Cantabria, un objetivo permanente

El coche bomba que acabó con la vida de tres personas en La Albericia en 1992 fue el ataque más brutal de la banda terrorista

La crónica negra de ETA en Cantabria tiene marcadas en rojo tres fechas en el calendario: 1980, 1992 y 2008. En esas fechas perdieron la vida Mario Cendán, Eutimio Gómez, Julia Rios, Antonio Ricondo y Luis Conde. Cinco muertos que completan un historial de 45 atentados y un atraco desde 1978, aunque fue en 1969 cuando ETA hizo su primera aparición en Cantabria con un tiroteo, sin víctimas, contra la Guardia Civil tras ser descubierto un 'piso franco' en Mogrovejo (Líébana).

El primer atentado planeado en la región tuvo lugar ocho meses después de las elecciones democráticas de 1979. Cinco miembros del Comando Vizcaya tomaron como rehenes a una pareja de novios, un taxista y ocho empleados de la empresa Equipos Nucleares de Maliaño. Tras colocar cincuentas kilos de Goma-2 en esta central y hacerlos explosionar, liberaron a los secuestrados en Somorrostro.

La década de los 80 comenzó con la primera víctima mortal en suelo cántabro. El taxista gallego Mario Cendán Geimonde fue encontrado sin vida en la cuneta de la carretera entre Santander y Bilbao, a la altura de Islares. Cendán, que presentaba dos heridas de bala, residía en Vizcaya, donde trabajaba en el Parque Móvil Ministerial. Éste hecho fue señalado en su día como móvil del asesinato, aunque aún sigue sin aclararse el lugar exacto en el que se cometió el crimen.

Durante esa década, ETA se cebó con objetivos civiles cántabros, entre ellos varios concesionarios de automóviles, líneas férreas, el Club Marítimo de Santander y el barco petrolero 'Camponegro', en 1985. La Guardia Civil de Ramales y Laredo (1983); la Comandancia de Marina de Santander (1986) y el destructor de la Armada 'Marqués de la Ensenada' -fondeado en la Bahía- (1981) fueron otros de los golpeados por el brazo militar de la izquierda abertzale.

Los años 90 estuvieron marcados por el ataque más brutal de ETA en la región. El 19 de febrero de 1992, tres personas (Eutimio Gómez, Julia Rios y Antonio Ricondo) perdieron la vida y 21 fueron heridas al explosionar el coche bomba que los terroristas colocaron al paso de una furgoneta de la Policía Nacional en La Albericia. Cinco años después, ETA intentó otra masacre en Comillas al colocar tres lanzagranadas en el cuartel de la Guardia Civil.

En los últimos ocho años, Cantabria se ha convertido en la diana de la 'campaña de verano' de la banda terrorista. Laredo, Noja, Santoña, San Vicente de la Barquera, Santander y Santillana del Mar han sido sacudidas por explosiones de coches bomba y pequeños artefactos que sólo se cobraron daños materiales, como en el caso del aparcamiento de la plaza de Alfonso XII de Santander (2002).

ETA también ha cometido en Cantabria alguno de los robos más espectaculares de su historia, como los 8.000 kilos de Goma-2 que consiguieron en el polvorín de Soto de la Marina (1980) y el frustrado intento por hacerse con 42 millones de pesetas -252.000 euros- de las nóminas de la Casa de Salud de Valdecilla (1978), en el que los etarras llegaron a disfrazarse de médicos.

En septiembre de 2008 ETA se cobró su última víctima en Cantabria. Un coche bomba colocado en la puerta principal del Patronato Militar de Santoña acabó con la vida del brigada segoviano Luis Conde, que se encontraba en Cantabria de vacaciones, y provocó decenas de heridos.

La última acción de la banda terrorista tuvo lugar el año pasado en Guriezo, donde una bomba reventó un repetidor de televisión coincidiendo con la toma de posesión como lehendakari de Patxi López.

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