La cacería del Rey Alfonso XIII en los Picos de Europa

El monarca estuvo en la zona de Áliva, en una visita que finalizó con gran satisfacción

MARGARITA RODRÍGUEZSantander

El rey de España Alfonso XIII (Madrid, 17 de mayo de 1886-Roma, 28 de febrero de 1941) asistió entre los días 3 y 7 de septiembre de 1912 a una cacería de rebecos en los Picos de Europa, en la zona de Áliva, cuyo desarrollo y circunstancias fueron recogidos en una película por la Filmoteca Española. Sus imágenes son un testimonio de la época, un documento histórico y etnográfico de gran valor que permiten vislumbrar, alrededor de la corte, los políticos y los militares que acompañaron al monarca, parte del modo de vida tradicional en esta comarca cántabra.

La cacería regia fue preparada durante meses con numerosas obras. La Real Compañía Asturiana de Minas construyó a los pies de Peña Vieja el actualmente llamado Chalet Real para su alojamiento y el de sus invitados. Ahora es un hotel gestionado por Cantur. El Ejército instaló en los alrededores ocho tiendas de campaña para albergar a los oficiales de telégrafos, Guardia Civil y el personal de servicio real.

El Marqués de Viana, Montero Mayor, y el de Villaviciosa llegaron cuatro días antes y prepararon los últimos detalles en el campamento de Áliva.

El Rey llegó en automóvil hasta Camaleño y desde allí a caballo por Mogrovejo y La Calvera, hasta Áliva. Entre sus invitados estaban el infante Carlos de Borbón y los príncipes Raniero de Borbón y Don Felipe; los marqueses de Viana, Villaviciosa y Hoyos; los duques de Medinacelli; los condes de San Martín de Hoyos y de Maceda; el doctor Alabern, Mr. Hausser, Luis Bustamante y Juan Antonio Quijano.

El día 4, el Rey entró en chalet de Áliva a las seis de la tarde. Tras merendar con los demás cazadores, recorrió los alrededores. Se retiró a descansar a las once de la noche

El día de la cacería amaneció con muy buen tiempo. El Rey se levantó a las siete y una hora más tarde los cazadores subieron por los arenales del Canal del Vidrio para instalarse en sus puestos. En seguida se dio la señal a los ojeadores y monteros, apostados desde la madrugada, y comenzó la cacería.

Fueron abatidos gran cantidad de rebecos en medio de la expectación de la gente, que tenía prohibido acercarse a menos de un kilómetro al campamento.

Finalizadas las jornadas, la comitiva real descendió por Espinama y Las Ilces, mostrando su satisfacción por la visita.