«El emperador Augusto y Corocotta sellaron un pacto diplomático»

El investigador desmonta en una obra que se presenta hoy una anécdota divulgada durante siglos

VIOLETA SANTIAGOSANTANDER
El autor, con su obra desmitificadora. /DANIEL PEDRIZA/
El autor, con su obra desmitificadora. /DANIEL PEDRIZA

Desde 1982 persigue por textos clásicos el historiador Ángel Ocejo Herrera al 'señor de la guerra' Corocotta y al emperador romano Augusto. Años de investigación que ahora se resumen en una obra de título simple ('Augusto y Corocotta') y contenido complejo, en la que se analiza la relación entre ambos personajes, que pasó a la posteridad convertida en anécdota, cuando no lo fue. Al investigador le ha interesado despojar de leyenda a la entrevista entre ambos, para ubicarla en su «verdadera dimensión histórica, porque Augusto y Corocotta sellaron un pacto diplomático».

El libro, editado por el autor, será presentado hoy, jueves, en 'El Corte Inglés', a las 19,30 horas, por el historiador Joaquín González Echegaray, también autor del prólogo. En éste se cuenta que, al hablar de la relación entre el romano y el cántabro, siempre se dio más importancia al lado colorido, que ponía el acento en lo magnánimo que fue el emperador al pagar al guerrero la recompensa que había ofrecido por su captura cuando éste último se entregó a sí mismo.

«Pero la actuación de Augusto y Corocotta no tiene nada que ver con un acto de 'clemencia' por parte del emperador hacia el enemigo vencido», explica el investigador nacido en Solares tras estudiar de unas fuentes y otras la narración de los hechos.

Ocejo Herrera sostiene que la coincidencia entre ambos es una cita diplomática «al más alto nivel por cada parte: un líder romano y un jefe militar indígena, uno de los más preponderantes en el belicoso territorio norteño». Y, además, fue el último pacto documentado de aquella etapa, «lo que aumenta su valor».

Caudillo de peso

El historiador ha dividido en dos partes su recorrido por la época que analiza. En la primera deja claro que no puede haber dudas de que Corocotta fue un caudillo de peso, «no un robaperas cualquiera», ya que en este segundo supuesto nunca hubiera tenido acceso al emperador romano que concluyó la conquista de Hispania. También sentencia que «probablemente, era cántabro, porque esta fue la única tierra donde Augusto luchó contra los bandidos».

Bandido, o bandolero, es la traducción del vocablo griego 'lestés', que tiene una connotación despectiva que se reservaba para todos aquellos que fueron hostiles a Roma. «Pero, sin excepción, también es sinónimo de jefe militar notable», recalca Ocejo, que ha seguido a través de siglos y autores todas las referencias habidas sobre el caudillo cántabro, desde Dión Cassio, «fuente de primer orden para todo lo que tenga que ver con las guerras cántabras» ,hasta el alemán Adolf Schulten, el primero en cruzar datos y empezar a aclarar conceptos.

«En realidad, el caso que se dio entre el romano y el caudillo indígena tiene numerosos precedentes», sigue desmitificando. Porque era una estrategia habitual de los emperadores tratar de ganarse a los jefes de las zonas que querían conquistar y así se puede leer en las crónicas. «He visto numerosos precedentes».

Entre los más llamativos alude a algunos actos de 'generosidad' con sus enemigos llevados a cabo por Alejandro Magno, «de quien Augusto era un rendido admirador» y a quien, quizá, trató de emular en su peripecia con Corocotta.

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