Ángeles custodios por el mundo

De Haití a Afganistán, agentes de la Policía Nacional enseñan a los cuerpos de seguridad de distintos países a proteger a sus ciudadanos y a garantizar los derechos humanos

ALFONSO ARMADA
Un policía español entabla relación con los niños afganos./ R. C./
Un policía español entabla relación con los niños afganos./ R. C.

«Somos policías europeos del siglo XXI, dedicados a servir al ciudadano y a entrenar policías en una sociedad anclada en la Edad Media». Son palabras del inspector de policía Raúl Correa Cruz, nacido en Badajoz hace 37 años, casado y con un hijo de seis meses, con experiencia en otras misiones internacionales, que llegó a Kabul, la asendereada capital afgana, en enero. Está al mando del contingente de EUPOL (fuerza policial desplegada por la Unión Europea), le acompañan otros 6 agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) entre la capital y el noroeste del país, donde se encuentra el contingente español que contribuye a la pacificación y reconstrucción de Afganistán tras la caída del régimen de los talibanes.

«La policía es fundamental para proteger los derechos de los ciudadanos. Pero tiene que ir acompañada de muchas otras cosas», admite el inspector. Correa Cruz y sus hombres se encargan no sólo de adiestrar a la nueva policía afgana, sino también (con juristas de la UE) de crear las bases de un sistema judicial hoy casi inexistente. Aparte de los problemas logísticos, de las diferencias culturales, de la lejanía, uno de los más acuciantes es la seguridad: «El toque de queda rige en Kabul desde la once de la noche, en que hay que estar recogido, y las medidas de autoprotección son muy estrictas. Cada movimiento se estudia al milímetro».

Una vez garantizada la propia seguridad, la dificultad inicial es entenderse con sus alumnos, ya que la inmensa mayoría de la población es analfabeta y cuesta mucho mantenerles durante unas horas dentro de un aula. Para ello cuenta con la ayuda de Gulap, afgano que tuvo que buscar refugio en el vecino Pakistán cuando los talibanes impusieron su ruda ley. Gulap es su traductor del inglés (el idioma de la misión internacional) al dari o persa afgano (que habla un 50% de la población). Hacen hincapié en el respeto al detenido, pero también en preservar las pruebas y garantizar el derecho de defensa.

Paso a paso

«Todo lleva mucho tiempo, pero ha habido avances. Hay que ir paso a paso. La situación de la mujer sigue siendo mala. Hay alguna mujer policía, pero no llegan ni al 1%, y las mujeres son fundamentales en el trabajo policial. Se trata de cambiar mentalidades y al mismo tiempo respetar la cultura del lugar», señala el inspector.

A pesar de las críticas tanto del gobierno afgano como de sectores sociales a causa de los bombardeos de las fuerzas de la coalición internacional, que han provocado numerosas víctimas civiles, el inspector Correa Cruz asegura que la relación con la población, al menos en la capital y en la zona en la que operan, es buena: «Nosotros somos bien recibidos. La población es muy hospitalaria y no dejan de mostrarnos agradecimiento por lo que hacemos. Es cierto que quienes tienen intereses contrarios a la presencia internacional, como terroristas y traficantes de drogas, quieren que nos vayamos. Pero son una minoría. Estamos convencidos de que lo que hacemos es bueno para los afganos, para la región y para todo el mundo. Creemos que merece la pena».

Auspiciados por tres organizaciones internacionales, las Naciones Unidas (ONU), la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE) y la Unión Europea (UE), el Cuerpo Nacional de Policía pone a su disposición funcionarios especialmente cualificados. En calidad de personal cedido temporalmente para que se desplacen a escenarios de conflicto, tras un riguroso proceso de selección, «nunca faltan voluntarios», señala el comisario José Luis González Mas, jefe de la Unidad de Coordinación Internacional, que asegura que de estas operaciones «se aprende siempre, tanto desde el punto de vista policial como humano. Es un enriquecimiento mutuo».

Las tareas son múltiples: formación y adiestramiento de fuerzas policiales, escolta y protección de testigos, reorganización y construcción de comisarías... Este último es el caso de Haití, «donde contamos con la ayuda de la Agencia Española de Cooperación Internacional, del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuyo respaldo es vital para la construcción de edificios, porque las carencias del país son muchísimas», dice González Mas.

Una parte nada desdeñable de las misiones en el exterior de estos ángeles custodios es mejorar la imagen de los policías locales, comenta el comisario: «Cambiar la percepción de los policías. Para que los agentes locales y la gente comprendan que la labor de la policía es proteger a la población. En países que han pasado por regímenes autoritarios o donde la corrupción es ley, la tarea es ingente, y la formación de policías no se puede separar de la reconstrucción económica, política y social».

Mientras se prepara el despliegue de policías españoles en los territorios palestinos, el CNP participa actualmente en ocho misiones internacionales: cuatro agentes intervienen en la misión de la UE en Kosovo (EULEX), quince en Haití (MINUSTAH), tres en Bosnia (EUPM), uno en Macedonia (OSCE). cinco en Timor (UNMIT), uno en Sierra Leona (UNIPSIL), siete en Afganistán (EUPOL) y tres en Guatemala (CICIG).