La filosofía o la vida

Emma Stone y Joaquín Phoenix, en una escena de la película.

La película anual de Woody Allen muestra a un profesor decepcionado que revive junto a la brillante Emma Stone

BORJA CRESPO

No hay prácticamente año en el que no tengamos una película del incombustible Woody Allen, el hombre que trabajaba demasiado. Un creador incansable que prefiere escribir y rodar sin parar para «no pensar en la muerte», tal y como él mismo suele comentar en las entrevistas. En Irrational man vuelve a contar con un plantel de lujo, a lo que nos tiene acostumbrados. ¿Existe algún artista que no quiera trabajar con este cineasta? Joaquin Phoenix y Emma Stone llevan el peso de una historia que transcurre en un campus, donde un profesor de filosofía en crisis se lía con una alumna para insuflar energía a su existencia, algo que nos suena de algo al repasar la biografía del director de Manhattan.

Ficha técnica

País y año Estados Unidos (2015). Director Woody Allen. Reparto Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey. Duración 96 minutos. Web eonefilms.es .

Phoenix da vida al tutor en horas bajas. Ha tocado fondo, pero la irrupción en escena de una estudiante que parece corresponderle eleva su autoestima. Irrational man pudo verse en Cannes, donde quedó patente la atracción de Allen por el campo de la filosofía, desde que vio de adolescente las películas de Ingmar Bergman.

Allen recordó entonces que él no conocía a Nietzsche ni a Kierkegaard, filósofos de cabecera de Bergman, «pero ese material tuvo un efecto muy profundo en mí. Me fascinaban sus películas, las cuestiones que planteaban y los problemas que trataban. Posteriormente, con los años, fui leyendo cierta cantidad de filosofía y fui capaz de entender más claramente quién lo influyó y qué ideas estaba dramatizando».

Buen corazón

Phoenix habla sobre su personaje, un tipo sin norte que siempre ha intentado hacer algo positivo con su vida. «Se ha involucrado en acciones políticas y ha viajado a zonas de desastre por todo el mundo para ayudar a la gente. Pero le suceden cosas terribles y después de cierto tiempo empieza a tener la sensación de que nada de lo que ha hecho ha supuesto realmente ninguna diferencia».

El placer de la enseñanza queda amortiguado por su convicción de que muy pocos de sus estudiantes van a verse transformados por lo que aprendan en clase. «La mayoría vivirán vidas corrientes y no se pararán nunca a plantearse su existencia una vez aprueben su examen final».

Para Allen, la fealdad y el dolor de la existencia y las terribles flaquezas de la gente «han acabado agotando al protagonista. Se considera un fracaso como persona porque no ha sido nunca capaz de dejar huella. Ha escrito toda una serie de trabajos eruditos, pero ha llegado a un punto en el que ya nada de eso podría importarle lo más mínimo».