Gracia Querejeta: «Me pesa más la edad que ser mujer»

Gracia Querejeta y las tres actrices de 'Ola de crímenes', Juana Acosta, Maribel Verdú y Paula Echevarría. / Jordi Alemany

La directora siembra Bilbao de cadáveres en 'Ola de crímenes', una comedia negra con Maribel Verdú, Paula Echevarría y Juana Acosta que llega a los cines este viernes

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'Ola de crímenes' no es la película que uno espera de Gracia Querejeta (Madrid, 1962). La directora debuta en la comedia adaptando un guion del bilbaíno Luis Marías que inunda de muertos el botxo. Maribel Verdú es una madre dispuesta a todo con tal de que no se sepa que su hijo ha asesinado a su padre, un empresario getxotarra con turbios negocios. Juana Acosta y Paula Echevarría son las villanas de este enredo negro y gamberro por el que desfilan Luis Tosar, Javier Cámara y Raúl Arévalo. La maquinaria promocional de Telecinco hará todo lo que esté en su mano para reventar las taquillas este fin de semana. «Si le hubiera presentado este guion a mi padre, lo más probable es que me hubiera dicho: ¿qué te ha pasado, te has dado un golpe en la cabeza?», bromea la hija del llorado Elías Querejeta.

–'Ola de crímenes' es la primera película que dirige sin un guion suyo y su primera comedia. ¿Cómo se ha sentido?

–Bien. He tenido la suerte de que me llegara un guion con un humor con el que conecté desde el primer momento. También me identifiqué con el personaje de Leire, esta madre coraje atolondrada y extrema, capaz de cualquier cosa con tal de que su hijo no se vea involucrado en un asesinato. La misma historia podría haber sido un gran drama. En general, las comedias que a mí me interesan son dramas soterrados.

–Las mujeres toman las decisiones en el filme, los hombres son peleles.

–Yo digo que el personaje de Juana Acosta es la mala listísima, el de Paula Echevarría es la mala tonta y el de Maribel es la tonta tonta. La historia la llevan ellas y los hombres están a rebufo.

–¿Cree que la peor rival de una mujer es otra mujer?

–No, eso es un mito a revisar. Un tópico que podrá ser verdad en algunos casos, pero no se puede generalizar.

–'Ola de crímenes' es una película con vocación comercial. ¿Le preocupa no lograr un taquillazo?

–Todos queremos hacer la mejor taquilla posible, pero es verdad que yo nunca había rodado una película con vocación de taquillazo. Efectivamente, esa expectativa pesa en exceso. Un director, más allá de hacer la película, poco puede hacer después. Ya se ocupan ahora Universal y Telecinco de que la gente sepa que existe la película. Tengo un peso incómodo que no sirve para nada, como la culpa. Tampoco he rodado la película pensando en la taquilla.

–¿La ha hecho con absoluta libertad?

–Sí. Desde el principio querían un casting vistoso. En un principio remoto, hasta se barajó hacerla muy vasca, con actores vascos, pero para venderla hubiera sido más complicado. He tenido libertad absoluta, pese a que Telecinco Cinema está encima de lo que se rueda cada día.

–¿Le ha gustado a Paolo Vasile?

–Está encantado, es el máximo fan de la película. Yo no le conocía de antes. Hemos estado en desacuerdo en algunas cosas y unas veces él se ha llevado el gato al agua y otras yo. Es un hombre apasionado, cuando ve que algo puede mejorar trata de convencerte. No me he sentido nada incómoda, porque estoy acostumbrada a tratar con el productor por excelencia, que ha sido mi padre, con el que he discutido hasta la saciedad por un plano, por una minucia. Creo que el toma y daca con el productor es bueno para la película.

–¿Qué hay de la idiosincrasia vasca en la película?

–Sería una película distinta si no la hubiese escrito un vasco, ahí está el meollo de la cuestión. Es un tipo de humor que yo entiendo bien porque también tengo que ver con esta tierra. El soniquete del guion me sonaba a vasco. Y se ha rodado en una ciudad que es un elemento más de la película. Un Bilbao luminoso de gente bien pero también el Bilbao oscuro.

–Es la primera producción de Telecinco Cinema dirigida por una mujer. ¿Cómo vive la absoluta falta de paridad en el cine?

–El otro día estuve en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, donde yo estudié, y me contaron que ya había más chicas en la dirección que hombres. El cambio vendrá con futuras generaciones, que no acarrean esa idea de que los hombres dirigen y las mujeres hacen otros trabajos en el cine. No creo que se vaya a equilibrar el asunto de hoy para mañana.

–¿Se ha sentido pionera?

–Es que cuando yo empecé éramos cuatro, literalmente. Yo he sufrido otro tipo de problemas en mis inicios, pero no ese. Yo empecé con mi padre, que no era un hombre en absoluto machista, por lo menos en ese sentido. Él dio trabajo a otras directoras. Pero siempre se le acercaban muchos más hombres que mujeres con proyectos.

–¿Es partidaria de establecer cuotas?

–Es un tema delicado, no me atrevo a decir qué debe hacerse. A mi edad y con mi carrera, parece extraño que yo tenga más privilegios que Fernando León. Ahora hay una ley de puntos para recibir subvenciones que apoya más a las directoras. Hay que aplicar las medidas con sentido común.

–¿Y alguna vez ha pensado que si fuera hombre habría rodado más películas?

–En todo caso he pensado que si fuera rica haría otro tipo de películas... Yo no he sentido esa marginación. Murió mi padre y empecé a trabajar con Gerardo Herrero y Mariela Besueivsky... He sentido más el peso de la edad, el temor a que me barran las nuevas generaciones y me saquen del mercado, que el hecho de ser mujer.

–Se cumple un año del #MeToo.

–Las cosas han cambiado definitivamente. Se han tomado medidas radicales contra los abusadores, han sido ejemplarizantes. Hay actores y productores que han desaparecido de la industria. Más allá de la marginación de la mujer, los abusos laborales me parecen una cosa demostrable y se sabe cómo atajarlos.

–¿En el cine español también se ha vivido ese terremoto?

–No hemos encontrado un Harvey Weinstein, una figura equivalente. En el cine hay muchas mujeres que cobran más que hombres, especialmente en las actrices. Y en el mundo de los técnicos se cobra lo mismo seas hombre o mujer. A mí nunca me ha pasado nada, pero todos hemos oído hablar o visto alguna cosa. El abuso del poderoso se produce en todos los ámbitos.

–¿Qué le hubiera dicho su padre de 'Ola de crímenes'?

–Lo he pensado muchas veces... Se habría reído con un par de cosas, pero evidentemente no es el tipo de película que a él le interesaba. No creo que le hubiera ido con el guion, lo más probable es que me dijera ¿qué te ha pasado, te has dado un golpe de cabeza? O igual no, porque Elías era capaz de prever los cambios, aunque le costó amoldarse desde el punto de vista empresarial. Me animaba a estrenar en televisión y a rodar en vídeo. Quizá hubiera aprobado hacer una película así para sobrevivir en un momento que no es nada fácil para el cine.

Un inofensivo enredo que saca provecho de los paisajes bilbaínos

'Ola de crímenes' arranca en un confesionario al que acude una magullada Maribel Verdú para relatarle sus pecados a un cura con el rostro de Javier Cámara. De divorciada ha pasado a viuda con la ayuda de su hijo. El cadáver desaparecerá como suele ocurrir en las comedias macabras y esta madre atolondrada se las verá no con una villana, sino con dos, encarnadas por Paula Echevarra y Juana Acosta.

La impronta del guionista Luis Marías se advierte en una farsa que se va oscureciendo según se aproxima al desenlace. 'Ola de crímenes' depara unos cuantos secundarios robaescenas, como esa madre vasca de permanente mala leche que borda Nora Navas y el ertzaina corrupto al que da vida Antonio Resines como si estuviera en un drama. Gracia Querejeta no cae en el fácil recurso de mostrar un Bilbao de postal y saca provecho de los paisajes cercanos a la Ría y de algún barrio del extrarradio.

'Ola de crímenes' es la película que se espera que sea, un inofensivo enredo que sostiene una Maribel Verdú apaleada y vejada, capaz de resultar patética en una escena y sexy en la siguiente. El apunte más políticamente incorrecto llega de la mano de su condición de objeto de deseo de un adolescente amigo de su hijo, lo que puede verse como una reivindicación feminista en una cinta donde ellas cortan el bacalao.

 

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