Fundido en blanco

Sidney Poitier recibiendo el Oscar Honorífico en 2002.

Idris Elba y Samuel L. Jackson se suman a la interminable lista de los actores negros sin Oscar

EDUARDO R. PANEQUE

"Ha sido un largo camino para llegar aquí", pronunciaba la voz entrecortada de Sidney Poitier recogiendo el Oscar como 'mejor actor protagonista' ('Los lirios del valle') en 1964. La industria cinematográfica ponía en valor los años de lucha por la igualdad de los derechos civiles. Hasta esa fecha, tan sólo la inolvidable 'Mammy' de 'Lo que el viento se llevó' (Hattie Mitchell) había sido reconocida con una estatuilla como 'mejor actriz secundaria'.

Más de medio siglo después de aquel discurso, cuando aún retumban las denuncias en las últimas ceremonias sobre la discriminación salarial que sufren las actrices, la cuestión racial se muestra, aún, como una deuda pendiente. Los datos están ahí: poco más de una decena de intérpretes han sido galardonados en los 87 años de historia -Morgan Freeman ('Million Dollar Baby', 2005) doblemente para Denzel Washington ('Tiempos de gloria' y 'Días de entrenamiento') o Halle Berry ('Monster Ball', 2001), entre otros-, siendo éste el segundo año consecutivo en que ningún actor negro está nominado en las diversas categorías. Tan solo el director Spike Lee, quien ya justificado su ausencia como medida de protesta, ha sido galardonado con un Oscar honorífico.

Entre las cintas finalistas, los académicos no han encontrado hueco para la aclamada 'Straight Outta Compton', que deberá de conformarse con aspirar a conseguir el premio de mejor guion original.

La que se presumía como una de las posibles batallas en la temporada de premios ha quedado neutralizada antes de arrancar. Ni Idris Elba, por la brutal 'Beasts of No Nation' ni Michael B. Jordan ('Creed'), han sido invitados al 'ring'. Tampoco sus compañeros afroamericanos de reparto, Abraham Attah y Tessa Thompson, respectivamente.

Con el mismo palmo en las narices se ha quedado Samuel L. Jackson quien desde su nominación por Pulp Fiction ha sido sistemáticamente ignorado por los académicos. En esta edición el 'sello Tarantino' ('Los odiosos ocho') no le ha servido de mucho. ¡Que se lo digan a Quentin! Tampoco llamarse Will Smith ('La verdad duele') y generar millones de euros de recaudación.

Todos ellos han pasado a engrosar el mismo grupo del que ya formaban parte Pam Grier ('Jackie Brown', 1997), Thandie Newton ('Crash', 2006), Richard Prior ('Blue Collar', 1978) o la película 'castigada' de la pasada edición -'Selma'-, entre otros.

Las voces de protesta han hecho eco en un sector de Hollywood. El habitualmente correcto sir Michael Caine ha afirmado que "no puede votar a un actor porque sea negro". Más molesta se ha mostrado la actriz Charlotte Rampling asegurando que "boicotear a los Oscar es racismo contra los blancos". Entre tanto, y aprovechando la polémica, Ian MacKellen ha recordado que "los negros no son los únicos ignorados ya que ningún actor gay ha ganado el Oscar".

En medio de este fuego cruzado, la directora de la Academia, de raza negra, Cheryl Boone Isaacs, ha intentado contentar a todos anunciando "grandes cambios en su política de socios", los cuales son mayoritariamente hombres, blancos y ancianos.

En 2002, Sidney Poitier volvía a subir al escenario para recoger el Oscar Honorífico. Años después de sus emocionantes palabras, actualizaba su discurso: "Aquí estoy, al final de un viaje que en 1949 habría sido casi imposible imaginar". Eso sin duda, Sidney.