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Artesantander: un cambio de paisaje

FERIA

Artesantander: un cambio de paisaje

La adaptación de su oferta a los tiempos marca el inicio de una nueva época dentro de su vocación profesional y comercial

22.07.11 - 00:16 -
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Como cada verano desde hace 20 años, Artesantander abre sus puertas para ofrecer un amplio abanico de propuestas de arte contemporáneo que, en esta ocasión, han sido presentadas por una selección de 45 galerías. Bajo la dirección de Juan Riancho, hemos podido comprobar cómo a lo largo de sus últimas ediciones la feria santanderina cobraba impulso, mostrándose cada vez más selecta en sus contenidos -eso sí, con más corrección que riesgo-, pero con un panorama de crisis que echa raíces y un modelo que empieza a agotarse -al menos a la hora de competir con eventos de mayor calado internacional-, el cambio de formato parecía necesario. En esta nueva convocatoria, la feria se ha reinventado, adaptándose a los nuevos tiempos y afirmando su vocación profesional y comercial (de ahí quizá la ausencia, un año más, de un aparato teórico y de un buen menú de actividades paralelas que posibiliten un mayor refuerzo formativo y crítico). Por fin, se independiza de su hermana mayor ARCO para perfilarse como un espacio con personalidad propia -más cuidado en su distribución y propuestas-, con unas credenciales más ambiciosas, una clara apuesta por los contenidos más que por la firma que llevan detrás y una mayor exigencia hacia las galerías, que han tenido que presentar proyectos concretos (y no una mera suma de nombres más o menos conocidos). Esto implica cierto trabajo curatorial por parte de sus responsables que potencia una visibilización más completa de la obra de un artista o de un colectivo y, en consecuencia, un mayor respeto hacia su trabajo. Todo ello se ha traducido en una menor presencia de nombres archiconocidos y firmas estrella, pero también en una oferta más novedosa y atractiva para los y las coleccionistas, profesionales del arte y público en general.
En un primer vistazo a la feria se aprecia un notable cambio de paisaje respecto a las últimas ediciones, con un espacio mejor distribuido y unos stands más despejados y, en conjunto, mejor concebidos. Aunque el 'solo project' como tal no abunda, hay galerías que afrontan proyectos bien hilados y mostrados, ofreciendo la posibilidad de evaluar en profundidad propuestas concretas que, en algunos casos, se desmarcan del canon habitual. Otras -por suerte, las menos-, o no han sabido contar su proyecto o persisten en la tradicional sucesión de piezas segregadas de un conjunto mayor (o incluso de varios), sin una tesis lo suficientemente solvente que respalde su puesta en escena.
Frente a los 280 artistas del año pasado, la nómina se ha reducido a medio centenar, de los cuales 18 son mujeres, por lo que se observa un ligero aumento del 27% de la edición pasada al 36% de la actual. Las galerías apuestan, mayoritariamente, por artistas españoles del mismo horizonte generacional: de mediana edad (nacidos sobre todo en los 70), con una formación significativa completada con estancias o residencias en otros países y un recorrido expositivo reseñable, subrayado por una participación continuada en eventos artísticos de carácter nacional e internacional. Este perfil de artista responde a menudo a la etiqueta de multidisciplinar, que transita entre distintas narrativas visuales y suele experimentar con diferentes técnicas y materiales; si bien siguen predominando los formatos planos: el dibujo, la pintura, el collage y, en menor medida que otros años, la fotografía. El vídeo, la escultura y los objetos intervenidos aparecen, por lo general, salpimentando propuestas más centradas en otras disciplinas. Varios stands presentan creaciones efímeras realizadas 'in situ' por los propios artistas que han pintado o dibujado directamente sobre las paredes, como Silvestre Pejac, Fernando Gutiérrez, Laura Escallada, Pepe Medina o Juan Zamora. Se reduce el número de artistas procedentes de Cantabria a sólo cuatro y aumenta la proporción de nombres de otras latitudes (17 firmas de un total de 12 países), en una diversificación geográfica muy positiva para la feria que ojalá se incremente en futuras ediciones, para que el calificativo de internacional sea plenamente acorde con sus contenidos.
Hay que subrayar la presencia de una figura referencial del arte africano contemporáneo, el maliense Abdoulaye Konaté, que presenta unas soberbias composiciones textiles -bordadas y teñidas a mano a orillas del Níger- en torno al cuerpo en la galería Saro León, así como de artistas latinoamericanos de trayectoria tan notable, en lo que a exploración de nuevos territorios para el arte se refiere, como la del mexicano Pablo Helguera, que muestra una selección de collages y textos pertenecientes a sus últimos trabajos en Enrique Guerrero.
Tres ejes temáticos
En cuanto a los contenidos, se observan tres grandes ejes temáticos que, desde posicionamientos muy diversos, generan múltiples derivas, tanto en el plano conceptual como formal. En primer lugar, la reconstrucción de la memoria y su confrontación con el presente. Una de las propuestas más sólidas ha sido planteada por Rosell Messeger (Magda Bellotti), con un trabajo de archivo y documentación en torno al espionaje y la (im)posibilidad de visibilizar aquello que no se encuentra previamente decodificado, a través de la figura de un búnker que se asemeja a un metafórico ovni. Otro proyecto a destacar es la singular ficción narrativa de un cazador de tornados construida por Irina Novarese (Cànem) a partir del 'objet trouvé'. Nuno Nunes-Ferreira (Juan Silió) camufla imágenes históricas en una exuberante vegetación realizada en múltiples capas, Matías Costa (AJG) reconstruye mediante fotografías y documentos la memoria familiar, y Pepe Medina (Columpio) se sirve del dibujo y la edición de periódicos para hacer lo propio con la memoria personal y colectiva, y cuestionarla. María María Acha (Antimuseo) plantea un interesante proyecto de arte feminista donde el retrato y la biográfica le ayudan a trazar una genealogía de 'Mujeres trabajando por mujeres'. Esta lectura de género se puede aplicar también a la propuesta de Alejandra Alarcón (Sicart), que lleva a cabo una deconstrucción de narrativas infantiles heredadas y perpetuadas de una generación a otra, a la perturbadora iconografía de Jordi Ribes (Del Sol St.) tomando como punto de partida la historia de una malograda miss universo, o a la instalación de casquillos de bala reconvertidos en pinturas de colores en un habitáculo empapelado de trofeos de Oscar Vautherin (Caracol), donde se ponen en duda determinados parámetros binarios importados del patriarcado. Gregorio González (Nuble), por su parte, recurre a la geometría abstracta y a la escala de grises para componer poéticas variaciones sobre el olvido habitando una 'penumbra' blanca. En un plano más onírico e intimista, cabe situar las pequeñas narrativas escondidas en los objetos y materiales que habitan el jardín concebido por Anna Talens (Paz y Comedias), el viaje por los recuerdos tamizados a través de los sueños de Laura Escallada (Espacio Creativo Alexandra), un extraño paisaje de seres imaginarios perfilado por Fernando Gutiérrez (Espacio Líquido), la recreación de un sereno y simbólico espacio interior de Ignacio Llamas (Ángeles Baños), el montaje de composiciones pictóricas de Daniela Krtsch (3+1 Arte) o la delicada propuesta multidisciplinar de Andrea Nacach (Tatiana Kourochkina).
El segundo gran epígrafe temático de la feria y quizá el más numeroso en piezas, tiene que ver con la naturaleza. Una de las mejores instalaciones de la feria, llena de matices, es el 'despiece, ordenación y poda' de un árbol acompañado de instrucciones y fragmentos de textos de Albert Corbí (Raquel Ponce). Asimismo, merece la pena destacar dos conjuntos de fotografías que remiten, respectivamente, a la pintura romántica y barroca: por un lado, la serie de paisajes -tan bellos como imposibles- de malas hierbas reconstruidas de forma artificial por José Ramón Ais (José Robles) y, por otro, las composiciones de flores, previamente cultivadas en un huerto propio tomando como punto de partida los bodegones de Juan de Arellano, de Carmen Van den Eynde (Espiral). La conflictiva relación del sujeto contemporáneo con un contexto natural en plena transformación, que a menudo colisiona con lo cultural, es objeto de análisis en las fotografías del arquitecto Jorge Yeregui (Alarcón Criado). Cristina Ferrández, María Castellanos y Alberto Valverde (Lola Orato) profundizan en esta idea a través de una huerta de plantas reales que podemos incluso llegar a escuchar, mientras que Ramón David Morales (Siboney) combina pintura y cerámica para introducir una lúdica reflexión sobre la cultura rural.
En tercer y último lugar, la institución arte y sus contradicciones vertebran dos de los conjuntos de obras más interesantes de la presente edición, firmadas por Geoffrey de Beer (Base-Alpha) y Jesús Pedraza Villalba (PM8). El primero se compone de unas irónicas 'reliquias' materializadas en una serie de pañuelos de tela que han acariciado previamente obras de arte emblemáticas (magnífica la pieza dedicada a Marcel Broodthaers), mientras que el segundo hace justo lo contrario y se sirve de los grandes iconos de la historia de los museos para invisibilizarlos total o parcialmente mediante un proceso de lijado (merece la pena ojear el libro que se exhibe junto a los restos de polvo). Tampoco falta la crítica al mercado del arte y la noción de valor, lanzada por artistas como Luis Vidal (Mito) y sus incisivos souvenirs -de sus propias esculturas- bañados en oro, Eric Doeringer (CTS Creative Thrift Shop) y su 'tienda del arte' plagada de copias de obras de reputados artistas contemporáneos, o Manolo Bautista (Rafael Ortiz) con su seductora cascada de diamantes proyectada sobre el título esculpido de una célebre película. Caben, asimismo, en la feria reinterpretaciones de obras del pasado, como las vanitas de Valdés Leal a los ojos de Antonio Montalvo (Espacio Mínimo), la apropiación crítica a través del dibujo de diferentes medios de comunicación impresa de Juan José Martín Andrés (Aural), el cuestionamiento de la figura del artista en los animales pintados por Saúl Sánchez (Nueve Ochenta) e incluso la parodia de un parque temático fruto de una misión utópica en compañía de un tótem emprendida por el dúo Momu & No Es (Demolden Video Project). Por último, resta señalar algunas piezas que destacan por los materiales empleados, como las composiciones con celo y los libros animados al ritmo de la respiración de Edith Kollath (Collectiva), o bien por su proceso técnico y creativo, como las 'pinturas al revés' sobre cristal de Gil Heitor Cortesão (Pedro Cera) o los espejos retroiluminados y el mural pintado y grafiteado por Pejac (Pedro Torres).
El renovado formato y el trabajo de selección del nuevo comité han determinado un cambio de rumbo en la feria en el que la calidad se impone sobre la cantidad, dando lugar a una oferta más coherente que ha propiciado un paisaje también más optimista. Las galerías, protagonistas de esta cita, pasan buena parte del año impulsando y dinamizando la programación artística de sus respectivos lugares de origen, especialmente en Santander, donde el panorama cultural acusa cierto letargo desde que las arcas del 2016 se cerraran. Es, por tanto, el momento oportuno para que las instituciones, profesionales del sector y coleccionistas reconozcan esta labor y contribuyan con sus compras y proyectos a que el mecanismo siga funcionando -los contenidos de esta edición constituyen un buen estímulo en este sentido- y quizá, con el tiempo, Artesantander llegue a convertirse en el referente artístico internacional que muchos y muchas deseamos.
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