De paseo con un matrimonio de ciegos, su bebé y el perro lazarillo

Él es vendedor de cupones de la ONCE. Ella, fisioterapeuta. Han sido padres recientemente y aseguran ser "una familia normal" que se organiza "como puede"

MARÍA DE LAS CUEVASSantander

José Luis vende el cupón de la ONCE. Se quedó ciego a los 13 años. Su esposa Estefanía, tiene discapacidad visual, con un resto de visión. Ambos se conocieron y se enamoraron -por coincidencias de la vida, en la fiesta de Santa Lucía, patrona de los invidentes-. Y fruto de esta historia es Celia, su hija de 7 meses. Junto a Yugo, su perro guía, se completa esta familia atípica, aunque ellos reivindican que son "una familia normal, como todas". Residentes en el barrio de Castilla Hermida, están satisfechos con la accesibilidad de la zona, así como con los avances tecnológicos implantados en los últimos dos años, tanto en los autobuses como en las paradas de Santander. Aunque se manejan con soltura por la ciudad, cualquier obstáculo puede causarles un accidente: árboles en mitad del paseo; que la gente aparque la moto o el coche subido en las aceras; zanjas o andamios sin delimitar son trampas para ellos; o algo tan inofensivo como los toldos de las terrazas pueden ser motivo de "un piñazo curioso. Claro el perro no me puede avisar de algo en las alturas", apunta José Luis. Seguimos a este matrimonio de afiliados de la ONCE en un recorrido habitual para ellos por su barrio y nos señalan algunas barreras arquitectónicas con las que se encuentran: "Que no haya paso de cebra para cruzar a la parada del Barrio Pesquero nos lo pone complicado, pero para los demás no es imprescindible por lo que no se cae en la cuenta. Otro ejemplo es que la gente no recoja las cacas de sus perros. Claro, mi marido no las ve, así que las pisa todas. También pasamos por encima de ellas con el carrito de la niña. En fin, que al llegar a casa hay que estar limpiando todo... es una faena. Nosotros siempre recogemos las cacas de Yugo, nuestro perro guía".