era. Una transmisión objetiva de lo que se cernía por la ciudad que la vio nacer y a la que profesa destacado, profundo y leal cariño, como ha demostrado en publicaciones, diferentes a su labor periodística diaria. No dudaron hacerla responsable del nuevo Diario, a una persona que tenía todos los atributos para llevar a cabo una empresa difícil. Y es que hasta entonces, excepto un breve periodo de Ángeles Arce en la Hoja del Lunes, nunca una mujer había ejercido el periodismo en Torrelavega.

Esto produjo alguna anécdota curiosa ya que firmaba como N. Bolado. Los que no la conocían aun, no podían ni imaginar que una mujer estuviera detrás de esa N, lo sirvió para disquisiciones sobre el nombre. No sabían si era Nicolás, Nicostrato, Nemesio o Nicomedes, pero nunca imaginaron que después de Paco Cayón, la N fuera de mujer.

Junto a ella comenzó a trabajar un también joven José Manuel García Lahidalga, autor, entre otras muchas, de miles de páginas sobre la Gimnástica, formando un tándem que ha durado veintiséis años. García Lahidalga alternaba su trabajo periodístico en El Diario con sus crónicas, primero, en Antena 3 Radio, y después, en Ser Torrelavega donde se formó como periodista radiofónico. José Manuel García Lahidalga ha sido uno de los mejores informadores deportivos de la ciudad, especialmente del fútbol, y de su querida Gimnástica, que aunque gimnástico de corazón, siempre fue fiel y equilibrado en sus escritos. Aunque cultivó todos los campos, destacadas fueron también sus crónicas de sucesos y todo el devenir diario de la ciudad.

Después llegó Irma Cuesta Cifuentes, siendo aún estudiante de periodismo, y se quedó en la delegación de Torrelavega donde aprendió a ser periodista; ahora es jefe de sección de Región. A Irma Cuesta le tocó lidiar con la información laboral especialmente, algo que no fue fácil en algunos momentos convulsos de la vida de Torrelavega, especialmente aquellas largas esperas durante el encierro de los trabajadores de Sniace. Hoy realiza una bonita labor ofreciendo unas amenas páginas de la región.

Los tres buscaban las noticias, las escribían, hacían las fotos y... las revelaban. Periodismo total. También tuvo aquí su escuela José Ignacio Arminio, que de corresponsal de la comarca, informador de región y pionero en la información a través de Internet, ha vuelto a sus orígenes periodísticos, en Torrelavega. Otra redactora fiel del periódico, Isabel González Casares, se unió en 1988, al grupo que aún sigue en Torrelavega. Hermana de José Antonio González Casares, dedicó mucho de su trabajo a resaltar la información cultural y social de la ciudad, cuidando una parcela muy agradecida, por cercana, a los lectores. Las páginas del periódico gratuito Vecinos, le deben en gran parte al trabajo y al interés de esta periodista por trasmitirnos los hechos más cercanos.

Una nueva etapa

En el año 1988 abre sus puertas la nueva delegación situada en un entresuelo de la entonces calle del General Mola número 8, hoy José Posada Herrera. Es lugar espacioso luminoso y capaz para llevar a cabo un trabajo independiente y tranquilo, incluso, con laboratorio para el revelado de fotos. Se inicia el trabajo con modem, arma avanzadísima, revolucionaria de la informática de prensa.

Los fotógrafos

Hasta 1986 la parte fotográfica corría a cargo de Lobeto y de Horacio Bustamante Hurtado, quien con sus trabajos junto a Cayón, formó uno de los mejores archivos gráficos de la actualidad de Torrelavega. Cuando se abrió la nueva delegación eran los propios periodistas quienes, auxiliados con una pequeña cámara Pentax, hacían y revelaban las fotografías.

Se inicio, como colaborador, en 1988, durante unos meses, Fidel Fernández Escalante, seguido de Amado Buendía. En 1989, Jose Antonio Pérez se unió a El Diario Montañés en Torrelavega, hasta que en 1999 decidió comenzar un nuevo camino profesional y comercial ddicado a la fotografía no periodística. A él se deben algunas de las imágenes históricas de Torrelavega en los años 90.

Fue en 1999 cuando inició su trabajo de colaboración gráfica Luis Palomeque Orcajo, a quien vemos en todos los eventos con su acertado objetivo, proporcionarnos excelente documentación gráfica. Forma parte ya de cualquier evento social, deportivo, político o de otra índole que acontece en Torrelavega.

Agradecidos

La ciudad de Torrelavega ha sabido valorar la aportación a su vida, a su devenir, de El Diario Montañés, y así, en 2002, le concedió la medalla de oro de la ciudad al cumplirse su centenario, distinción similar con la que le premió la Cámara de Comercio e Industria, entre otras instituciones locales. Igualmente la labor periodística de Nieves Bolado fue reconocida con la medalla de oro de la ciudad, por su trabajo de información municipal, en El Diario Montañés, cuando se cumplieron, en 1998, veinte años de los ayuntamientos democráticos.

En 1992 El Diario Montañés comenzó a editar en Torrelavega el primer periódico gratuito que hubo en la región, 'Vecinos', pionero en la prensa de este tipo de Cantabria y el único que, diecisiete años después, sigue editándose sin haber faltado nunca a su cita con los lectores. Otro logro de El Diario Montañés en Torrelavega.

De nuevo, pioneros

El Diario Montañés ha tenido para esta ciudad siempre una distinción que se ha visto correspondida por un agradecimiento manifestado en la lectura diaria de sus páginas por un porcentaje elevadísimo de lectores, ciudadanos que recorren sus secciones poniéndose al corriente de lo sucedido en todos los aspectos, difundidos objetivamente por las más prestigiosas plumas.

Es de esperar que continúe mucho tiempo esta buena armonía y que obtenga este Decano de la Prensa montañesa los logros más brillantes en esta nueva etapa que ahora inicia. Con la nueva delegación, un ejemplo de lo que se denomina multimedia, nuevamente, vuelve a ser pionera en Torrelavega del futuro periodismo, de esa nueva frontera que su director, hace años, proclamaba.

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