Chris Hemsworth la arma en el hotel de los líos

Un inesperado Chris Hemsworth se entrega a fondo en el filme de Drew Goddard.

'Malos tiempos en El Royale' es un explosivo pastiche que combina una intriga criminal, ironía postmoderna y una banda sonora de aúpa

RICARDO ALDARONDO

«Siempre me obligo a hacer algo nuevo, y después de 'La cabaña en el bosque' buscaba un thriller criminal», manifestaba el director Drew Goddard al presentar su nueva película 'Malos tiempos para El Royale' como clausura del pasado Festival de San Sebastián. Si antes se convirtió en un embrión de director de culto buscando un nuevo punto de vista a una de las más manidas situaciones del género de terror, ahora agita en coctelera vestigios del cine (y la novela) de misterio y crimen, con espíritu contemporáneo. Quien también ha labrado su prestigio participando en la creación de series como 'Perdidos' y 'Alias' en calidad de escritor y productor apunta ahora a un territorio tan concentrado como el recibidor de un hotel decadente (aunque hay otros escenarios) y la conexión que pueda haber con otras reuniones de personajes variopintos en situación de aislamiento, como las de 'Cayo largo', 'Diez negritos' y 'Los odiosos ocho' de un Tarantino que también parece sobrevolar 'Malos tiempos para El Royale' en cuestión de socarronería, violencia y desconcierto.

El hotel que da título al filme forma el núcleo central donde desembocan en un momento u otro todos los personajes principales del filme. Allí se concentra el cóctel (por supuesto explosivo) que Goddard monta sin recato. Por un lado, con todo tipo de referencias a los años 60 en Estados Unidos y sus signos de identidad: desde la corrupción política y el espionaje ilegal a la guerra de Vietnam, del racismo a la emergencia rotunda de la música negra y especialmente del soul más glorioso que salpica toda la banda sonora, de los movimientos sociales tipo hippies a las sectas, de las drogas a los brotes de violencia conectados con cualquiera de esos sectores. Por otro lado, los arquetipos del 'noir' e incluso del western triturados y pasados por el tamiz de la ironía postmoderna.

A veces alargando los tiempos y jugando con el desconcierto y el humor negro como los Coen, y gozándola con los giros de guion que convierten a los personajes en un vaivén de apariencias. Otras, manejando a su antojo los tiempos narrativos con flashbacks y regresos a una misma situación con otro punto de vista, para conocer la verdad que se esconde en cada personaje. Drew Goddard orquesta con desigual fortuna ese cóctel que a veces deviene en pastiche, con un montaje poco fino para hacer comprensivas y lógicas (dentro del alocado festín) las situaciones. Prevalece un humor negro muy efectivo, el contraste que aporta la angelical cantante que supone una gran revelación de la actriz negra Cynthia Erivo y el buen hacer algo autoparódico de los otros actores, con el infalible Jeff Bridges en primera línea, cómo no, y un inesperado Chris Hemsworth que se entrega a fondo: «Me encanta trabajar con él y quería que el mundo conociese la cantidad de matices que pueden tener sus interpretaciones, más allá de los papeles de superhéroes», aseguraba Drew Goddard.

 

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