Los autobuses se atascan en los despachos

El servicio de transporte público de Torrelavega y Castro Urdiales enfrenta a políticos en un debate opaco que no da respuesta a las necesidades reales de los usuarios

VÍCTOR PUENTESantander

Torrelavega y Castro Urdiales, con más de 50.000 habitantes, comparten la problemática de un servicio de transporte público deficitario que suscita numerosos enfrentamientos políticos. El Torrebús nació en 2011 con la idea de ser usado en su primer año por más de un millón de viajeros, pero las expectativas no se alcanzaron. En Castro Urdiales, los problemas que han rodeado al Castrobús responden a las dificultades de dar servicio a una población dispersa y alta. Ambos municipios luchan ahora por reducir el déficit atrayendo a más usuarios. Pero el viaje no se libra de las disputas políticas, que se desvían del seguimiento que hay que hacer de las necesidades de movilidad de los vecinos. Un autobús de la flota del Torrebús en Baracaldo o el retraso en la licitación del servicio del Castrobús son los últimos ejemplos. Pero ¿qué se esconde detrás de tanto jaleo entre partidos?

Torrelavega, de menos a más

En la época de Ildefonso Calderón, Torrelavega adjudicó el servicio de transporte público por 1.577.000 euros por la necesidad de unificar las diversas concesiones particulares y modernizar la flota. Catorce vehículos, seis líneas, cuatro recorridos, transporte escolar y retirada de vehículos. Esa fue la tarjeta de presentación de un servicio que dio empleo a 32 trabajadores.

Los problemas del servicio comenzaron con un estudio de la Universidad de Cantabria que preveía más de un millón de viajeros durante su primer año. El cálculo no se ajustó a la realidad, ya que 365 días después, los datos hablaban de 338.000 pasajeros, un 70% menos de lo previsto, y unos ingresos de 643.000 euros menos de lo inicialmente hablado.

El actual equipo de Gobierno (PRC-PSOE) achaca a un error en el estudio que no tuvo en cuenta la cultura de movilidad de los torrelaveguenses. Por su parte, la oposición argumentan que heredaron el proyecto a medio hacer a tres meses de su presentación.

"Se empezó sin paradas. Colocaron una para hacerse la foto. Los precios públicos estaban sin publicar y ni siquiera existían puntos de venta. Los autobuses no estaban en verano en España y llegaron con matrículas extranjeras", recuerda Alejandro Berjano, concejal de Transportes por aquel entonces.

El Torrebús necesitaba pasar por la UVI tras un caótico inicio. Se modificaron líneas para dar prioridad a los viajes del extrarradio al centro, y se consiguió rebajar en 200.000 euros el déficit.

Los populares apuestan por mantener el actual sistema de líneas para garantizar el buen funcionamiento del Torrebús. En cambio, los socialistas proponen mejorar las rutas que más usan los vecinos (Sierrallana y centros comerciales) y modificar los horarios conforme a las necesidades de los usuarios.

Castro espera un nuevo contrato

Con 30.000 habitantes censados pero 60.000 reales repartidos en 15 kilómetros entre el núcleo urbano y 9 juntas vecinales, Castro se vio obligado a contratar un servicio de transporte público en 2003.

Comenzó con una sola línea urbana que trascurría por el centro sin apenas déficit. Pero la dispersión de la elevada población hizo que el Ayuntamiento ampliara el servicio. El resultado es un déficit de unos 400.000 euros para transportar a unas 600.000 personas al año.

Oposición y equipo de gobierno se enzarzan por demostrar quién ha conseguido reducir más déficit en estos once años. Mientras tanto, el Castrobús necesita un nuevo contrato que ajuste el servicio a las necesidades de movilidad de los vecinos.

El actual concejal de Transportes, Peru Zaballa (PP), apuesta "por combinar las líneas de las juntas con otras líneas regionales que también transportan pocos viajeros". Su rival político, el socialista Dani Rivas, ve necesario "doblar los esfuerzos de inversión en el transporte público para seguir creciendo como ciudad".

Más allá de la gresca política que envuelve a este servicio en Torrelavega y Castro Urdiales, la solución para economizar el transporte público pasa por "controlar las necesidades de movilidad" de los vecinos mediante estudios "constantes" que tengan en cuenta "el calendario, el itinerario y el horario de la población". Así lo explica Angel Ibeas, director del departamento de Transportes de la Universidad de Cantabria, quien señala que el elevado coste de este servicio no debe ser motivo para dejarle de lado. "El transporte público es vital desde el punto de vista socioeconómico para el desarrollo de una ciudad", enfatiza.