«Soy mayor si me comparo con los alumnos, pero joven para la música»

El prestigioso pianista chino niega su condición de maestro, y aboga por compartir y descubrir la música

MARTA SAN MIGUEL| SANTANDER
Fou Ts'Ong participa en la novena edición de los Encuentros de Música y Academia de la Fundación Albéniz. /ROBERTO RUIZ/
Fou Ts'Ong participa en la novena edición de los Encuentros de Música y Academia de la Fundación Albéniz. /ROBERTO RUIZ

Es de apariencia humilde, y se mueve con la delicadeza que un hombre que le dado su vida a las teclas de un piano. Delgado hasta el suspiro, con la sonrisa enmarcada en los rasgos orientales, Fou Ts'Ong (Shanghai, 1934) se sienta al lado de sus alumnos para mimetizarse con ellos a través de la interpretación de la música. Lo hace armado con guantes y muñequeras, y con el perfeccionismo de quien lleva años recorriendo los principales escenarios del mundo.

- Si pone su nombre en Google hay casi dos millones de entradas, la revista Time se refiere a usted como el más relevante músico chino, ¿se considera un músico famoso?

- ¿En serio? No sabía que tuviera tanta presencia en Internet. Para mí más que lo que dijera la revista Time o lo que pueda aparecer en mi currículum en Internet, para mí fue mucho más importante lo que escribió sobre mí Hermann Hesse en un artículo sobre la cultura y filosofía china. Hesse, además de un gran escritor, fue un gran músico y sobre todo un gran ser espiritual, y que me incluyera a mí fue un gran orgullo.

- Tras varias décadas viviendo en Londres, ¿qué queda de China en el maestro Fou Ts 'ong?

- Londres no supone ninguna diferencia, sigo siendo cien por cien chino. Para mí China, sus costumbres y su gente es importante. Pero lo verdaderamente relevante, lo que llevo dentro de mí es la cultura tradicional china, mucho más que el sentimiento de pertenencia a un pueblo. Es la tradición que llevo dentro lo que verdaderamente siento.

- ¿Cómo es la convivencia con los alumnos, les impone su presencia en las clases?

- Eso deberías preguntárselo a ellos. No tiene sentido denominarlo clases magistrales porque no soy ningún maestro. Tengo 75 años, más experiencia y más conocimiento que mis alumnos. Soy mayor si me comparo con ellos, pero si me comparo con la música siempre seré un estudiante muy joven. Lo mejor de estas clases es buscar lo que tiene sentido y describirlo. La verdadera esencia es compartirlo con alguien y tocarlo juntos. Eso es descubrir la música, así que en mis clases aprendo tanto como mis alumnos. No estoy aquí para descubrirles nada, para mí es como si fuera la primera vez.

- ¿Qué le resulta más difícil, transmitir pasión a los estudiantes o poner en pie a un auditorio emocionado?

- Nunca pienso en estos términos, sino en comunicarme. Tanto la música que toco con mis alumnos como la que interpreto en un concierto, lo que siempre busco es transmitir, sentir y entenderla.

- Tras su experiencia como jurado en el Concurso Internacional de Piano, ¿qué nivel recuerda en Santander?

- En la actualidad hay demasiados concursos de piano en todo el mundo, pero estuvo bien.

- ¿Cómo es su relación con los Encuentros de la Fundación Albéniz?

- Me encanta venir a Santander, la gente es encantadora, sobre todo Paloma O'Shea, es idealista, delicada, sensible y muy considerada con los músicos. Aunque no vivo aquí, en mi opinión creo que va a contribuir mucho a la difusión de la música en España. No estoy muy al tanto de estos temas pero en Londres se conoce la actividad de la Fundación Albéniz.

- ¿A qué suena Santander? ¿Qué sonido tiene esta ciudad?

- La primera vez que vine fue en 1959, hace ya 50 años. No puedo describirlo, recuerdo que la primera vez que di aquí un concierto fue en unas condiciones muy primitivas, debajo de una carpa en la plaza Porticada y hacía muchísimo calor. En la actualidad la acústica podría ser mejor, tanto en el conservatorio como la del Palacio de Festivales.

- Después de toda una vida tocando el piano, ¿hay algo que aún le sorprende?

- Para mí cada vez es más difícil tocar el piano. Si bien la cabeza y el corazón sí que van a mejor, la habilidad con las manos se va perdiendo. Cuando más sientes y más sabes, más quieres producir, la demanda que uno mismo se hace es mayor pero la capacidad física se va deteriorando. Ahora tengo que trabajar el doble de duro.

- ¿Cómo se cuida las manos?

- Tengo tendinitis. Recurro a una medicina china para tratarlo, pero a veces tengo tantos dolores que ni siquiera puedo tocar.

- Cómo artista, ¿qué le queda aún por hacer?

- Demasiadas cosas, supongo que seguir adelante. Es un desafío humilde poder seguir sintiendo la música.

- ¿Cómo consigue sentir la música si cada vez hay más ruido en el mundo?

- Hay demasiado ruido en el mundo, sí. Incluso en el hotel, por la mañana, cuando estoy desayunando, esa música que no sé lo que es mucho ruido para mí. Preferiría el silencio.

- ¿Siente que el piano deja de ser un objeto y se transforma debajo de sus manos?

- Depende de muchas cosas, son necesarios muchísimos elementos para que de verdad se convierta en algo especial. No puedo producir en cualquier lugar, y tengo que escuchar la respuesta del piano. Hay días que suena mejor, días peor... Así es la vida

- En sus clases es muy expresivo

- Intento inspirar a los alumnos, crear un atmósfera no es algo que se pueda hacer con palabras. No sólo intento que lo hagan bien sino transmitirles esa sensación que se crea al interpretar una pieza.

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