El Observatorio del Arte acoge el regreso expositivo del escultor Ramón Muriedas

El espacio de Arnuero, que reivindica al veterano artista cántabro, exhibirá desde el próximo sábado una muestra que recorre significativas piezas

GUILLERMO BALBONA| SANTANDER
Ramón Muriedas./ CELEDONIO/
Ramón Muriedas./ CELEDONIO

«Si tienes tiempo, el arte no sabes en qué dirección te va a llevar: a mí me tira muchas veces la abstracción, pero siempre acabo recurriendo al realismo», dijo en una ocasión Ramón Muriedas. El artista cántabro, artífice de una dilatada e intensa trayectoria creativa habitada por «seres aparentemente desvalidos, criaturas amables perdidas en sus añoranzas», vuelve con todo su humanismo y su fuerza poética en la que, sin duda, se augura como una de las exposiciones más importantes del verano 2009.

Entre la reivindicación, el rescate y el regreso, el universo escultórico de Muriedas, familiar, reconocido, reconocible, se asoma de nuevo al panorama expositivo de Cantabria tras un largo paréntesis, gracias al Observatorio del Arte de Arnuero. La temporada del consolidado espacio artístico del Ecoparque de Trasmiera, tras presentar los nuevo caminos de la creadora Sara Huete, abre el mes de julio con las figuras humanas y de animales, rostros y grupos familiares, esos personajes en un reposo inquietante y en una actitud contemplativa, existencial, melancólica.

Como ya se avanzó, 'Dalí y la magia de la ilustración' será el título de la muestra dedicada al artista catalán que se podrá visitar del 8 de agosto al 9 de septiembre. Y Zaira Rasillo completará con sus obras el calendario de esta temporada.

Diego Bedia, buen conocedor de la trayectoria de Muriedas alude a la identidad creativa del escultor en un texto destinado al número nueve de la publicación de 'minis' del Observatorio: «No hay que engañarse, la obra de Ramón Muriedas corre el riesgo de ser unánimemente aceptada (como así lo ha sido) dada su aparente facilidad, su buena presencia, su limitación numérica y cuidada edición. Son objetos con serpiente escondida pese a quien pese, y no tan cándidos. Parece que haya una intención clara en su nacimiento...».

El veterano artista de Villacarriedo (1938) inaugura el próximo sábado su exposición que se prolongará hasta el 5 de agosto. Organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Arnuero, en la apertura de la muestra está prevista la actuación escénica complementaria de La Machina Teatro, la compañía cántabra que dirige Francisco Valcarce, que representará 'Robinson y Crusoe'.

El estilo de Ramón Muriedas es inconfundible, desde la superficie de sus barros que poseen un aspecto inacabado, mordido, luego traducido en sus bronces, al cuidado de los detalles. Una obra, asegura su Amigo Bedia, que «intenta presentar a tiernos y hermosos sujetos, situaciones amables, nada comprometidas; pero tras esa inocencia infantil, en sus esculturas se esconde un trasfondo de locos pensamientos no muy bien aprendidos ni conocidos por los sujetos representados».

Para la cita de Arnuero, el Museo de Bellas Artes de Santander ha cedido una obra, un broce configurado por cinco bustos, una familia, mientras que el hermano del artista, Gerardo Muriedas, también ha prestado un retrato de su madre.

Itinerario

Muriedas protagonizó en 2001, en el espacio del desaparecido galerista Fernando Silió, su última comparecencia en Cantabra donde presentó sus barros, bronces y pequeños dibujos. Posteriormente, en 2004,dieciséis de sus dibujos y esculturas se mostraron en la galería de arte Alfonso XIII de Madrid.

La trayectoria artística de Muriedas, quien se presentó ante el publico a finales de los cincuenta, destaca por ser uno de los primeros creadores cántabros con proyección internacional, como revelan sus comparecencias y participaciones en el Pabellón de España, en la Feria Internacional de Nueva York en los sesenta; la exposición de escultores Europeos del Museo de Arte contemporáneo, de Madrid, en el 70; las Bienales de Alejandría y Budapest; la 'FIAC 77' en París; su presencia en colectivas de Belgrado y Lubiana; la Academia Española de Bellas Artes de Roma, o su exposición individual en Houston, ya en los ochenta.

Autor del monumento homenaje al poeta Gerardo Diego, y del diseño de la medalla que concede cada año la Asociación Plaza Porticada, el escultor imprime un sello reflexivo y autobiográfico a sus piezas.

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