El genio se hizo inmortal

El genio se hizo inmortal

JESÚS SERRERA

Los racinguistas que tienen la edad suficiente y el privilegio de haberlo visto en su esplendor en los viejos Campos de Sport no tienen dudas: Rafael Alsúa Alonso ha sido el mejor futbolista que ha vestido la centenaria camiseta. Era el talento puro y el carácter ganador, el líder que catapultaba al equipo hacia la victoria o el mago que resolvía personalmente el partido, el organizador de juego adelantado a su tiempo, el dueño de los espacios y de un dribling endiablado, La raspa la inventó Alsúa con el balón, cantaba El Sardinero en las tardes memorables. Llegó, se fue, volvió dos veces, y al final de su larga carrera eligió quedarse en Santander, donde su nombre se hizo inmortal para el fútbol.

La leyenda había nacido en Irún (9 de mayo de 1922), precisamente donde el Racing había encontrado sus primeras camisetas en el año 13 y hasta la idea para el nombre en el Racing Club de Irún. El niño travieso y con maneras de buen pelotari era hijo de Alberto Alsúa, apoderado de Aduanas, y de Benedicta Alonso, una carnicera con tanto carácter para el negocio como para defender a sus vástagos por los campos de fútbol. Porque Rafael tenía un hermano mayor, Antonio, un extremo derecho con clase y temperamento que jugó varias temporadas en el Real Madrid de los años 40.

Rafael pasó del Bidasoa al Real Unión (1940/42), donde jugó en Segunda División, antes de iniciar un largo itinerario con su sello imborrable: un futbolista genial con un genio de mil demonios. Pero era también un hombre afable fuera del fútbol.

El breve paso por Osasuna (1942-1943) precedió el salto al Real Madrid (1943-1944) donde coincidió con su hermano, pero jugó poco y salió tarifando con el mítico Santiago Bernabéu. Después el Córdoba, la Gimnástica Burgalesa y el Valencia. El equipo che salió campeón de Liga (1946-1947), pero Alsúa no jugó ningún partido por la gresca continua con el entrenador Pasarín y emigró con destino a la Real Sociedad (1947-1949).

Atención: 10 de julio de 1949. Rafael Alsúa firma con el Racing, presidido entonces por Manuel San Martín, por 800.000 pesetas. Una cifra sideral para la época, máxime en Segunda División.

Comenzaba cuando aquello una gran época, la de aquel equipo legendario que batió todos los récords en su marcha imperial hacia Primera con un fútbol primoroso. Aquel equipo que recitan de memoria los viejos racinguistas, empezando por Ortega, terminando por Echeveste y con Alsúa reinando con el número 10 que el gran Orizaola inmortalizó en sus caricaturas.

Rafael Alsúa jugó en el Racing en tres etapas, un hecho inédito en nuestro equipo centenario. Fue de nuevo a San Sebastián y regresó para tres temporadas. Coincidió brevemente con un jovencísimo Paco Gento, a quien auguró que sería el mejor extremo zurdo del mundo. A continuación fue a Oviedo y a Jaén, y retornó a Santander, ya con 35 años, pero todavía con fútbol y con goles, 10 en 18 partidos. Con 32 había debutado en la selección con victoria y gol contra Turquía (4-1). Solo jugó otra vez más con La Roja, con derrota (1-0) ante el mismo rival. En el Racing disputó 152 partidos oficiales y anotó 47 goles. Fue verdugo frecuente del Barcelona en Liga y Copa en heroicas remontadas y aún se recuerda su famoso corte de mangas a Ramallets tras hacerle un gol decisivo. Samitier le quiso llevar al Barça, pero no le convenció la oferta.

El genio volvió a Irún para colgar las botas y poco tiempo después se estableció en Santander, donde regentó una tienda de deportes y hasta aceptó dirigir al Racing los tres últimos partidos de la campaña 1964-1965. En enero de 1994 sobrevino la tragedia: Alsúa murió a consecuencia de una agresión cuando se encontraba ingresado en la clínica de Santa Clotilde. Buscaron a su hijo Rafael, desaparecido tras lo sucedido, y pocos días después también apareció muerto en la playa de La Magdalena. En la capital cántabra vive otra hija, María Ángeles, y una calle de La Albericia lleva el nombre del inolvidable futbolista. «No le vi jugar, cuando se retiró yo apenas tenía dos años. Pero me parece increíble, y muy emocionante, que todos los racinguistas se acuerden de mi padre después de tanto tiempo», dice María Luisa Alsúa.

El gran Alfredo Di Stefano jugó frente al Racing su primer partido oficial con el Real Madrid en septiembre de 1953. Sesenta años después, la Saeta Rubia recuerda muy bien que les costó ganar 4-2 a un gran equipo, que él marcó un gol de cabeza y otra cosa más: «Alsúa era una maravilla». Amén.

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