Joyas invisibles sin fecha de estreno

Queen of Earth.

Algunos de los mejores títulos de 2015 permanecen inéditos en la cartelera española a la espera de un distribuidor que no tema jugársela

DAVID LÓPEZ

Tal vez no sea oportuno patalear en exceso, porque los últimos trabajos de cineastas como Hou Hsiao-hsien o Yorgos Lanthimos han conseguido colarse en nuestras salas, o porque próximamente lo harán Hosoda, Zhangke o Ciro Guerra, pero hay un sinfín de realizadores que, por el momento, ni están ni se les espera a pesar de haber firmado obras notables. A bote pronto, sería conveniente mencionar los casos de 'Schneider vs Bax' (Alex van Warmerdam), 'Tag' (Sion Sono) o 'High rise' (Ben Wheatley), la adaptación de Ballard condenada de antemano a convertirse en una película maldita. También de 'Évolution', el hipnótico tercer largometraje de Lucile Hadzihalilovic, o 'Psiconautas', la mejor producción española del pasado año (siempre a juicio de este periodista). Nada sorprendente si tenemos en cuenta que aún aguardamos la llegada de 'The duke of Burgundy', 'Spring' o 'Ich seh, ich seh', tres propuestas dignas de la máxima atención que datan de 2014. Como nunca se sabe, hoy os recomendamos cuatro películas que nos maravillaron y no encuentran acomodo en la cartelera española.

Queen of Earth

De un plumazo, Alex Ross Perry ha logrado aturdir a todos aquellos que insistían en colocarle en el pelotón del mumblecore o que estudiaban su obra como si se tratase de un hijo bastardo de Noah Baumbach. Sus libretos, precisos y elegantes, y sus ácidas anotaciones sobre las relaciones interpersonales, que en no pocas ocasiones nos hacen pensar en un misántropo incurable, le sitúan antes en la estela de Whit Stillman que en la de su amigo Joe Swanberg. Como buen contrapunto al egotrip masculino que diseccionaba 'Listen up Philip', 'Queen of Earth' bascula entre el retrato retorcido del alma femenina que proponían los psicodramas de Bergman y Polanski, por un lado, y el terror de cámara, por otro. Perry persevera en su búsqueda de personajes narcisistas y de gran complejidad emocional, ensimismados en el resentimiento y el desencanto, siempre a punto de explotar. Aquí gran parte del mérito descansa en el duelo interpretativo que sostienen Elisabeth Moss, la inolvidable Peggy Olson de 'Mad men', y Katherine Waterston, cuya penetrante mirada Paul Thomas Anderson ya inmortalizó para la eternidad en 'Puro vicio'. La forma asume este juego de opuestos: Perry filma en plano secuencia y a medianoche a dos mujeres enfrascadas en sus soliloquios ante el infinito, las mismas que más tarde, en una secuencia luminosa que guía el trabajo de edición, comparten risas y confidencias. Como pesadilla claustrofóbica y atmosférica, no sorprende, pues, que el director estadounidense cite como influencia películas de auténtico culto como 'El carnaval de las almas' y ' La maldición de los Bishop' (ridícula traducción del original 'Let's scare Jessica to death'), de las que 'toma prestados' algunos pasajes (la escena de la fiesta nocturna, por ejemplo). Todo suma para la causa: el escalofriante score de Keegan DeWitt, saturado de reminiscencias del que compusiese Krzysztof Komeda para 'La semilla del diablo', la irrealidad onírica que hechiza sus imágenes gracias a la fotografía en 16mm de Sean Price Williams, el montaje de los flashbacks... Obviamente, babeamos con su futura adaptación de 'Los nombres' de Don DeLillo.

Bone Tomahawk

Un punto de partida: cuatro hombres bien distintos, pero a los que une un recio sentido del deber, emprenden una arriesgada travesía a través del desierto para rescatar con vida a la esposa de uno de ellos, raptada por una tribu de «malas bestias que violan y devoran a sus propias madres». Al contrario de lo que podríamos esperar en un principio de este material, no hay épica alguna en este viaje al corazón de las tinieblas. Otro western raro e intimista, de ritmo moroso, que se adentra de forma insólita en el reino de lo fantástico, y que, por tanto, no resulta difícil emparentar con 'Slow west', 'Jauja' o 'Meek's cutoff', rescatando en el mismo movimiento algunas ideas de la desdeñada 'Ravenous' de Antonia Bird. ¿Vaqueros y caníbales compartiendo plano? Sí, es posible, y nunca deja de sorprender: tras un arranque de tintes clásicos poblado de (anti)héroes hawksianos, 'Bone Tomahawk' se transforma en un trasunto de 'Centauros del desierto', colmado de dejes crepusculares y de diálogos irónicos y anacrónicos herederos de Tarantino, para sumergirse en el horror antropófago en su sanguinolento último tercio, hermanando con total vehemencia a Wes Craven y Ruggero Deodato. S. Craig Zahler, novelista de prestigio con varias incursiones en el género en su haber, jamás esconde sus intenciones, redondeando un reparto de campanillas (Kurt Russell, Richard Jenkins, Patrick Wilson y Matthew Fox) con cameos de viejas glorias de la década de los ochenta como Sid Haig, Sean Young, Michael Paré o James Tolkan.

The witch

El filme que inauguró el pasado Festival de Sitges, meses después de causar sensación y recibir un premio gordo en Sundance, es de los dejan una impronta indeleble en sus destinatarios. Un tour de force espeluznante que encandilaría a Rob Zombie y que ofrece una lectura esotérica de aquello que Shyamalan planteaba en 'El bosque'. La premisa: un hombre obcecado en su fe ciega e intransigente abandona la comunidad a la que pertenece para autoexiliarse junto a su familia a una granja aislada en la Nueva Inglaterra del siglo XVII, un lugar inhóspito donde la ominosa atmósfera de omertá religiosa pondrá a prueba la cordura del clan. Este contexto de paranoia y opresión proporciona a su director, el joven Robert Eggers, la excusa perfecta para especular sobre el conflicto entre razón y superstición, la amenaza de fuerzas naturales que escapan a nuestro raciocinio y los peligros que atañen a aquellos que osan apartarse del rebaño o que participan de un orden social que reposa sobre los restos de sus chivos expiatorios. Al cuestionarse si el mal es inherente a la condición humana, no sólo radiografía el legado de fariseísmo y la corrupción espiritual de su país, Estados Unidos, sino que instala en el centro del debate el papel que otorgaba a la mujer una mentalidad puritana consagrada al sometimiento. Por ello, 'The witch' se convierte, contra todo pronóstico, en una crónica de liberación femenina. Por supuesto, en el camino hallaremos brujas, posesiones demoníacas, machos cabríos que susurran a los niños, deseos lujuriosos y un bosque lúgubre que haría las delicias de Jung. Su giro final hiela la sangre. A Eggers no le intimida exhibir su personalidad enciclopédica, invocando los abismos de Dreyer y Kubrick, recreando las fantasías ilustradas de Arthur Rackham o Howard Pyle, o buceando en las profundidades psicoanalíticas y el pavor primitivo del relato feérico de la vieja Europa. En cierto modo, ideal para una sesión doble junto a 'Hotel' de Jessica Hausner. En este caso concreto, Sony sí confirmó su distribución en España. Sin embargo, su estreno estaba previsto el pasado 31 de diciembre, después se trasladó a enero y ahora apunta a mediados de mayo. Toca armarse de paciencia.

Hellions

Posiblemente, la entrada más discutible de esta nómina de títulos invisibles, puesto que ha sufrido un desprecio generalizado allá por donde ha pasado y solo nos ha entusiasmado a los que hemos sabido descubrir en ella un talante decididamente transgresor: pocos realizadores tendrían hoy la suficiente valentía para firmar una película de terror tan extraña y suicida como la que ahora nos ocupa. Bruce McDonald, al que los aficionados menos conformistas le deben una muy estimable adaptación de 'Pontypool lo cambia todo' de Tony Burguess, rinde pleitesía a Carpenter y Cronenberg, sí, pero reimagina la noche de Halloween como si Dorothy explorase la tierra de Oz empapada de psicotrópicos y con una crisis existencial en ciernes. Esta desconcertante metáfora de los miedos que acarrea una maternidad no deseada se la juega con una maniobra estética realmente temeraria: McDonald resolvió rodar todo su tramo central con lentes de infrarrojos, una técnica experimental que le permite obtener el mismo impacto visual que producían en nuestras retinas algunos de los fotogramas más surrealistas de la edad dorada del VHS. 'Hellions', en definitiva, es una marcianada deliciosa, un festival nonsense que apela continuamente a la cinefilia emocional. Todo encaja: tanto el prólogo de aparente inspiración telefilmesca como el epílogo con susto de traca y una sobredosis de moralina que cautivaría a los grupos provida responden a ese espíritu de nostalgia bien entendida. Algo de lo que no pueden presumir cintas como la aplaudida 'The final girls', un empacho autoconsciente de tópicos que sólo merece funcionar en 'midnight sessions' por acumulación de guiños cómplices y chascarrillos.

 

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