¿Autonomías en Marruecos?

Nos es posible emprender un proceso de 'regionalización avanzada' ni descentralización si previamente no hay una plena legitimación democrática, hoy inexistente

JESÚS CABEZÓN ALONSOESCRITOR Y POLÍTICO
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                             EFE/
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El caso de la activista saharaui Aminetu Haidar sirvió para mostrar el compromiso y la dignidad de una persona, recordó, por si había algunos olvidos o dudas, que el régimen alauí de Mohamed VI es represivo y poco respetuoso con los derechos humanos y volvió a poner sobre la mesa que el tema del Sahara Occidental es un problema de descolonización no resuelto, porque el pueblo saharaui no se ha podido manifestar con libertad en un referéndum en el que expresar su voluntad.

El pasado 3 de enero de 2010, el monarca Mohamed VI anunciaba la creación de una Comisión impulsora del diseño de regionalización del país, incluyendo como prioridad el Sahara Occidental, ocupado ilegalmente por el propio Marruecos.

La regionalización es un recurso del monarca alauí reiterado en diferentes ocasiones, pero nunca puesto en marcha. Porque es difícil un diseño de regionalización sin un previo diseño consolidado de democracia política. No es posible un proceso de descentralización política, sin la plena legitimación democrática del Estado que desarrolla tal proceso.

Se trata de una Comisión Consultiva de 22 miembros que presidirá el hasta ahora embajador de Marruecos en España, que en 6 meses deberá elaborar un plan de «regionalización avanzada». Conviene recordar que Marruecos es un Estado fuertemente centralizado, que ha huido siempre en el pasado de cualquier fórmula de descentralización política. ¿Es posible una autonomía política en el Rif?

El monarca, al referirse de nuevo a las «provincias del sur», olvida que se está refiriendo a un territorio que nunca formó parte de Marruecos, ignora deliberadamente la legalidad internacional sobre la antigua colonia española y desprecia la voluntad de los saharauis.

Este anuncio de Marruecos, cuando España asumía la Presidencia de la Unión Europea era una provocación inaceptable. Porque con esta formulación unilateral, Marruecos está haciendo inviables las expectativas de reanudar el diálogo entre Rabat y el Frente Polisario, como quería la ONU y está complicando deliberadamente, una vez más, una posible solución justa y duradera del problema del Sahara Occidental.

Naciones Unidas, desde 1975, ha mantenido el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, que es quien debe decidir si su futuro es la independencia, la integración en Marruecos o acepta una determinada autonomía política y administrativa.

La solución no ha sido ni será la imposición unilateral por Marruecos de una de todas las fórmulas posibles. La autodeterminación es fundamental para resolver el conflicto actual, porque la posible autonomía que Marruecos pudiera conceder al Sahara (un hecho hasta ahora solo enunciado), carecería de legalidad sin un referéndum del pueblo saharaui que la ratificase o rechazase.

Es verdad que el tiempo, la política de asentamientos de población marroquí en territorio del Sahara Occidental ocupado, donde se estiman que viven actualmente 67.000 saharauis y 200.000 colonos marroquíes, las opiniones que insisten en la escasa viabilidad de un Estado soberano en el Sahara y los apoyos e intereses internacionales de Marruecos, no juegan a favor de la causa independentista defendida por el Frente Polisario.

¿Qué papel puede y debe jugar España? Mi opinión es que debería abandonar tibiezas y ambigüedades, aceptar que el problema del Sahara Occidental existe y que forma parte de sus obligaciones internacionales, defender activamente que la solución sigue enmarcada en las Resoluciones reiteradas de Naciones Unidas y convencer a Marruecos de que si quiere ser un aliado de la Unión Europea y de España, debe ser leal con sus interlocutores, respetuoso con la legalidad internacional y aceptar sin condiciones insalvables el derecho a que los saharauis expresen en libertad su voluntad como pueblo.

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