'Glass': Superhéroes para encerrar

James McAvoy y Bruce Willis recuperan en 'Glass' sus personajes de 'Múltiple' y 'El protegido'.

M. Night Shyamalan cierra con brillantez en un manicomio la trilogía iniciada por 'El protegido' y 'Múltiple'

BORJA CRESPO

'El protegido' está en los primeros puestos en la lista de las mejores películas de superhéroes de todos los tiempos. Su autor, el cineasta M. Night Shyamalan, aprisionado por los finales sorprendentes de sus propuestas tras el taquillazo de 'El sexto sentido', era reticente a rodar una segunda parte, hasta el éxito de 'La visita', su regreso al cine de terror, una producción pequeña que insufló energía a su carrera.

Regresó al cine que le popularizó, planteando una situación inquietante sin la necesidad de manejar un gran presupuesto ni complicados efectos visuales. El siguiente paso fue 'Múltiple', un excepcional tour de force interpretativo de James McAvoy, encarnando en cuerpo y alma a varias personalidades en un solo sujeto. El filme se movía en el ámbito del thriller y el horror, terreno ideal para el esparcimiento del director de origen indio. Además, contaba con una golosina para los fans tras los títulos de crédito finales, una secuencia que abría la posibilidad de filmar una secuela que se ha hecho efectiva con el estreno de la esperada 'Glass', con Bruce Willis y Samuel L. Jackson uniéndose a McAvoy en pantalla grande.

En la cabeza de Shyamalan siempre ha habido una trilogía. «Ahora todo el mundo hace adaptaciones de cómics», comentaba recientemente haciendo referencia a 'El protegido'. «En aquel momento era algo totalmente novedoso. Recuerdo que cuando la hicimos, en Disney estaban en plan: ¿Cómics? ¡No hay mercado para adaptaciones de cómics en el cine! ¡Y ahora no hacen otra cosa!».

James McAvoy y Samuel L. Jackson en 'Glass'.

El responsable de películas a reivindicar como 'Señales' o 'La joven del agua' mostró los primeros veinte minutos de 'Glass', el cierre de su particular trilogía sobre superhéroes, en el pasado Festival de Sitges, en un pase para la prensa especializada con la presencia del director, un entusiasta entrañable, simpático a rabiar (sus bailes en la discoteca Pachá ya son historia del evento), ilusionado con su último proyecto, con el cual reafirma su manera de entender el cine. Cuenta historias basadas en los personajes, con un telón de fondo mucho más amplio, como es el caso.

Rodada con un presupuesto ajustado, no necesita efectos digitales ni cientos de millones de dólares para ser épica. Aquellos que esperen una película de acción se quedarán con las ganas, aunque la apuesta, lejos de las adaptaciones de Marvel o DC, abre y cierra con una brillante puesta en escena en este sentido. Los saltos e intercambio de golpes no son necesarios en el resto del metraje, donde priman los diálogos para reflexionar sobre el género y las obsesiones habituales del autor, siempre en lucha consigo mismo para no ser enteramente fagocitado por Hollywood. La mayor parte del relato transcurre entre las paredes de un manicomio.

Shyamalan, al que inspira aquello que se sale de lo normal, sigue siendo indispensable en el cine actual. «Quiero que cada película sea independiente por derecho propio, tanto en su lenguaje, como en su originalidad», cuenta. «Las tres películas se complementan como hermanos y hermanas. Ese es el objetivo». Una buena trilogía en toda regla.

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