¿Quién puede poseer a un niño?

¿Quién puede poseer a un niño?

'Outcast' abre una nueva tendencia en televisión, la de los poseídos por el diablo

MIKEL LABASTIDAValencia

Una vez amortizados los superhéroes y los zombis ahora toca el turno de los poseídos, tipo El exorcista. ¿Has visto lo que ha hecho la cochina de tu hija? De hecho el filme contará pronto con una versión televisiva. Inspirada en la novela que publicó en 1971 William Blatty la ficción está producida por Fox y tendrá como protagonistas a Tomás Ortega (el novio de Miguel Ángel Silvestre en 'Sense 8'), como el líder religioso de una pequeña comunidad, y a Ben Daniels (el arrogante director del American Ballet de 'Flesh and Bone') en el papel de sacerdote que realiza los exorcismos.

Mientras que esta llega (y comprobamos si está a la altura de la adaptación cinematográfica) le ha tomado la delantera 'Outcast', basada en el famoso cómic de Robert Kirkman, autor del también famoso 'The Walking Dead'. Visto el éxito del anterior, tarde o temprano tenía que llegar alguien que realizase un formato televisivo con otro de sus títulos. Y el elegido ha sido esta historia sobre un hombre que lucha contra la posesión de un ente del más allá y trata de huir de sus propios demonios. Y en ellos precisamente está la clave de la trama, lo que la hace diferente a otros intentos de revivir el género de las posesiones, que se han estampado unas cuantas ocasiones.

'Outcast' no parece que vaya a darse un sopapo. Y cuenta con varios ingredientes para ello. Podría haber optado por la opción más gore: mucha sangre, gritos y vómitos, sin embargo prefiere no abusar de eso por el momento. Todo lo contrario. Muchos seguidores del género, fans de películas como 'Posesión infernal', 'El ente', 'Las dos vidas de Audrey Rose' o la de William Friedkin, quedarán decepcionados por la escasez de vísceras exhibidas. Al igual que en 'The walking dead' la serie prefiere escarbar en el argumento dramático que abusar de los efectos 'especiales', lo cual no quita para que en algún que en otro capítulo saque las mascletaes.

Patrick Fugit, protagonista de 'Outcast'.
Patrick Fugit, protagonista de 'Outcast'.

Posesiones menos soeces

Esto no quiere decir que la producción encomiende a la imaginación del espectador todos los efectos de las distintas posesiones. Nada de eso. 'Outcast' se abre con una escena aterradora, la de un niño vacilando ante una de las paredes de su habitación y golpeándose finalmente contra una de ellas hasta hacerse sangre. No pasan ni unos minutos y ya advertimos que algo no va bien con ese crío que deambula por su casa cubierto de sangre. El primer episodio ofrece todos los caramelos que el fan necesita: el de la posesión, el del niño que no es dueño de sus actos y se enfrenta a su madre, así como un par de números en torno a los exorcismos con sacerdote incluido. Pero sin excesos. Y todo infinitamente más comedido que en 'El exorcista'. Que nadie espere un «¡Deja que Jesús te folle!» o «Tu madre está lamiendo coños en el infierno». Las posesiones aquí son menos soeces y provocan ataques más sibilinos a quien intenta luchar contra ellas. Que nadie piense, no obstante, que las escenas del pequeño quedan pacatas o desnutridas. El muchacho en cuestión asusta y no querríamos ninguno tenerlo exorcizado por casa.

En contra de lo que pudiera parecer en un principio el verdadero protagonista de esta producción no es ese niño al que aparentemente el diablo se le ha metido en el cuerpo ni su familia, desolada por semejante transformación. La acción se centra en Kyle, un joven atormentado al que la serie nos presenta completamente abandonado en un hogar bastante insalubre y envuelto en cajas. Enseguida sabremos que ha vuelto a su residencia materna hace poco y que le quedan pocas ganas de comer o cuidarse por un suceso que marcó su vida. En realidad hay más de uno, pero sólo desvelaremos en este artículo uno de ellos para no abusar de spoilers. No vaya a ser que el diablo se nos revuelva por desvelar tantos datos.

Los flashbacks nos presentan a Kyle de pequeño atemorizado por la salud mental de su madre que no parece dueña de sus actos y lo ataca de manera desequilibrada y enfermiza cuando menos lo espera. El pueblo siempre sospechó que había sido poseída por fuerzas externas. Él prefiere pensar que la salud mental de su progenitora falló en un momento dado y perdió la cordura. Se niega a concederle al demonio semejante verosimilitud.

Regresa a un pueblo ubicado en la América más profunda, de esos en los que los sucesos terribles se quedan instalados en el ADN de la población y no hay quien los saque por más que pasen los años. Parece sacado de un cuadro de Grant Wood, de esa América Gótica que estremece, en la que todo el mundo sabe lo que ocurre en la puerta de al lado, en la que los rumores se propagan rápidamente a todas las tertulias y las miradas de los vecinos enjuician al nuevo o al diferente. A Kyle lo miran. No es nuevo pero acaba de regresar después de años de ausencia. Trae un pasado del que nunca se deshizo y otro pasado más reciente que aumenta su leyenda negra. Es diferente porque todo el mundo conoce la locura de su madre, aunque nadie la calificaría de locura, sino de algo que escapa a las fuerzas de este mundo. Por eso cuando lo ven lo relacionan con el nuevo muchacho al que el demonio se le ha metido en el cuerpo. Y le piden que rece por él, porque él sabe de lo que va eso. Pero Kyle no se encomienda a oraciones ni plegarias, prefiere presentarse ante él y ver qué sucede, comprobar con sus propios ojos si lo que le está ocurriendo a ese crío se parece a lo que vio y padeció en su infancia.

El segundo episodio de la serie (sólo se han emitido dos) apuesta más por el drama que por el terror, por indagar en lo que le sucedió al protagonista y en las consecuencias. ¿Estamos hablando en realidad de un maltrato infantil? La ficción se presta a varias lecturas más allá de las satánicas y ahí estriba su atractivo.

No es mala opción. De haberse inclinado por incidir únicamente en los efectos de la posesión la traca se acabaría enseguida, una vez pasado el efecto sorpresa y cuando la sangre y los vómitos dejasen de actuar como elemento aterrador. Outcast apuesta por el terror psicológico y juega a poner al espectador en el filo de la duda, en plantearle cómo de cerca estamos cualquiera de nosotros del diablo o de quien sea como para perder la cabeza

Es pronto para saber por dónde discurrirá esta producción pero los primeros episodios la sitúan ya como una de las sorpresas del verano. Las audiencias responden y las ventas internacionales van estupendamente. Kirkman de nuevo conquista la pantalla después del papel.

 

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