Operación policial contra otra banda de ladrones de viviendas

Los agentes sacan una decena de bicis del chalé del barrio Mortera-La Puntanía. /
Los agentes sacan una decena de bicis del chalé del barrio Mortera-La Puntanía.

Agentes de la unidad de élite de la Guardia Civil y efectivos de fuera de Cantabria, apoyados por policías nacionales, ejecutan un registro relámpago en un chalé del centro del pueblo

ÁLVARO SAN MIGUELSantander

La Guardia Civil golpeó ayer con fuerza inusitada a otra banda especializada en delitos contra el patrimonio. A las diez de la mañana, furgones de la Benemérita y de la Policía Nacional bajaban a toda velocidad desde el Alto de El Cuco por la carretera CA-303 en dirección a Mortera y rompían la tranquilidad de la pequeña localidad dormitorio, casi desierta a esa hora de un lunes. El objetivo de los agentes era un chalé individual, oculto tras unos setos de más de tres metros, en el barrio Mortera-La Puntanía, a solo unos metros de la carretera que comunica el pueblo con Liencres.

Los pocos vecinos que quedaban en la zona y que se asomaron a la calle al escuchar el rugido de los motores fueron testigos de un despliegue poco frecuente. Los primeros en bajar de los potentes todoterreno iban cubiertos con pasamontañas y armados hasta los dientes: se trataba de los efectivos de élite de la Guardia Civil en Cantabria, la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia (Usecic). Junto a ellos iban agentes de la Policía Judicial, efectivos procedentes de otra comunidad autónoma que la Guardia Civil no desveló porque la investigación sigue abierta y policías nacionales, que no suelen actuar fuera de Santander y Torrelavega aunque en este caso, según precisó el propio CNP acudieron en apoyo de la Guardia Civil.

La presencia de agentes de fuera de Cantabria indica que se trata de una operación nacional, y la participación de la Usecic y CNP apunta a que los inquilinos del chalé podían ser peligrosos y responder con violencia. La Guardia Civil no quiso dar detalles de la operación ni aclaró el número de detenciones. La Benemérita se limitó a señalar que se trataba de un registro relacionado con «hechos delictivos contra el patrimonio». Una definición genérica que abarca una gran variedad de crímenes, pero que otra fuente interna relacionó con la epidemia de robos con fuerza en viviendas.

En el transcurso de la operación, los agentes llegaron a cortar la calle y ni siquiera pudieron acercarse peatones para asegurar el perímetro y proteger a los vecinos. «Había tal despliegue que pensamos que habían encontrado a unos islamistas», reconoció un residente, que también ofreció algunos datos de los inquilinos del chalé registrado: «La casa estaba alquilada y son gente joven, con perros de raza pitbull, y han tenido algún conflicto con los vecinos».

El registro e incautación de material continuó durante todo el día y a primera hora de la tarde los agentes sacaban de la casa casi una decena de bicicletas. Uno de los vecinos que contemplaba la escena admitía que no sabía nada de los supuestos ladrones de viviendas: «Mortera es un pueblo dormitorio. La gente va y viene y muchas veces no sabes a quién tienes de vecino».

Crisis de seguridad

La sensación de seguridad ciudadana, uno de los cimientos del estado de bienestar, tocó fondo en Cantabria en 2012. La comunidad autónoma se convirtió aquel año en la región donde más habían crecido los robos con fuerza en domicilios un 111% más que el año anterior y la población comenzaba a sentirse amenazada en su propia casa. La Delegación de Gobierno asumió la situación de crisis, pidió refuerzos para desplegar controles preventivos en toda la región y consiguió frenar la oleada de robos en viviendas que estaba desatando la alarma social.

Desde entonces, el goteo de operaciones contra los clanes especializados en este tipo de delitos contra el patrimonio ha sido constante. La mayoría de los detenidos vienen de Europa del Este y forman parte de bandas itinerantes que aprovechan las autovías para organizar robos en serie en una zona y replegarse a sus escondites antes de que los puedan localizar.

A pesar de las dificultades que supone arrinconar a las bandas que trabajan con este modus operandi, las operaciones constantes de Guardia Civil y Policía Nacional han conseguido despojarles de la sensación de impunidad con la que atacan, y lo que es más importante, ha conseguido frenar la tendencia que desató la alarma en 2012. Desde entonces, la cifra siempre ha bajado: 1.004 robos en 2012; 905 en 2013 y 861 en 2014.