La crisis que avinagra una compleja luna de miel

De la 'Marcha Verde' a Perejil, los choques diplomáticos entre los vecinos del Estrecho han sido constantes

ANTONIO MONTILLAMADRID.

Las cabras pastan hoy despreocupadas por el islote Perejil. Un litigio sobre la soberanía de este terruño, testigo mudo durante décadas de las escaramuzas de los contrabandistas, estuvo a punto de provocar en julio de 2002 una guerra entre Marruecos y España. La visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía a Ceuta y Melilla en noviembre de 2007, la primera en 32 años de reinado, provocó la algarabía en las dos ciudades norteafricanas, pero protestas y manifestaciones del lado marroquí de ambas fronteras. Rabat, además, llamó a consultas a su embajador en Madrid.

Estos dos ejemplos, de una nómina mucho más amplia, ponen de manifiesto que las crisis diplomáticas entre los países vecinos han sido una constante desde que Marruecos se independizó de España (y también de Francia) en 1957. El conflicto que más repercusiones tuvo fue, sin duda, la denominada 'Marcha Verde', en 1975. El ya fallecido rey Hassan II aprovechó la agonía del general Franco para promover un desplazamiento masivo de marroquíes (350.000 civiles y 25.000 soldados) hasta el Sahara Occidental, la última colonia española en el sur del bisoño país magrebí, que provocó la retirada del Ejército español.

Aquel 6 de noviembre de 1975, cuando la 'Marcha Verde' acampó frente a las puertas de El Aaiún, Aminetu Haidar jugaba por las calles de esta ciudad, aún española. Tenía ocho años. El pasado 13 de noviembre, Haidar intentaba volver a su casa del El Aaiún desde Estados Unidos, donde una fundación ligada al presidente Barack Obama le había entregado un premio en reconocimiento a sus años de lucha. Las autoridades marroquíes le denegaron la entrada en el país por no haber rellenado correctamente la casilla de nacionalidad en el formulario de entrada y, al día siguiente, fue deportada a España, sin pasaporte ni teléfono. Desde hace 22 días, vive en un limbo jurídico y en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote. Ese día comenzó a escribirse la historia de un episodio que ha avinagrado la aparente 'luna de miel' que atravesaban España y Marruecos, después de unos años convulsos, que coincidieron con la presidencia de José María Aznar. Los acuerdos pesquero y, principalmente, el asunto Perejil, tensaron la cuerda entre ambos estados hasta, casi, un punto de no retorno.

La huelga de hambre que protagoniza Haidar ha logrado sensibilizar a la opinión pública española y, de paso, desempolvar el conflicto del Sahara Occidental, enquistado y olvidado fuera de Marruecos.

El gesto de esta saharaui, divorciada y madre de dos hijos, ha puesto el foco en un problema que incomoda al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo después de que otras formaciones de izquierda españolas le reprocharan el giro, hacia posicionamientos marroquíes, en la disputa por el Sahara.

El dulce trato que se dispensaban Madrid y Rabat, hasta el estallido del 'caso Haidar', redundó en importantes avances en materia de inmigración, con un notorio descenso de pateras en los últimos años, y en pingües inversiones de empresas españolas, sobre todo en el norte del país. La inesperada y precipitada marcha atrás de Marruecos el pasado viernes (el gobierno marroquí, además, niega que concediera ese permiso en algún momento), que dejó en ridículo a la diplomacia española y frustró el despegue del avión privado que devolvía a Haidar a El Aaiún, y el retorno del gobierno del país vecino a las posiciones más intransigentes, que bloquean la solución a la crisis, puede tener serias consecuencias bilaterales, incluso, después de que acabe la 'pesadilla' de Haidar.

Prueba de ello es la advertencia que lanzó el jefe de la diplomacia marroquí ayer en Bruselas y que, en síntesis, conmina a España a elegir un aliado en su política fronteriza: Marruecos o el Polisario.