Fenómeno Canales

De joven promesa a estrella confirmada, un cambio vertiginoso en un mes

JOSÉ AHUMADA
Canales se ha ganado su propia cantera de aficionados. Seguro que a partir de ahora empieza a crecer a lo loco. ::                             ANDRÉS FERNÁNDEZ/
Canales se ha ganado su propia cantera de aficionados. Seguro que a partir de ahora empieza a crecer a lo loco. :: ANDRÉS FERNÁNDEZ

Pero, ¿qué es lo que tiene este muchacho para montar tanto jaleo? Hombre, seamos sinceros: ni él mismo, en sus mejores fantasías, podía soñar hace medio año con lo que le está sucediendo. Ya no es que salga por televisión, ni que Valdano le llame al móvil: es que en su casa ya han tenido que estar sacando a escobazos a los tiburones más fieros de los mejores clubes de fútbol del mundo con maletines llenos a reventar de fajos de billetes de 500 euros.

Porque si uno analiza las cosas fríamente, han sido tres cositas las que ha hecho Sergio, prácticamente en un mes: un buen partido en el Bernabéu, un gran partido en Cornellá, y un súper partido en Sevilla. Eso no es suficiente. Tiene que haber algo más.

¿Qué es lo que hace falta para gustar tanto? Según Hipólito Bragado, el gran jefe de la agencia de publicidad y comunicación C&C, Canales, habilidades futbolísticas aparte, personifica el atractivo de la juventud. «Tiene una imagen muy limpia y atrayente y, además, gusta por la valentía que demuestra al ser un niño que está jugando entre hombres».

«Cuando le ves en un partido te das cuenta de la fuerza de su imagen. Es un joven atractivo, con una mirada muy blanca... todo el mundo tiene la tendencia de descubrir virtudes en alguien que ya está consolidado. Él ha hecho cuatro cosas y ya se le ve como un líder».

Ahora, cuando el Real Madrid ha echado el resto por él y la gente se dedica a traducir a pesetas el sueldo que dicen que va a tener, todo quisque repite como un mantra eso de que 'ya decía yo que este chaval era un figura'. Aunque tampoco es exactamente así.

Sergio Canales siempre ha sido considerado en el Racing uno de sus grandes valores. Valores, que no tesoros ni perlas, valores. Sujetos a fluctuaciones y a cotización. Chascos como los de Jonatan Valle o Cristian Portilla, grandes apuestas que terminaron en desilusión, han obligado a mantener desde entonces los pies en el suelo a los responsables del club. Y eso que su progresión invitaba a echar las cuentas de la lechera, con un papel destacado en el filial -su verdadero equipo hasta hace un año- y periódicas convocatorias de las selecciones -ha pasado por todas las sub-algo-. Nada de flor de un día.

Participó en la pretemporada 'con los mayores' a las órdenes de Juan Carlos Mandiá. Hoy da sonrojo releer las declaraciones que le dedicó el técnico, felizmente despedido: «Es un chico de mucha calidad y que está poniendo mucho de su parte. He estado muy expectante con él, porque desde que he llegado creo que ha atendido todos los días a la prensa y, quieras o no, eso te quita energía. De Canales me ha gustado su actitud, que quiere aprender, pero le falta ritmo de cara a la competición». Mejor hubiese hecho prestando atención a Miguel Ángel Revilla, presidente regional y experto apostador a caballo ganador. «Va a ser una gran figura», profetizaba el pasado mes de octubre.

Pero es que justo esta campaña, el Racing deambulaba por la Liga como un zombi, con un pie metido en la zona de descenso. Los aficionados no tenían con qué ilusionarse, ni siquiera cuando les lanzaron a la grada la cabeza del entrenador. Daba la sensación de que el remedio había llegado demasiado tarde y la enfermedad ya corroía a la plantilla.

La llegada de Miguel Ángel Portugal al banquillo fue el paso previo a la eclosión de Sergio Canales. Fiel a su filosofía del 'por probar no pasa nada', el nuevo míster puso sobre el campo al chico, como demandaban los racinguistas -«La cantera lo primero. Canales renovación», se leía en las pancartas de El Sardinero-. La decisión, aderezada con los polvos mágicos de Portugal, fue el origen del milagro que tuvo lugar en el Bernabéu. Para el momento en que terminó el encuentro, Florentino Pérez ya sabía que ese chico iba a ser suyo.

La mutación de joven promesa a gran jugador y, por último, a gran estrella, se produjo en semanas, que coincidieron con la resurrección del Racing. Canales era su nueva alma, el que había devuelto a la vida al equipo. La demanda de su camiseta en la tienda del Racing creció en progresión geométrica, lo mismo que su cotización entre las muchachas. Sus genialidades en los siguientes partidos lograron poner en marcha la pesada máquina de fabricar ídolos. Sus apariciones en prensa y televisión se multiplicaron. Alguien cayó en la cuenta de que recordaba a Julen Guerrero -a los futboleros, por su juego; a las chiquitas, por sus ojos-, otro lo comparó con Guti, con Van der Vaart... La cosa era ya imparable, y cada novedad superaba a la anterior: ojeadores, ofertas, llamadas, entrevistas, reuniones... Todo lo que sonaba a Canales interesaba y vendía.

Mientras, su entorno se esforzaba en arroparle para que una corriente tan fuerte no le arrastrase, para que las decisiones sobre su futuro y los planes firmes no volasen por los aires.

En un trance tan comprometido, el Real Madrid envió a sus heraldos. Guti y Casillas se adelantaron a darle la bienvenida -«puedes ser como nosotros si vienes», se leía en sus halagos-, y hasta Del Bosque se apuntó a la fiesta cuando dejó caer que su juventud no era incompatible con una llamada de la 'roja'.

Y entonces Sergio dejó de correr y de esconderse. «Vale, vale, no insistáis: me lo creo», pareció decir. Si cuesta tanto trabajo alcanzar el éxito es una tontería resistirse y pelearse con él cuando uno lo tiene delante. ¿En el Madrid? Estupendo, como estupendo hubiese sido elegir el Chelsea, el Manchester City o el Sevilla. Es cierto que, posiblemente, esa decisión le obligue a llevar el pelo un poco raro, como les sucede a tantos de sus nuevos compañeros, pero tampoco hablamos de un gran trastorno. Es el peaje mínimo que puede pagarse por pasar de chavalín a galáctico.