'Alita' no es la primera: otras adaptaciones de manga y anime a imagen real

Con el estreno de 'Alita: ángel de combate' queda abierta la veda en Occidente de mangas que se convierten en animes que, a su vez, dan el salto a imagen real

Scarlett Johansson, en 'Ghost in the Shell'./
Scarlett Johansson, en 'Ghost in the Shell'.
Borja Crespo
BORJA CRESPO

Con el estreno multitudinario de 'Alita', el acariciado proyecto de James Cameron desde hace décadas, dirigido finalmente por Robert Rodriguez con el apadrinamiento del creador de 'Terminator', queda abierta la veda en Occidente de mangas que se convierten en animes que, a su vez, dan el salto a imagen real. De las viñetas a la animación y de los dibujos animados al live action, anglicismo en expansión. En Oriente este tipo de material, cruce de medios, predomina en el medio audiovisual, tanto si hablamos de largometrajes como dando pie a incontables series de temáticas diversas. El cómic es un caldo de cultivo excepcional en un mercado como el asiático, rico en propuestas que tocan todo asunto imaginable. Vaya como ejemplo la trayectoria del prolífico cineasta japonés Takashi Miike, calificado en más de una ocasión con acierto como «un género en sí mismo». Su singular filmografía está trufada de películas de culto que parten de historietas, como la excesiva e inclasificable 'Ichi the Killer', punta de lanza de la incursión de esta tendencia en los hogares occidentales en formato doméstico, antes de la llegada del streaming; o la desconcertante 'Fudoh: The Next Generation', donde una mujer disparaba dardos letales con la vagina, entre otras lindezas. Filmes delirantes como 'Zebraman', protagonizado por un superhéroe absurdo de ojos rasgados que deja en pañales a los Power Rangers; o la saga 'Crows', donde varias pandillas se pelean sin descanso como en 'The Warriors'; pasando por espeluznante fantasías para niños como 'The Great Yokai War'; 'Terraformars', un cruce entre 'Ultraman' y 'Starship Troopers', salvando las distancias; o 'As the Gods Will': juegos macabros, cabezas que explotan, pánico adolescente…

La psicodélica 'JoJo's Bizarre Adventure', rodada en Sitges, o la sobria 'La espada del inmortal', estrenada directamente en Netflix, son las más recientes muestras del fenómeno Miike y su atracción por el manga y el anime como fuente de inspiración. La plataforma de entretenimiento de vídeo bajo demanda es propensa a lanzar este tipo de adaptaciones, las más cercanas la errática 'Fullmetal Alchemist', la futurista 'Illang: La brigada del lobo', basada en el superior anime japonés 'The Wolf Brigade', o la sobrenatural 'Bleach', la mejor del lote hasta la fecha. La excelente serie de animación 'Ataque a los titanes' cuenta con dos traslaciones muy por debajo del material de partida, a pesar de estar detrás Shinji Higuchi, responsable de la estimulante 'Shin Godzilla', cine político con un monstruo gigante. De culto absoluto se antoja 'Historia de Ricky', versión ultraviolenta del manga 'Riki-Oh', de Tetsuya Saruwatari, que marcó a una generación de amantes del gore en los años 90. Por concluir, la versión más aplaudida en este ámbito es la incontestable 'Oldboy', original, retorcida e inquietante, obra del reconocido realizador oriental Park Chan-wook, a pesar del remake firmado por el mismísimo Spike Lee con el gigante Josh Brolin.

Park Chan-wook (2003)

Oldboy

Un fotograma de 'Oldboy'.
Un fotograma de 'Oldboy'.

Lo habitual es creer que un manga encuentra su traslación natural a la gran pantalla en formato anime. Sin embargo, hay títulos que saltan de las viñetas a la imagen real con resultados igualmente arrebatadores. 'Oldboy' (2003) encabeza esta liga. El cómic de Garon Tsuchiya (dibujos) y Nobuaki Minegishi (guión) cuenta con la excepcional versión cinematográfica de Chan-wook. Se publicó originalmente en las páginas de la revista 'Weekly Manga Action', entre los años 1996 y 1998. Su primera versión contaba con ocho tomos, reducidos posteriormente a cinco volúmenes recopilatorios. El filme emplea la violencia con una expresividad rompedora, con una estética inusual, entre la realidad y la poesía malsana. Sus virtudes le permitieron alzarse con el Gran Premio del Jurado en Cannes 2004. También fue galardonada como mejor película en el festival de Sitges del mismo año, todo un currículum. La escena del protagonista devorando un pulpo vivo o el homenaje a un clásico de los videojuegos de lucha como 'Street Fighter', en una pelea en scrooll fascinante, de las que duelen, permanecen por siempre en la mente de todo aficionado a un cine diferente. Además, ha influenciado en las escenas de acción a productos comerciales como la serie 'Daredevil'. Un hombre es secuestrado y retenido durante años por un enemigo que desconoce. Así empieza el relato. Al salir de su cautiverio su única obsesión es encontrar al responsable de su inhumano encierro. Separado a la fuerza de su familia, le embriaga el odio, pero liberarse de su cautiverio es el principio de una revancha a dos bandas con gran sorpresa final.

Shinsuke Sato (2015)

I Am a Hero

El manga 'I Am a Hero', pergeñado por Kengo Hanazawa, merece su atención atendiendo a la fiebre por los muertos vivientes que no cesa en el negocio del entretenimiento. Es otro título cuya adaptación audiovisual es reseñable, ganadora del premio del público en Sitges en 2015. Estamos ante un cómic inusual, capaz de cautivar, número a número, tanto a fanáticos del tebeo oriental como a aficionados a las viñetas de toda la vida. Protagoniza la aventura un individuo del montón, dibujante de tebeos, que se ve inmerso en un apocalipsis inesperado. Una infección se propaga por el planeta convirtiendo a todo ser humano en un monstruo. Puede parecer una premisa manida, pero su desarrollo es todo lo contrario, tan impredecible como fascinante. Zombis por doquier y mucho humor negro, con situaciones surrealistas. La película de 2015 se empapa del espíritu de las viñetas de la mano de Shinsuke Sato, responsable de la mentada 'Bleach', apoyada por Netflix, en cuyo catálogo también comparte la serie 'Kingdom', estrenada recientemente, situada en la época feudal con no-muertos. 'Inuyashiki' también es de su cosecha, otra propuesta made in Japan que parte de un manga, protagonizada por un hombre de edad sumido en la mediocridad que se convierte en un robot letal tras un curioso incidente. Premio a los mejores efectos especiales en el último festival de Sitges, es de obligado visionado para todo otaku que se precie.

M. Night Shyamalan (2010) James Wong (2009)

Airbender y Dragon Ball

Además de 'I Am a Hero' y otros títulos basados en mangas, Shinsuke Sato también cuenta en su trayectoria con dos filmes sobre 'Death Note', otra referencia oriental indispensable que comparte serie de cómic, animes y piezas de acción real. En Occidente el sobrevalorado director de género Adam Wingard firmó la versión occidental para Netflix, un despropósito que no gustó a (casi) nadie. Es habitual que esto ocurra. Sonado fue el fracaso estrepitoso de la conversión en fotogramas de la archiconocida saga 'Dragon Ball'. Tuvo un salto al celuloide de serie Z involuntaria al caer en las fauces del negocio hollywoodense. James Wong rodó 'Dragonball: Evolution', un espanto kitsch que poco tenía que ver con el material de partida, un insulto para los adictos a la deslumbrante creación de Akira Toriyama. También recibió mil y un varapalos, menos merecidos, 'The Last Airbender', aquí 'Airbender: El último guerrero', basada en el tebeo 'Avatar' (tuvieron que cambiar el título ante la apisonadora James Cameron). La crítica vapuleó considerablemente la cinta de M. Night Shyamalan, aunque funcionó bien en taquilla, impulsada en gran parte por la moda estereoscópica del momento. El cineasta estadounidense de origen indio quiso crear un filme espectáculo grandilocuente con el cual epatar al gran público, una ardua tarea cuando gran parte de la narración debe agachar la cabeza ante el show de efectos especiales. Aire, Agua, Tierra y Fuego son cuatro naciones enlazadas por el destino. Cuando Fuego declara la guerra a las demás, la destrucción de apodera de todo. Aparece entonces en escena un personaje capaz de manipular los cuatro elementos, el principio de una batalla sin cuartel que decidirá el futuro del mundo. Acción, aventuras y fantasía desbocada es lo que proponía el artífice de 'El sexto sentido', un festival de peleas en las alturas, intercambio de mamporros, espadazos y flujos de energías letales. El bien y el mal de nuevo enfrentados en beneficio de un entretenimiento que a día de hoy sigue despertando filias y fobias.

Rupert Sanders (2017)

Ghost in the Shell, Akira y Perfect Blue

'Akira', de Katsuhiro Otomo, el clásico de animación y ciencia ficción japonés estrenado en 1988, ha cumplido la treintena y no hay año en el cual no se especule con la posibilidad de su salto a imagen real. Fue uno de los primeros manga que cosechó un gran éxito más allá de su país de origen y despertó la fiebre por la historieta oriental lejos de sus fronteras. Un argumento apocalíptico, violencia y acción impactante, una planificación espectacular, dibujos claros y concisos… Estas contundentes cualidades consiguieron que sus viñetas se abrieran un hueco en Occidente haciendo temblar el monopolio superheroico. La película marcó también un antes y un después en el marco de la animación, con el uso de recursos que siguen siendo rabiosamente modernos a día de hoy. La influencia cultural de este clásico moderno del cyberpunk es de recibo. Taika Waititi, perpetrador de 'Thor: Ragnarok', es el último nombre que suena en la lista de posibles directores de un filme en carne y hueso.

Con permiso de 'Cisne negro', de Darren Aronofsky, que nunca ha ocultado su inspiración en 'Perfect Blue', el recomendable thriller psicológico dirigido por el gran Satoshi Kon, quizás sea 'Ghost in the Shell' la adaptación más decente de un manga y anime realizada en Occidente, a pesar de su torpeza a grandes rasgos, con permiso de la frenética puesta en escena de 'Alita: ángel de combate', con la cual tiene puntos en común temáticamente. El cómic, obra de Masamune Shirow, inició su andadura en 1989. Su popularidad derivó en dos películas dirigidas por Mamoru Oshii y una serie de animación para televisión de dos temporadas. La adaptación cinematográfica occidental se mira en el espejo del anime, fechado en 1995, loado en su momento por crítica y público, también figura esencial del fenómeno otaku en Occidente, junto a 'Akira' y 'Dragon Ball', referencias ya mentadas inevitablemente. La película de Mamoru Oshii, otro símbolo del cyberpunk, fue reconocida internacionalmente. Sobresalió por la originalidad de sus recursos estilísticos, por el despliegue de imaginación y su hábil metáfora sobre la existencia a través de los ojos de un cyborg, una máquina de matar con conciencia. La médula y el cerebro sobreviven bajo la piel sintética del androide. La identidad preservada bajo el esqueleto robótico. El ser artificial es más humano de lo que parece. La influencia de 'Blade Runner' o 'Robocop' es evidente. Las viñetas de partida, por el contrario, lejos de explorar la vida y el conflicto moral sobre la creación, tenían cierto componente erótico y se centraban principalmente en las aventuras de la Sección 9, un grupo de operaciones especiales de élite dedicado a combatir contra terroristas cibernéticos y criminales corporativistas.

Scarlett Johansson sonó desde un principio para encarnar a Motoko Kusanagi, la Mayor, un androide con cerebro humano, único en el mundo, que capitanea la Sección 9 en la versión de 2017 de 'Ghost in the Shell' en imagen real. Bajo la dirección del artesano Rupert Sanders ('Blancanieves y la leyenda del cazador') la forma se come al fondo, síntoma de una de las mayores enfermedades que aquejan el cine actual, el deseo irrefrenable de ensanchar el target hasta perder el espíritu primigenio. La película quiere gustar tanto al espectador medio que se desnaturaliza y pierde fuelle. La ciencia-ficción, no siempre fácil de entender, es víctima de este tipo de abusos en el medio audiovisual. Se mastica tanto la información que se convierte en una papilla insulsa.

La historia de 'Ghost in the Shell' la hemos visto muchas veces. En su salto del dibujo a la carne se simplificó tanto el relato que perdió el alma. La filosofía Cyberpunk se quedaba en lo meramente superficial, carente de emoción más allá de los efectos visuales, una apología del horror vacui que ofrece lo más destacable del filme, otra vuelta de tuerca a la tragedia del moderno Prometeo. Los diseños presentes en una Shanghai futurista, donde la tecnología se come al ser humano y la publicidad está presente hasta en la sopa, derrochan toda la imaginación de la que carece el guión cinematográfico. Mimetiza al máximo el anime en algunas secuencias, curiosamente las más llamativas, aunque el argumento no se permite dar volantazos con tal de seguir el camino previsto, una línea recta de la que no se desvía con tal de no plantear las cuestiones existenciales que caracterizaban a los ingredientes originales. La intriga del filme, la caza y captura de un hacker cyber-tecnológico que está eliminando cruelmente a todo aquel que lo creó, científicos y jerifaltes de una multinacional con delirios de grandeza, está al servicio del espectáculo, se vende a las escenas de acción y el barroquismo infográfico. A ver lo que está por llegar...