«Encontrar la palabra exacta justifica toda la angustia»

Es una de las voces de referencia de la poesía cántabra. Veinte años después de ver la luz su primer poemario, 'Lusitania', publica 'Sol de resurrección' Carlos Alcorta Poeta

GUILLERMO BALBONASANTANDER.
Alcorta suma su nuevo poemario a una larga trayectoria. ::                             ROBERTO RUIZ/
Alcorta suma su nuevo poemario a una larga trayectoria. :: ROBERTO RUIZ

Conocimiento y celebración señalan el norte de la brújula poética de Carlos Alcorta (Torrelavega, 1959). El poeta, quien atisba una escritura más rica en matices, más abierta y plural, ha sido coartífice de hitos en la creación local como la colección 'Scriptvm', de aventuras como la revista 'Ultramar' y de una incesante actividad cultural, ahora ligada también a la editorial Quálea. El autor de 'Corriente subterránea' y 'Sutura' reflexiona sobre la creación y su obra.

-'Sol de resurrección' (Calambur) implica vitalidad y optimismo, ¿hay reconciliación y redención en su escritura?

-La poesía es revelación. Refleja ese intento, siempre infructuoso, nunca satisfecho del todo, de decir, a través de la metáfora y el símbolo, lo indecible. Creo, con Rimbaud, que la poesía es en sí misma un medio de conocimiento que sirve para transformar el entorno y, obviamente, al ser humano. Desde esta premisa, la escritura de este libro ha supuesto una reconciliación con la naturaleza. En mi infancia, mis experiencias con la naturaleza me pasaron desapercibidas, aunque, al parecer, su influencia permaneció soterrada, y un cambio de domicilio ha resultado providencial para que despertaran. La preeminencia del paisaje no excluye la nostalgia por la infancia ni la contienda moral, aunque esta se haya desplazado hacia un personaje reconciliado consigo mismo.

-¿En qué contexto de su trayectoria enmarca este nuevo poemario?

-De Ryszard Krynicki son estos versos con los que me identifico absolutamente: 'Extraña sensación/ ser un poeta/ de mediana edad'. Y es que la poesía es el resultado de la propia vida, de la experiencia que uno va acumulando, y en ésta no menudean conflictos, fracasos, aciertos, recompensas o sanciones que contribuyen a conformar la imagen del hombre maduro que uno es. 'Sol de resurrección' no es otra cosa que un peldaño más en esa escalera del conocimiento personal. Tras innumerables descensos emocionales reflejados en libros anteriores llega el momento de la resurrección, de la ascensión, de la celebración vital. El paso del tiempo modera ambiciones y sueños y te ayuda a apreciar con mayor intensidad aquello que posees, el amor de tus seres queridos y un grado de estabilidad personal lo suficientemente elevado como para sentirse dueño de un lugar en el mundo.

-Me equivoco, o ¿también puede quedar uno cegado, quemado y deslumbrado por un sol de resurrección?

-El sol de resurrección es un sol tibio, fugaz, enmarcado por incesantes nubes que luchan por cegarlo, por negarlo. Es un sol efímero que no debe engatusar a quien lo contempla. Uno es consciente de ese tránsito vital entre la luz y la sombra y, en este caso, la resurrección no es más que una construcción simbólica que me permite reflexionar sobre un momento determinado de mi vida.

-¿No cree que algunos emplean más en tener y vender una poética que en mantener una voz propia?

-La búsqueda temeraria de la fama o el éxito acostumbra a nublar las mentes. En el ámbito poético no es fácil conseguir una voz propia, ésta sólo la poseen los verdaderos poetas. A su lado florecen, casi por generación espontánea, decenas de epígonos que consagran su obra a repetir, generalmente con escasa fortuna, esos aciertos que hacen grande y especial a un poeta. La poesía, como decía Conrad hace exactamente un siglo, no cuenta en la escala de valores mercantiles y editoriales, sólo cotiza o incrementa las magras rentas de la vanidad. Valor éste al alza en esta sociedad hipnotizada por el mercadeo de la intimidad y la ley del mínimo esfuerzo.

-De la experiencia, por otra parte exitosa de las Veladas poéticas, ¿qué reflexiones y conclusiones ha extraído?

-La reflexión más concluyente es que el esfuerzo que se viene repitiendo año tras año desde el Vicerrectorado de Actividades Culturales de la UIMP se ve recompensado por la asistencia de un público fidelísimo que merece todo nuestro respeto y admiración. La programación se prepara concienzudamente con el ánimo de ofrecer un espectro amplio de poéticas diversas, con nuevos formatos y distintas lenguas de expresión. La lectura pública de poesía promueve un lugar de encuentro que, en muchos casos, sorprende al propio espectador, quien corresponde a tal desafío con su incondicional presencia.

-Ver publicado un nuevo libro, ¿qué aporta a la trayectoria, más allá de alimentar el ego?

- Creo que no es necesario significar que un cierto grado de vanidad es consustancial a todo creador, pero más allá de esta constatación, supone el merecido final a un tiempo de creación y un reto. Habitualmente el poeta piensa que el último libro escrito es el mejor de todos los suyos, pero esta impresión se ha de ver confirmada por la crítica y los lectores, lo que no siempre ocurre, por eso, la incertidumbre ante la recepción que sufre ese desnudamiento emocional que en todo poema resulta inquietante.

-Nos olvidamos muchas veces de la herramienta esencial, así que defíname lenguaje...

-Efectivamente, es la herramienta que tiene a su disposición el poeta para exprimir la realidad. Con el lenguaje se reconstruye el mundo y gracias a él, a su flexibilidad, logramos acomodar el pensamiento a la mirada. En mi caso, parto de un lenguaje figurativo, de una situación apegada a la realidad, que me sirve para iniciar una indagación por la parte mas oscura de mi conciencia y, a la vez, por la zona menos visible de esa realidad que trato de aprehender, aunque no soy tan ingenuo como para ignorar que para describir las plurales experiencias personales o para descifrar el complejo mundo que habitamos, el lenguaje resulta insuficiente. La persecución de lo real y de las sombras que lo conforman siempre es un intento frustrado.

-¿Cómo es su vínculo con las palabras?

-La búsqueda de aquella palabra que precise lo que uno quiere realmente decir es uno de los más apasionantes desafíos a los que me enfrento como poeta. Cuando uno consigue acercarse a eso -siquiera tangencialmente, porque no podemos obviar la distancia entre el hecho acontecido y la palabra que lo evoca- se siente recompensado por tantos momentos de angustia e incertidumbre. El encuentro con la palabra exacta, con ese verso anhelado justifica la angustia de la creación.

Heridas abiertas

-Pasadas las batallas estéticas inanes, superado el cuerpo a cuerpo de algunas sectas poéticas, ¿hay un pórtico abierto a otra época?

-A juzgar por las declaraciones de algunos jóvenes poetas (caso reciente del último premio Loewe), al parecer, todavía quedan heridas abiertas causadas por aquellas polémicas que espero se cierren ya definitivamente. Creo que la mayoría de los poetas actuales, sobre todo los más jóvenes, apuestan por una especie de sincretismo capaz de aglutinar lo mejor de cada una de las corrientes o tendencias. Esa conciliación está produciendo una poesía mucho más rica en matices y en intenciones. Desde el presentimiento de que todo es vulnerable y efímero, las nuevas generaciones ensayan formas menos encorsetadas de enfrentarse a lo real.

-Su actividad ligada a la edición (Quálea), ¿supone otra ventana para vivir el libro de forma diferente?

-Sin duda, porque la edición es una forma más de creación poética que permite además seguir el proceso de elaboración de un libro. Desde que llega un original a Quálea, el trabajo que realizamos involucra a todo el equipo con tanta intensidad como cuando uno está escribiendo un poema. En poesía pensamos que el cuidado del continente contribuye del mejor modo posible a resaltar la belleza de los poemas. El respeto que sentimos por la creación poética nos obliga a ser extremadamente cuidadosos tanto con el autor como con su obra.

Desaprovechada o insuficiente

-A su juicio, ¿qué debe aportar Santander 2016 a los creadores, y viceversa?

-Debemos aportar todo nuestro bagaje intelectual en las diferentes áreas de trabajo que se produzcan. Conocemos la historia y el entorno social en el que desarrollamos nuestra obra, y para que ese capital no se malgaste ni se desdeñe se deberán habilitar institucionalmente los mecanismos que faciliten esa colaboración. Y Santander 2016 debe aportar un nuevo concepto, no sólo cultural sino cívico, el de una ciudad moderna capaz de reinventarse para ofrecer a sus habitantes una calidad de vida acorde con sus expectativas. Disfrutamos del mejor momento para dotar a la ciudad de una infraestructura cultural que en la actualidad, o esta desaprovechada, o es insuficiente. No estoy muy al corriente de la marcha de los distintos proyectos, pero tengo la impresión, no sé si equivocada, de que la correspondencia entre los intereses de unos y de otros no está dando los frutos deseados.

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