La historia de una voluntad

Primera sede del banco, en los bajos del Palacio Demetrio Herrero, luego pasaría a José María de Pereda, esquina Menéndez Pelayo. ::                             R: L. P./
Primera sede del banco, en los bajos del Palacio Demetrio Herrero, luego pasaría a José María de Pereda, esquina Menéndez Pelayo. :: R: L. P.

De cómo los torrelaveguenses crearon un banco para evitar los intereses abusivos. Se sabía que había existido, poco más. 90 años después, un libro desvela cómo se creó el Banco de Torrelavega

N. BOLADO NBOLADO@ELDIARIOMONTANES.ESTORRELAVEGA.

En 1920, Torrelavega era ya una ciudad comercialmente boyante. Comienza a cuajar la burguesía del trabajo, la de los comerciantes, que como antes, hoy, y siempre, tenían que recurrir al banco para poder financiar sus negocios. Entonces, en gran medida, era el Banco Mercantil quien se ocupaba de las líneas de descuento, de dar créditos, de hacer operaciones con valores, de negociar efectos y de hacer los giros. Las comisiones que cobraba por ello les resultaban a los comerciantes tremendamente onerosas, incluso, abusivas, así que comenzaron a reunirse en la Cámara de Comercio de Torrelavega, los más importantes del momento, con la intención de frenar aquella sangría de intereses. Después de barajar todas las posibilidades, finalmente, decidieron crear su propio banco, uno específico para Torrelavega, que pudiera financiarles con comisiones moderadas.

Un comerciantes de la época, Santiago Sañudo Solórzano, de los industriales más importantes que dio la primera mitad del siglo XX, tenía amistad, y frecuentaba su casa, con Emilio Botín López, por lo que fue el encargado de hacer de avanzadilla y tomar contacto con el banquero, que aún distaba entonces mucho de la dimensión que después tendría su Banco Santander. Sañudo concertó una reunión en casa del banquero, en su finca de Puente San Miguel, a la que acudieron, además del propio Sañudo, el médico ginecólogo, Ramón Miguel y Crisol, y el boticario de la plaza Mayor, Hermenegildo Fernández Sáinz. Botín les dio la idea de crear una filial en Torrelavega de su Banco Santander pero diseñada por y para Torrelavega.

Después de dar varias vueltas al asunto, finalmente, acordaron crear un banco nuevo, el Banco de Torrelavega, cuyo capital, de dos millones de pesetas, estaría formado, al 50% por el Banco Santander, y el otro 50% por accionistas de Torrelavega. El acta de constitución se hizo el día 12 de mayo de 1920 ante el notario de la ciudad, José María del Hoyo y Gutiérrez del Olmo. Comenzaba una nueva etapa para el comercio local, y Torrelavega entraba en la selecta lista de ciudades con banco propio.

El primer consejo de administración, en 1920, que tuvo el banco estaba formado por los comerciantes accionistas y por representantes del banco Santander, copropietarios del mismo. El primer presidente fue el indiano José Arce López, el vicepresidente, el médico Ramón Miguel y Crisol, y los consejero delegados, Santiago Sañudo Solórzano y José Luis Gómez García (Banco Santander), actuando como consejeros-accionistas, Jacobo Díaz Iglesias, Pedro Gómez Sánchez, Fidel Ramón Palacio, José Calderón y Saturnino Briz (ambos del Banco Santander), José Molleda Ugarte, Herminio Azcárate Campo y Hermenegildo Fernández Sáiz.

Diez años después, en 1930, se modifican los estatutos del banco, que llegó a tener sucursales en Cabezón de la Sal y en Molledo-Portolín, introduciendo la figura del consejero-director, para ejecutar la gestión del Banco de Torrelavega. En el año 1934 se nombra para este cargo a una persona que, con el tiempo, sería definitiva y clave para la economía de Cantabria: Emilio Botín Sanz de Sautuola, hijo de Rafael Botín, propietario del Banco de Santander, y padre del actual presidente de esta entidad bancaria. En el acta de su nombramiento se especifica que «de su juventud, entusiasmo y preparación, espera mucho este Consejo», que entonces ya presidía el indiano lebaniego, Saturnino Briz. Quien fuera responsable ejecutivo del Banco de Torrelavega sería, después, el encargado de llevar el Banco Santander a ser referente regional, nacional e internacional.

Para entonces ya se proyectaba erigir una sede del Banco de Torrelavega (el mismo edificio que ocupa actualmente el Banco de Santander, en la calle José María de Pereda, esquina de la avenida Menéndez Pelayo). Comenzaron las obras, planta baja y cinco pisos, en 1935, según un proyecto del arquitecto Javier González de Riancho y construyéndose, la primera fase, por la empresa de Torrelavega Hijos de Segundo Fernández, y la segunda fase, por el santanderino Francisco Sopelana, ya que la guerra civil (las tropas de Franco entraron en Torrelavega el 24 de agosto de 1937), paralizó la obra, que fue finalizada en 1938, y bendecida por el obispo José Equino y Trecu.

Pronto fueron los torrelaveguenses quienes decidieron dejar sus ahorros en esta entidad, que tuvo su primera sede en los bajos del Palacio Demetrio Herrero, junto al Ayuntamiento de Torrelavega, en pleno centro de la ciudad. Disponía de sus pertinentes cajas fuertes, que aún se conservan, y que fueron encargadas a la Casa Matths-Gruber 'Proveedor de la Real Casa. Fábrica de Arcas de Bilbao'. Muchos de estos elementos, junto a fotografías de la época, se incluyen en el libro de Tomás Bustamante. Entre las imágenes destaca la aportación de la que, quizás, sea la más antigua imagen que se tenga de Torrelavega. Data de 1860 y es un dibujo del mercado de los jueves de Torrelavega, publicado en revista alemana 'Illustrirte Zeitung', y en el que se pueden ver las vestimentas y casonas que había hace dos siglos en la que hoy es la plaza Mayor.

En el año 1942 es cuando el Banco Santander comienza su extensión, mediante la absorción, entre otras decisiones, de otros bancos. Se plantea, como primera medida, absorber el Banco de Torrelavega, cambiando una acción por otra del Santander, en lo que se llamaría actualmente una OPA (Oferta Pública de Adquisición) amistosa. Se reúne el Consejo para votar esta decisión, en la que la entidad absorbente reunía ya 7.827 acciones, y los accionistas de Torrelavega, 155. La decisión ya estaba tomada, pero los accionistas, con el canje, ganaron dinero. Una acción del Banco de Torrelavega, en el año 1921, valía 116 pesetas y en el año 1942, 300 pesetas; una acción del Banco de Santander, valía en 1921, 392 pesetas, y en 1942, 270 pesetas. Aunque parecía que la venta no había sido a la par, quien mantuvo las acciones del Banco de Santander, ganó, con los años, mucho dinero.

Aquella aventura empresarial, que duró 22 años, fue un hito en la historia local de Torrelavega. Sus fundadores no eran ricos 'de cuna', sino hombres trabajadores que, bien en las Indias, partiendo de la nada, o bien comenzando como humildes tenderos, llegaron a ser personas adineradas, y sobre todo, con una vocación por Torrelavega, hasta el punto de crear su propia Cámara de Comercio e Industria (Cantabria es una de las pocas provincias con dos cámaras) y su propio banco.

Entre ellos destaca la figura de Santiago Sañudo Solórzano, un personaje, quizás, no del todo reconocido, pero que gracias a él, y a sus contactos, pudieron prosperar iniciativas como el Banco de Torrelavega. Aunque había nacido en Villegar de Toranzo, en 1879, ha sido uno de los más conspicuos torrelaveguenses. Su padre ya tenía fábrica de calzado, pero falleció muy joven, y él, con 35 años, se puso al frente del negocio llegando a tener la empresa más importante de calzado de Torrelavega, con marca propia 'Sin-Fin', con la que se hizo rico. Fue impulsor, por ejemplo, de la construcción del edificio de Correos y Telégrafos en La Llama (frente a su gran fábrica), fue socio en la construcción del emblemático cine Avenida, en Las Salinas, de Cabezón de la Sal. Fue uno de los principales promotores de la constitución de la Cámara de Comercio e Industria de Torrelavega, que presidió durante diez años, formó parte de la Corporación, siendo teniente de alcalde y responsable del área de Hacienda, modernizando el sistema de compras y pagos del Ayuntamiento, y como se ha explicado extensamente, fue el impulsor de la creación del Banco de Torrelavega, fue vicepresidente y consejero delegado. Durante la guerra civil le fue incautada la fábrica por las milicias populares, devuelta tras finalizar la contienda, pero ya sin material alguno, por lo que tuvo que comenzar de nuevo, casi a partir de cero.

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