El juez que se quita la toga en Liébana

Pablo Ruz, encargado del caso Bárcenas, es oriundo de Potes, donde acude a menudo para ver a su familia

ÁLVARO MACHÍNSantander
El juez Pablo Ruz./
El juez Pablo Ruz.

En la entrada de la Audiencia Nacional hay cuatro o cinco escalones. Pocos segundos para ver de cerca a un tipo que siempre parece tener prisa. En su carrera, en el despacho y ante las cámaras de los periodistas. No sobran planos ni fotografías sin toga de Pablo Rafael Ruz Gutiérrez (Madrid, 28 de noviembre de 1975). Cuando entra al edificio suele llevar las manos en los bolsillos y arrastra un aire meditabundo. Lo fácil es pensar que el juez lleva la cabeza llena de Bárcenas, Gurteles y Marbellas, pero si leyeran su mente en ese rato, tal vez se encontraran con un buen cocido, un paseo por el lago Curavacas o un "cole" en la playa de Gerra. Porque el juez Ruz, el magistrado silencioso que sustituyó a Garzón y que ha sentado al tesorero ante la justicia, es uno de tantos madrileños con "pueblo". Y el suyo es Potes.

Es curioso. Las líneas vitales de Ruz y Bárcenas ya tenían un vínculo antes de que el tesorero se plantara ante el juez para decirle que no eran 22 sino 38 los millones guardados en el país de los relojes. El vínculo, de tipo geográfico, está en Cantabria, aunque a él llegaran por caminos muy distintos. Luis, de casualidad, pero haciendo ruido. Senador por el Partido Popular en dos legislaturas que salía en las fotos de campaña bien acompañado por quienes ahora dicen no conocerle. Nada de sigilos por entonces. Pero Ruz es "oriundo". Lo pone en todas las biografías que circulan por la red y que actualizaron cuando su nombre empezó a sonar con fuerza en los telediarios. Es hijo de lebaniega afincada en Madrid, María. «Y padre también lebaniego, pero de adopción», cuentan en voz baja los que le conocen. Porque contar contar, cuentan muy poco. Está en las antípodas del "juez estrella" y las peticiones de entrevista no pasan de su secretaria. Él no habla y sus allegados tampoco. Discreto y celoso de su intimidad, sus habituales visitas a Liébana nunca despertaron demasiado barullo. Y eso que lleva años viniendo. Desde crío, casi cada verano. Rodeado siempre de familiares y, desde luego, evitando toda conversación que tenga que ver con sentencias, delitos y sumarios. Si sale un tema escabroso, Ruz coge la misma velocidad que en las escaleras del juzgado.

Pocos saben allí que se "fogueó" en los juzgados de Navalcarnero y que en abril de 2008 fue designado para sustituir temporalmente a Juan del Olmo, instructor del 11-M, en la Audiencia Nacional. Ahí ya dio muestras de un carácter que maneja con igual solvencia la humildad y la firmeza. No le tembló el pulso a la hora de abrir diligencias a De Juana Chaos por enaltecimiento del terrorismo ni al mandar a prisión a Juan Antonio Roca en la "operación Malaya". Tenía 33 años y sus decisiones ya estaban en las portadas.

Pero el gran salto llegó en junio de 2010. La Comisión Permanente del CGPJ le designó por unanimidad para sustituir a Baltasar Garzón. Mucha presión. Por eso, a Cantabria viene, hoy en día, a relajarse. Y tiene lugar predilecto. Los puertos de Pineda, a orillas del río Carrión. El sitio de su recreo. Hace un par de años hizo una de sus últimas excursiones a una zona que conoce bien. Sabe, por ejemplo, que allí, en verano, pasta el ganado de los vecinos de Vega y Cabezón de Liébana. Ha pasado más de una noche en alguna de las numerosas cabañas que salpican el paisaje. Y, seguro, que de todo eso, de una gran afición montañera, les ha hablado alguna vez a sus tres hijos y a su mujer. Puede que hasta en uno de sus ratos de tranquilidad en las alturas haya practicado los acordes. Porque entre sus pasiones están la guitarra española (cuentan que escucha mucha música y que toca), jugar al fútbol y la novela negra.

Tiene familia en Potes -regentan un par de ferreterías y y un bazar de regalos- y se rodea de primos y tíos para subir a Dobres, a los Picos, alternar por el pueblo o coger el coche y llegarse hasta San Vicente de la Barquera. Allí, cuando toca playa. Y, a la mesa, gastronomía lebaniega. En sentido amplio, pero especialmente cuando se trata de comer un cocido, uno de sus platos preferidos. La sopa, los garbanzos, el compango... Sabe manejarse.

Pero todo, con discreción. Absoluta. Porque el sigilo de sus actos más allá de la toga y lo aprendido en la Universidad Pontificia de Comillas está extendido entre los Gutiérrez. «Es que es muy discreto. No le gusta nada que se hable de él y que se sepan cosas de su vida privada».

Nadie suelta prenda para contar anécdotas, costumbres o descubrir amigos de la infancia. Se supo que para sus últimos días libres eligió el sur de Gran Canaria. Fue hace bien poco y, más que nada, porque en la isla fue ponente de unas jornadas sobre blanqueo de capitales. Tocaba un poco de calor para olvidarse de Faisán, Malaya, Gürtel, Bárcenas y SGAE, los casos que le han dado un traje de fama que se quita en cuanto puede. En cuanto puede venir a su querida Liébana.

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