'Bodas de plata' del ascenso del Sardinero

El club santanderino recuerda su llegada a la División de Honor

J. A.| SANTANDER
Un cuarto de siglo separa estas fotografías. A la izquierda, los jugadores del Sardinero celebran la gesta; a la derecha, la reunión de veteranos que recordó el ascenso./
Un cuarto de siglo separa estas fotografías. A la izquierda, los jugadores del Sardinero celebran la gesta; a la derecha, la reunión de veteranos que recordó el ascenso.

El Caja Cantabria Sardinero recuerda estos días la histórica gesta que supuso el ascenso de su equipo masculino a División de Honor, la máxima categoría, en 1984. Hay que ponerse en situación: el club se había creado sólo dos años antes, con más entusiasmo que dinero, por un grupo de amigos (Manolo Rodríguez, Luis Pascual, Ángel Laso, Rafael Vila y Pablo Galán), y en ese corto espacio de tiempo lograban codearse con los mejores.

No ha habido grandes celebraciones: una serie de partidos en todas las categorías del club y un encuentro en el que ha participado los protagonistas de la hazaña.

Pablo Galán, actual responsable del Sardinero, recuerda esos primeros pasos. «Mi oficina era prácticamente la sede social del club. El secreto está en trabajar con mucha ilusión y administrar los pocos recursos de la mejor manera. Poca gente de tan poco ha sacado tanto».

No hay quien se lo discuta después de echar un vistazo al palmarés de sus equipos, que se abrieron a la categoría femenina en la temporada 1987/88, y que han surtido de olímpicos a las selecciones nacionales.

Falta dinero

El problema es que la ilusión cada vez cotiza menos en un mundo del deporte cada vez más profesionalizado y en el que el dinero va ganando peso. Al Sardinero le cuesta sobrevivir con el presupuesto más pequeño, elaborado a base de las aportaciones del Ayuntamiento de Santander, el Gobierno regional, Caja Cantabria y de los propios jugadores, que se hacen cargo del coste de la ficha, el stick y el equipaje. «Aguantaremos hasta que podamos, porque la ilusión no la hemos perdido».

«Lo que nos sucede ahora es que no encontramos recambio. La gente joven no se compromete, y eso puede ser un reflejo de la sociedad. Antes la gente viajaba a Alicante en furgoneta para jugar un partido; ahora parece que todo da más pereza. Por supuesto que siempre hay excepciones a la regla, pero ésa es la tendencia».

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