Muere un matrimonio de Ajo tras despeñarse en coche por un acantilado de unos 100 metros

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El accidente se produjo en los acantilados de Brenas. / Vídeo: Sane

  • El vehículo se precipitó por causas desconocidas por el barranco de Brenas (Galizano)

Bareyo es un Ayuntamiento de la comarca de Trasmiera que tiene 2.000 habitantes, una población que ayer se vio conmocionada cuando supo que un matrimonio del municipio había muerto tras precipitarse con el vehículo que ocupaban por el acantilado de Brenas (Galizano, Ribamontán al Mar). Los equipos de rescate lograron recuperar los cuerpos sin vida de Manuela Pérez Lejarreta y de su esposo Ciriaco, que fallecieron después de caer al vacío por una pendiente de cien metros de altura por causas aún desconocidas. Era la una de la tarde cuando se localizó el vehículo y aunque aún no se ha precisado la hora en la que se produjo la caída, se estima –por los testimonios de los vecinos– que podría haberse producido al menos 12 horas antes.

Manuela y su esposo Ciriaco –ella de 66 años de edad y él de 60– vivían en Ajo (Bareyo) donde eran unas personas muy conocidas por haber regentado hasta hace poco el bar Los Espinos y por haber vivido siempre en esta localidad, donde ayer la conmoción era más que evidente entre sus habitantes.

Las circunstancias en las que se produjo el trágico suceso dieron, además, pábulo a la confusión. Pronto –muy poco después de conocido el accidente– se supo que en el acantilado de Brenes, muy cerca de este pueblo, había caído al vacío un automóvil de la marca Alfa Romeo, de color negro, con bastantes años de antigüedad, y que sus ocupantes habrían muerto. Localizar a la propietaria de este vehículo, en una población donde todos se conocen, fue fácil. Tanto que se pensó en un primer momento que la víctima era la dueña del Alfa Romeo.

La noticia corrió como la pólvora hasta que se constató, ante la sorpresa de los vecinos, que la propietaria del coche no ocupaba su propio vehículo en el momento del accidente. También pronto se supo –posiblemente por su mismo testimonio– que esta mujer, también vecina de Bareyo, había pedido a su amiga Manuela que le permitiera aparcar su coche –el Alfa Romeo– en una plaza de garaje de su propiedad, debido a que el viejo automóvil tenía algún problema. Se desconoce el motivo por el que la pareja –Manuela Pérez y su esposo Ciriaco– decidió subir al coche de su amiga y en él, conducir hasta el cercano paraje del acantilado de Brenes en Galizano, un paraje singular, no excesivamente frecuentado por los turistas.

Hallados por un paseante

Lo que no se sabe de momento –habrá que esperar a los resultados de las indagaciones policiales y periciales– es el motivo por el que el coche, a una hora aún indeterminada, se precipitó por el acantilado, cayendo en picado entre 80 y 100 metros en vertical hasta tocar la línea del mar.

Nadie debió presenciar lo ocurrido porque fue un paseante, una persona que daba una vuelta por la zona, la que vio un vehículo accidentado al mediodía de ayer jueves en una zona seca en la parte baja de la costa, dando aviso del hallazgo a la Guardia Civil.

Fue entonces cuando se movilizaron todos los efectivos. La Benemérita informó a su vez al Centro de Atención a Emergencias 112 del Gobierno de Cantabria. Desde allí se movilizó de inmediato al equipo de rescate helitransportado del Ejecutivo cántabro, a los bomberos de Santander, a la Policía Local, a los voluntarios del Protección Civil y a los sanitarios del 061, que se sumaron a los miembros de la Guardia Civil que acudieron al lugar donde se encontraba el coche, accediendo al lugar tanto desde tierra como desde el mar.

Con los efectivos ya en el lugar, el helicóptero bajó el material necesario para proceder al rescate de los cuerpos que se preveía que estaban enclaustrados en el coche. Utilizando en la operación de rescate una grúa, el personal rescatador y el médico de la aeronave accedieron al lugar del siniestro. Por tierra, al mismo tiempo, descendieron por el acantilado efectivos de la Guardia Civil y de los bomberos de Santander. Estos últimos fueron quienes excarcelaron los cuerpos del malogrado matrimonio –que encontraron con los cinturones de seguridad puestos–.

La noticia del doble fallecimiento de los vecinos de Ajo se propagó rápidamente por todo el municipio de Bareyo. «Manuela estaba enferma y había atravesado una seria dolencia –un cáncer– que arrastraba desde hace dos o tres años», explicaba ayer un vecino, visiblemente afectado. Un hijo de la pareja, que se encontraba de vacaciones en Sudamérica, fue informado de lo sucedido de inmediato.

Ahora serán los peritos judiciales y los forenses quienes pueden aportar luz sobre lo sucedido en el acantilado de Brenes en unas circunstancias que muchos vecinos tildaban ayer de «extrañas».