Pintor de acero

Santander contará desde este mes con una escultura dedicada a la huella creativa y humana de Enrique Gran La obra de Gema Soldevilla, que se ubicará en El Sardinero, refleja el vínculo singular obsesivo del artista con su pintura

GUILLERMO BALBONA| SANTANDER
La escultura se ha fundido en un taller de Madrid. / XFOTOPRENSA/
La escultura se ha fundido en un taller de Madrid. / XFOTOPRENSA

Probablemente pocos artistas viven tan fundidos, entrelazados e identificados con el hecho pictórico como se revelaba en Enrique Gran. Esa inmersión obsesiva en la creación, ese modo de estar en el mundo es el pulso y el latido de texturas y formas que la escultora Gema Soldevilla ha querido trasladar a su lenguaje para plasmar la huella del pintor fallecido hace una década. En el 'Año Gran', entre exposiciones, conferencias, testimonios y conciertos, la huella creativa y humana del artista quedará fijada en la iconografía, el paisaje y la memoria de su ciudad natal con la pieza de acero cortén que Soldevilla ha concebido como homenaje al pintor y su extensa y, en ocasiones, olvidada obra.

Tras una exitosa muestra antológica en Cádiz, visitada por más de cuarenta mil personas, y a la espera de próximas convocatorias como el ciclo de conferencias que celebrará el Ateneo de Santander, o las diversas manifestaciones de evocación previstas por el Festival Internacional -presidido en esta edición por el cartel que realizara en su día el propio Gran-, el programa dedicado al pintor vivirá ahora este hito especial.

La Consejería de Cultura y el Ayuntamiento de Santander, que abordan conjuntamente la organización de los actos de reivindicación del pintor, inaugurarán antes de finalizar el presente mes el monumento dedicado a Gran, cuya ubicación está prevista, como ya se adelantó, en El Sardinero, tras dejar atrás la curva de La Magdalena, frente a la casa de los Pereda.

Ajena a la espectacularidad de esas piezas de impacto que nunca perduran; reflexiva y perseguidora de las verdaderas esencias de un estilo y de su concepción de la geometría, de una particular fusión entre lo figurativo y la abstracción a través de un juego de planos, la creación de Soldevilla destinada a espacios públicos sumará ahora esta nueva obra homenaje.

Un proyecto que se remonta prácticamente un año en el tiempo y que ha sido fruto de una honda, intensa y sentida realización por parte de Soldevilla, consciente de que «era un reto comprometido y una responsabilidad tremenda trasladar a otro lenguaje los mundos, las luces y sombras de Enrique, esa convivencia tan íntima, asfixiante y obsesiva que tenía con la pintura».

La escultora confiesa que su conocimiento personal y creativo de Gran, entre recuerdos de algunas noches de Porticada a las que ambos eran asiduos en los años del FIS y, por supuesto, el propio peso y significado del especial trazo caótico, profundo y apasionado del pintor, supuso un desafío emocionante y de difícil plasmación. Se preguntó muchas veces y durante muchos días qué hacer para reflejar ese disturbio creativo de Enrique Gran y su forma volcánica de vivir la pintura.

Fiel a su estilo, tras un concienzudo trabajo previo de bocetos y de analizar las posibilidades expresivas del material y la sugerencia de formas, Gema Soldevilla (Santander, 1950) optó por entrelazar una serie de piezas dispersas que configuran un hábitat de aparente caos, una traslación de los trazos del pintor a planos y volúmenes que dejan a su vez un juego de dimensiones y huecos, «a modo de bastidores vacíos», en un intento de asumir ese vínculo tan especial de Gran con su pintura. «Enrique era un pintor que estaba siempre muy metido en su pintura, dueño de un universo particular, asfixiante. De ello han hablado muchos amigos como Antonio López y Francisco Nieva».

El resultado de las indagaciones, reflexiones, interpretaciones y recuerdos de la escultora es la nueva pieza, coherente con recientes creaciones de Soldevilla, en especial su homenaje a José Hierro, que forma parte ya del paisaje sentimental y cotidiano del muelle frente a la bahía.

Gran en estado puro a través de una metáfora abstracta de tres metros de altura por dos de ancho,, aproximadamente en la que destaca, separado o distanciado del volumen principal, un chapón o plancha de un sólo plano dominado por la silueta recortada del pintor en plena creación.

Un juego de volúmenes e imágenes que juega con perspectivas, luces y sombras que permite a la escultora reflejar al pintor frente a su obra, al tiempo que restituye el universo material de sus trazos. Soldevilla considera que como su apellido, el pintor era «grande en todos los temas que abordaba su pintura y cercano y cálido en lo personal. Me hubiera gustado conocerle más».

La escultora santanderina se ha visto a veces durante este último año algo abrumada por lo que suponía reflejar, dejar impreso en el material escultórico el perfil, la idiosincrasia y el talento del pintor, a la vez que lograba el hallazgo y la identificación el espacio público elegido para situar el monumento, la obra. Autora de homenajes a los bolos y los pescadores, entre el arte, la música y la escena, Gema Soldevilla cuenta con una fecunda trayectoria como artista que discurre entre exposiciones, desde los setenta, encargos, intervenciones y creaciones ad hoc.

La raíz del pintor

En cualquier caso, como sucede ahora con la memoria de Gran, la artista ha buscado el trabajo desde el respeto, la creatividad fundamentada en la raíz del propio pintor y el juego con el entorno y sus posibilidades. Soldevilla califica de «aterradora esa profusión de pseudoesculturas y vulgaridades, de despropósitos y disparates que han inundado muchos lugares y enclaves privilegiados de Santander, amén de rotondas y plazas con elementos sin ningún criterio. Creo que lo lógico, ya que la opinión es generalizada, sería quitar determinadas piezas de la ciudad que todo el mundo rechaza y dejar que la gente que entiende y le gusta el arte tenga posibilidades».

Con la escultura homenaje que será ubicada en breve en El Sardinero, muy cerca de la curva de La Magdalena, presidida por la imagen de Pick, definitivamente el pintor Enrique Gran (Santander, 1928-Madrid,1999) regresa su ciudad. Begoña Merino Gran, sobrina del pintor y comisaria del programa de actos que evocan la memoria de su tío,. ha recobrado y acercado de nuevo los mundos abstractos de Gran - esos «mundos paralelos que no vemos, pero que se podrían ver», en palabras de Francisco Nieva.

Por ejemplo, la recuperación de esa faceta de Gran interesado por el mundo del cómic, lo que contribuyó a que la suya sea una de las aportaciones al arte español más peculiares del siglo XX.

Tras la muestra en el castillo de Santa Catalina donde se exhibieron cerca de cien obras, de sus Paisajes fantásticos a los Animales fantásticos, pasando por el recuerdo del diálogo de Enrique Gran y Antonio López en 'El sol del membrillo', de Víctor Erice, ahora esperan la muestra de Cultura en el Palacio de Sobrellano de Comillas; en El Ateneo con una mesa redonda sobre Gran a la que está previsto que asistan el secretario de la Real Academia Española (RAE), José Manuel Blecua, además del pintor Antonio López; y el estreno de la composición de Agustín González Acilu, un cuarteto dedicado a la memoria del pintor que sonará en el programa del FIS en agosto.

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