«Creía que me iba a morir ahí»

El cántabro Francisco Taronjí logra salvar su vida tras naufragar su kayak trimarán en medio de una gran tormenta, frente a Túnez

NACHO GONZÁLEZ UCELAYSantander

El periodista y aventurero santanderino Quico Taronjí fue encontrado ayer vivo tras desaparecer el domingo por la noche a diez millas de las costas de Túnez, donde una tormenta hizo pedazos el kayak trimarán en el que navegaba y con el que pretendía atravesar en solitario todo el mar Mediterráneo: de Algeciras a Estambul. Aturdido por el naufragio, que le colocó al mismo borde de la muerte, pero muy feliz por poder contarlo, el presentador, que ayer descansaba en un hotel tunecino a la espera de poder regresar a España, suspira: «He vuelto a nacer».

Colaborador de España Directo y El Día por delante y copresentador de La vuelta al mundo en directo, Quico Taronjí había decidido vender todas sus pertenencias y lanzarse al mar a bordo de una embarcación kayak trimarán de seis metros para surcar el Mediterráneo, toda una aventura a mar abierto que el santanderino había emprendido en solitario y sin apoyo logístico y que el domingo se vio violentamente interrumpida por un temporal que acabó con su sueño y que casi acaba con él también.

Taronjí, que había navegado ya un tercio de la ruta llevada por Serrat a la cima de la música española, abordaba una nueva etapa entre Cerdeña (Italia) y Bizerta (Túnez) cuando «todo se torció».

Reconoce el presentador que las previsiones de tiempo no se estaban cumpliendo, que se había retrasado y que no iba a poder esquivar el fuerte temporal que se avecinaba, así que decidió tirar a la costa. «Jamás había visto un temporal así. Había vientos de 50 nudos y olas de hasta seis metros», dice dibujando «un auténtico infierno» en la mar, que puso a prueba la capacidad de resistencia del aventurero cántabro. «Me planteé si había llegado mi hora», reconoce.

Ingobernable

Sus problemas empezaron cuando una de las olas le partió un patín de la embarcación. «Intenté repararlo, pero el oleaje no me dejaba, así que decidí dejarlo y agarrar el timón para mantener enderezado el trimarán», que, a pesar de su empeño, acabó convirtiéndose en una embarcación «ya completamente ingobernable». Viéndose en una situación límite, Taronjí, al que sus sistemas de comunicación también dejaron tirado, sacó su teléfono móvil y llamó a una amiga.

«Le dije lo que estaba sucediendo, le di mis coordenadas y le pedí que llamara a los Servicios Marítimos de España y Túnez» para que organizaran su búsqueda.

Solo, porque ninguna embarcación de rescate consiguió acercarse nunca hasta la posición que él dio, y desarmado frente a un temporal que arreciaba por momentos jugando con él y con su maltrecha embarcación Taronjí tuvo que lanzarse al agua varias veces para poder enderezar el trimarán el aventurero hubo de enfrentar otro problema del tamaño de un mercante: «Cuando estaba peleando con el temporal vi aproximarse un barco de frente. Venía directo hacia mi», dice el presentador, que, entonces, se vio obligado a tomar una decisión drástica. Salir de allí.

«Corté los brazos del trimarán, porque ya no me servían para nada, estaban colgando y eran un lastre, y decidí navegar hacia la costa» asumiendo los riesgos que ello entrañara («no sabía qué tenía delante») y perseguido por un nuevo problema: La hipotermia. Además de dejarle con las fuerzas «muy justas», el temporal inutilizó los efectos térmicos del traje de neopreno que vestía. «Tuve que rajarlo a la altura de un pie para evitar bolsas de aire», relata el navegante santanderino. «Chupé mucho frío».

En la playa

Exhausto, agarrotado, aterido y convencido de que «me iba a morir ahí», el presentador logró aproximarse a la costa, donde, en plena oscuridad, «intenté buscar una zona alejada de los arrecifes, una playa o un claro», para aterrizar una embarcación lanzada por las olas que para ese entonces no era ni trimarán ni catamarán ni nada. Si acaso, una tabla de surf a la que Quico iba aferrado huyendo de otro problema: se ahogaba. «No podía más. Las olas estaban pudiendo conmigo. Sabía que estaba muy cerca, pero yo ya no podía más», asegura el aventurero, que, saliendo de una notó que tocaba suelo. «Di con la rodilla en la arena y pensé: ¡estoy en tierra! ¡estoy en tierra!», recuerda Taronjí, que entró en la playa «a gatas» porque no podía «ni ponerme de pie».

Reventado, pero a salvo, el presentador decidió hacer un vivac. «Hacía un frío espantoso, horrible, y estaba granizando, así que hice un hoyo y me enterré en la arena». El cántabro, que se tapó la cabeza colocándose el chaleco salvavidas «como si fuera un pequeño tejado», pasó la noche de tal guisa hasta que al clarear vio más vida que la suya. «Vi acercarse a un hombre paseando, le conté lo que me había pasado, me recogió, me ayudó a levantarme, me llevó a un pequeño chamizo y allí me dejó darme una ducha, me dio de dinero y me puso en contacto con el consulado español», que ya tramita el regreso al país de Taronjí, el aventurero.