El mar pega otra dentellada al Sardinero

El temporal agrava el socavón de la Segunda y reabre que el que acababan de reparar en Piquío | Las olas revientan los parapetos que habían colocado en los restaurantes de primera línea, que acabaron destrozados e inundados una vez más

M. ÁLVAREZSantander
Vista de los daños causados por el oleaje en el paseo de la Segunda playa de El Sardinero./ Foto: Celedonio | Vídeo: Héctor Díaz/
Vista de los daños causados por el oleaje en el paseo de la Segunda playa de El Sardinero./ Foto: Celedonio | Vídeo: Héctor Díaz

El temporal del mar desplegó toda su furia a lo largo y ancho de El Sardinero, sin defraudar a las hordas de caza desastres. Hubo olas saltando sobre los tejados de los restaurantes de primera línea, playas desaparecidas, agua cruzando la carretera, remojones de los inconscientes que miraban tras las barandillas... y desolación entre los damnificados, los mismos del 2 de febrero. Aunque parapetaron sus maltrechos locales con tablones, sacos y puntales, el mar hizo de las suyas causando aún más daño. Y ha vuelto a pegar su dentellada al paseo de El Sardinero, relamiendo sus frágiles cimientos de arena.

Las nuevas embestidas han agravado la situación del socavón de la Segunda (junto al restaurante El Parque) y han reabierto el de Piquío, que acababa de ser reparado. César Vidal, catedrático en Ingeniería Hidráulica y experto en morfodinámica de playas e ingeniería de costas, explicaba que el agua del mar que ha superado el muro en aquella zona del paseo se ha ido colando por el socavón y ha ido llevándose la arena que hay debajo. Anoche, este investigador no tenía la seguridad de que el socavón aguantase hasta hoy teniendo en cuenta que al muro aún le quedaba soportar la pleamar de esta madrugada durante la que seguiría coincidiendo con el fuerte temporal. Raúl Medina, director del Instituto de Hidráulica Ambiental, asentía porque también albergaba muchas dudas de que resistiese el muro del paseo y la acera no se viniera abajo; recuerda que el mar se está llevando la arena que hay por debajo de los cimientos, que se están quedando al aire, y que por ello corre peligro el muro del paseo.

Anoche, no obstante, el socavón había sobrevivido al embate de la pleamar. Una vez que se pudo realizar una primera inspección visual el concejal de Protección Civil de Santander, Antonio Gómez, señaló que el hundimiento de la acera no había crecido en cuanto a dimensiones. Pero mientras éste parecía resistir, al menos aparentemente, en cambio se reproducía el socavón que se había reparado hace quince días en un extremo del paseo de la Segunda playa, junto a Piquío. Entonces se abrió la acera porque el peso de las máquinas que entraron a reparar una avería en el colector venció el terreno, hueco por debajo debido a la erosión de los temporales; ayer sucedió otro tanto solo que sin máquinas: el temporal ha vuelto a descalzar aquel punto del paseo, la acera ha perdido el apoyo y se ha vuelto a venir abajo solo.

Olas imparables

Y es que todo El Sardinero es un reguero de destrozos. Hasta en el Balneario de La Magdalena, que se libró en el anterior temporal, el mar dejó su impronta. A las seis de la tarde una ola descomunal les rompió las dos puertas de acceso a la cafetería e inundó todo el local. Tan confiados estaban que ni siquiera habían retirado del todo el mobiliario de la terraza. Parte de las sillas que tenían apiladas se fueron mar adentro y las olas también derribaron una esquina de la balaustrada de piedra de la explanada que da acceso a la zona. Los daños más importantes se registraron en las cabinas donde se cambian los bañistas, que quedaron completamente anegadas. La fuerza del mar arrastró hasta pedruscos rampa arriba.

En la discoteca BNS no sirvieron de nada los enormes tablones apuntalados contra las cristaleras. Todo se vino abajo otra vez. Las lunas ya estaban rotas así que, tumbadas las barreras, el mar volvió a colarse dentro del local inundando de nuevo, también, las cocinas del restaurante. Los responsables del establecimiento acababan de reparar los electrodomésticos, averiados tras el temporal del día 2 de febrero, y ayer les ha vuelto a ocurrir lo mismo.

Más allá, en el restaurante El Parque la desolación es completa. Ha sido, posiblemente, el local más afectado de toda la franja, ya que después de ver cómo las olas destrozaban en febrero todo el establecimiento por dentro, ahora los estragos también se acumulan en el exterior. La mar ha derribado la fachada de la cocina, que da a una de las terrazas. El muro no soportó la fuerza del tsunami y se vino abajo, inundándolo todo otra vez. También aquí habían invertido toda la mañana en hacer frente a la que se veía venir, apuntalando cristaleras y colocando diques... que de nada sirvieron. Asimismo se ha arruinado la nueva instalación eléctrica y las máquinas recién reparadas deberán arreglarlas por segunda vez.

En El Cormorán, los tres ventanales que acababan de reponer, acabaron destrozados de nuevo y los tablones que colocaron para protegerlos simplemente desaparecieron. Se desplomó el techo del office, el agua arrancó todo el suelo de la cocina y hasta rompió la chimenea, situada a seis metros. La inundación alcanzó un metro de altura y hasta la taberna de la planta superior acabó anegada por el agua que se coló a través de los ventanales.

El aparcamiento del Lupa se convirtió en un enorme lago marrón. Aunque este supermercado consiguió librarse por estar algo elevado, su vecino, el BM, no. Y eso que a última hora de la tarde celebraban el buen resultado de las barreras que habían colocado. Ni una gota había dentro. Pero a las nueve de la noche, cuando parecía que lo peor había pasado, una ola inmensa arrastró más agua hasta la zona y comenzó a filtrares entre los sacos de arena. Ya tenían tres centímetros de altura. Y subiendo.

Calles cerradas y sacos en las puertas

Calles cerradas, sacos de arena en bajos y garajes, polideportivos vacíos y desfiles de carnaval suspendidos. El temporal Christine obligó ayer a los ayuntamientos costeros de la región a activar sus dispositivos de prevención más altos. Una medida que ya se ha convertido casi en una rutina durante este invierno. Apenas un mes después de la borrasca Nadja, los agentes de la Policía Local, Guardia Civil, bomberos, Policía Nacional y especialistas de Protección Civil tomaron de nuevo las calles para intentar limitar los daños materiales y evitar que las olas y el viento arrastrasen a alguien.

En Santander, con un Sardinero anegado por el agua, el Ayuntamiento desplegó a treinta efectivos. El primer paso del operativo fue cerrar la Avenida de Manuel García Lago al tráfico de vehículos excepto los residentes, así como los accesos al aparcamiento del Camello, a la Península de la Magdalena, al Parque de Mataleñas y a la isla de la Virgen del Mar. También se restringió el acceso peatonal al aparcamiento del Camello desde las escaleras existentes en la Avenida de Reina Victoria, así como a la Segunda Playa del Sardinero, desde el Parque de Mesones. Esto no evitó que decenas de curiosos se acercaran casi a primera línea de playa para ver el espectáculo.

Camargo, Laredo, Castro Urdiales, Suances y Arnuero se prepararon también para lo peor. En Camargo se cerraron alles, se suspendieron las actividades deportivas al aire libre y el desfile de Carnaval y se trasladó el resto de actos festivos al pabellón Pedro Velarde. En Laredo se retiró de forma urgente la carpa de los festejos, se prohibió el paso a la zona portuaria y se colocaron sacos de arena en los accesos directos al mar para evitar inundaciones.

El Ayuntamiento de Castro Urdiales optó por tapiar los edificios más cercanos a la playa y cerrar el acceso rodado y peatonal al paseo marítimo. También impidió aparcar en zonas de riesgo como La Atalaya o los Hierros, donde el último temporal causó numerosos destrozos.

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