Pío, trotamundos de la poesía

Benito Madariaga traza en un libro patrocinado por Cultura, que ve la luz esta primavera, las huellas vitales y humanas del rapsoda y actor, «un personaje insólito e irrepetible»

GUILLERMO BALBONA
El rapsoda, poeta y actor Pío Muriedas en 1982, en el homenaje de la farola en Santander./ M. BUSTAMANTE/
El rapsoda, poeta y actor Pío Muriedas en 1982, en el homenaje de la farola en Santander./ M. BUSTAMANTE

Todo retrato humano supone una empresa compleja, pero trazar el perfil, rescatar la trayectoria vital y creativa de un espíritu libre se antoja una tarea de héroes. A esta segunda ambición responde la labor realizada por el cronista de Santander, escritor e investigador, Benito Madariaga cuando decidió seguir las huellas inevitablemente dispersas, confusas, y sin apenas rastros certeros, de la personalidad y la vida de Pío Fernández Muriedas. El fruto es una publicación, entre el recuerdo y el homenaje, que aglutina por primera vez datos copiosos, testimonios y voces de un itinerario, a modo de inventario documental y gráfico.

Rapsoda y poeta, actor, voz, palabra y poética al tiempo, juglar comprometido con el hombre, personalidad inclasificable, Pío fue un «personaje insólito e irrepetible», como reza el pórtico del libro que verá la luz en las próximas semanas bajo el epígrafe de 'Aventuras y desventuras de un trotamundos de la poesía' (edición de Bedia). Ilustraciones, material bibliográfico y fotográfico integran este paseo de vida y de muerte que edita ahora la Consejería de Cultura.

Cuatro apartados estructuran el recorrido en el que priman los propios escritos de Pío Muriedas, en el que se intenta dejar a un lado la anécdota -«la forma de proceder que le dio popularidad y la menos interesante», asegura Madariaga- y que está presidido por toda una declaración de principios sobre el reconocimiento honesto de las dificultades que entrañaba esta labor.

Por ello confiesa el cronista, en una sincera postdata, que reconstruir la vida de Pío Fernández Muriedas «no ha sido fácil, pero ha merecido la pena salvar una parte de los recuerdos de este curioso artista que llegó a construir e inventarse su propio personaje, del que vivió llevando la poesía por todos los lugares de España».

Apartados de la crónica

'Donde Pío cuenta su vida'; 'La muerte de María Luisa' («mujer, compañera inseparable, madre de dos de sus hijos que escogió con él una forma de vida insegura y severa»); 'El homenaje de la farola' (la cita de 1982 que acabó rubricando la ligazón de cariño y admiración entre Santander, las diversas generaciones de artistas y escritores y el recitador); y 'Se acaba la función' conforman los itinerarios que vertebran el libro sobre Pío. Una obra que será presentada en un doble acto en la galería Santiago Casar, que junto al Aula de Cultura La Venencia siempre apoyó este proyecto, y en la potenciada sala cultural del Centro Gallego de Santander.

Además de la postdata, las fuentes documentales y la conclusión, el libro contempla dos atractivos anexos: el denominado 'Recital poético dedicado a Pío', que supone un recorrido significativo a través de versos de poetas diversos y de obligada referencia que dedicaron sus palabras al rapsoda: una nómina que pasa por Vicente Aleixandre, Gabriel Celaya, León Felipe, Dámaso Alonso, Blas de Otero, Gerardo Diego, Jesús Cancio y Camilo José Cela, entre otros muchos.

Y un Epistolario para el cual Madariaga ha seleccionado cartas de escritores, amigos y personalidades, más las propias misivas de Pío, cedidas por el hijo del actor y recitador, Manuel Fernández Gochi. Es el caso de las letras de Aleixandre y Buero Vallejo. En realidad, este recorrido sobre el 'trotamundos' Fernández Muriedas es un caleidoscopio, un mosaico plural donde asoman testimonios, datos, pinceladas o huellas que perfilan, redescubren y, en muchos casos, desvelan la personalidad, el juego de identidades, la pasión poética, sus tristezas y memoria, sus devociones artísticas...

Benito Madariaga se pregunta si se conoce un caso igual en la historia contemporánea, y subraya que Pío «vivió recitando poesía a diestro y siniestro hasta el final. Esa fue su grandeza y el motivo de la admiración hacia él de todos los poetas españoles a los que exaltó y recordó y gracias a ello pudo vivir». Los versos de Federico García Lorca y José Luis Hidalgo despidieron en boca de Veli Santos a Pío Muriedas en 1992.

El oficio de recitador «fue la única manera que tuvo, en su caso, de sobrevivir y la más honrada». Un juglar para quien la locura era «la mejor forma de vida para él y para los que sueñan con un mundo mejor, que no encuentran».

En los territorios del arte y la escritura las voces de elogio, simpatía y empatía se sucedieron en torno a Pío, y esos testimonios empapan e inundan este libro que viene a conformar un corpus de detalles sobre su figura. Madariaga incluye la relación de las fuentes documentales que han precedido a este viaje de 'aventuras y desventuras', desde conferencias al antecedente de la biografía 'Pío, pueblo y poema', más intervenciones públicas, cuadernos de poesía, versos... y los poemas satírico burlescos publicados en 2003 por Antonio Montesino en 'La Ortiga'.

No obstante, destaca otra raíz concreta fundamental a la hora de reconstruir este itinerario vital: Una carpeta entregada al autor en 1970 por el propio rapsoda y su mujer con recortes de prensa, cartas y escritos de Muriedas ('Recuerdos de mis pasos perdidos'); además hace referencia a las 'Memorias' escritas a mano, con textos de cartas, entrevistas, confesiones y pormenores de su vida.

Madariaga recalca que la vida itinerante y bohemia, el viaje permanente con tan solo el equipaje de los versos, hace casi imposible configurar una cronología detallada de la vida de Muriedas.Los recuerdos de Pío eran deshilvanados, «recuerdos incompletos donde menciona los diferentes caminos de su vida que no conducían a ninguna parte, por lo que tuvo siempre que andarlos sin rumbo fijo, como en la leyenda del 'Judío errante'. Así, pues, anota en ellos: 'escribo estos pasos perdidos de una forma anárquica, como siempre fue mi destino, y todo lo que vaya recordando, lo iré dejando en las cuartillas sin orden cronológico de fechas y tiempo'.

Tres etapas vitales

El cronista, en esta aproximación al singular rapsoda, entre nombres, episodios y anécdotas, distingue en su vida al menos tres etapas «muy marcadas y ricas en datos y sucesos, en las que predominan la anécdota y sus encuentros con numerosos intelectuales. De las tres nos informa de una manera discontinua». La primera es la de antes de la guerra, que le lleva a ser «actor de teatro en diversas compañías y en la que creyó encontrar su vocación, pero la Guerra Civil interrumpe su trayectoria artística, a la vez que trunca sus proyectos e ilusiones».

La segunda, la más larga, comienza en la posguerra y la constituyen los años más importantes de su vida, «pues en ella forma una familia con María Luisa Gochi y se va afianzando su modo de vida itinerante, como recitador, antes y después de fijar su residencia en Santander. Vivió en Navia de Llanes, Bilbao, Zaragoza y Santander, desde donde se trasladaba para encontrar trabajo con recitales. Son viajes por los pueblos y ciudades en busca de un lugar donde les pagaran el sustento a cambio de un recital de poesía».

La tercera etapa, que cambia su vida, se produce cuando muere su compañera María Luisa, «triste epílogo de su vida y, posiblemente, la más dolorosa de ellas al encontrarse viejo, enfermo y solo».

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