La planificación urbanística de la costa debe tener en cuenta las catástrofes

Los expertos toman los efectos del tsunami en Japón y del ‘Katrina’ en Estados Unidos para aplicar modelos que mitiguen los daños

TEODORO SAN JOSÉSantander
Los ingenieros de costas Iñigo Losada, Tony Darlry y Par Linnet. Foto: Celedonio/
Los ingenieros de costas Iñigo Losada, Tony Darlry y Par Linnet. Foto: Celedonio

Los daños y la devastación en costa y litoral producidos por el tsunami de marzo del pasado año en el Noroeste de Japón y por el huracán Katrina, en Nueva Orleans hace siete años, sirvieron de ejemplo para explicar parte de la actividad generada en la Conferencia Internacional sobre Ingeniería de Costas que se desarrolla en Santander. «Necesitamos saber qué ha fallado para prepararnos para el futuro», resumía Íñigo Losada, catedrático de Ingeniería Hidráulica de la UC y coordinador de este congreso.

Los expertos en cuestiones hidráulicas se afanan, entre otros frentes, en minimizar el impacto de los fenómenos naturales. «Conocer de antemano el riesgo hipotético permite aplicar medidas de corrección a las infraestructuras, lo que permite estar mejor preparados ante un nuevo tsunami, por ejemplo», resumía Losada, que intervino junto a Tony Dalrymple, presidente de la American Society of Civil Engineers (ASCE) y Patrick Lynett, experto en huracanes e inundaciones, en un encuentro con los informadores.

También se reconoce, sin embargo, que frente a fenómenos tan extraordinarios «no sabemos cómo desarrollar estructuras que frenen esas masas de agua». De ahí que ante medidas que pueden fallar, como apuntaba Lynett, los trabajos también deben centrarse en «trabajar en la retaguardia»; es decir, activar sistemas de alerta temprana y crear infraestructuras que mitiguen los impactos si se produce ese fallo.El ejemplo es Japón, donde «pese a ser uno de los países mejor preparados para hacer frente a un tsunami, la ingeniería e infraestructuras puestas en práctica con anterioridad no fueron capaces de contener aquellas olas que tuvieron entre 20 y 30 metros».

De ahí que los expertos inciden en la importancia de medidas correctoras previas y en la necesidad de que quienes toman decisiones tengan en cuenta los modelos ingenieriles en los que se trabaja. Dalrymple advierte que resulta «difícil convencer» a los responsables de la planificación territorial del riesgo que corren algunas zonas costeras. Losada sostiene que el error parte de asociar probabilidad con riesgo de catástrofe. «Y si la probabilidad de que ocurra un fenómeno de esas características es baja, solo se piensa a corto plazo», dice el catedrático cántabro, «cuando lo que importa es el nivel de riesgo y la evaluación de daños». Losada se refirió a las costas gaditanas y onubenses, que en 1755 fueron afectadas por el tsunami de Lisboa. Hoy, con la planificación urbanística actual, podría ocasionar más de 200.000 muertos, circunstancia que Lynett se encargó de certificar pues apuntó que «aunque el Norte de España no se encuentra en zona de riesgo, sí lo está el Sur y la costa mediterránea».

«La gente olvida rápida, la memoria es corta», sentenció Losada, al tiempo que Dalrymple aportaba otros ejemplos: en Nueva Orleans o en Sumatra, cuya costa noroeste de la isla fue arrasada por un tsunami en 2004, han vuelto a construir edificios allí donde fueron arrasados y en la mayoría de los casos con las mismas medidas de seguridad que antes de las catástrofes.

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