Aminetu en Santander

ALEJANDRO SÁNCHEZ CALVOCATEDRÁTICO DE INSTITUTO

Hay momentos en que las calles sirven para reconciliarnos con lo mejor de nosotros. Ocurre cuando la gente se manifiesta en ellas contra los abusos del poder. Que es lo que pudimos hace días en la plaza de Correos convertida por un tiempo en escenario donde los ciudadanos expresaron su solidaridad con Aminetu Haidar, al tiempo que rechazaban el comportamiento de Marruecos y la actitud del gobierno español. Convocada por 'Cantabria por el Sahara', la gente exigió que se permitiera el regreso de Aminetu -retenida en Lanzarote- a El Aaiún, de donde ha sido expulsada por el gobierno de Marruecos por su apoyo al Frente Polisario. Por cierto, una más de las actuaciones de un país que se ha ensañado vilmente con ella, hasta el punto de convertir su vida en una historia de cárceles, torturas y persecuciones. ¿No me digan que no hay motivos para estar con personas así, valientes y acorraladas? Como sin duda los hay para expresar el rechazo al gobierno español, que se sitúa junto a la represión marroquí mientras abandona al Sahara y a cuantos están comprometidos con los derechos humanos: con la causa saharaui. Pena de gobernantes españoles. ¿Qué tiene que hacer Marruecos para que reciba su reprobación? Cuanto más tarden en hacerlo, más marcados van a quedar. Por de pronto, ya han tenido que escuchar la queja dolorida de esta mujer, asombrada de que ayuden a Marruecos 'reteniéndome en su territorio en contra de mi voluntad' (sic). Menos mal que, más allá del poder desmedido e injusto, están los ciudadanos. Lo que importa. Y mientras estén dispuestos a salir a la calle -como lo hacen estos días en multitud de lugares de España- en defensa de las personas y de las causas dignas, no le resultará gratis continuar con sus atropellos. De hacerlo, es que definitivamente está en manos de personas degradadas.