Jaime Rosales: «En España no sabemos perdonar y nos deleitamos en la humillación»

Jaime Rosales. /José Ramón Ladra
Jaime Rosales. / José Ramón Ladra

«Prefiero una obra de arte maravillosa hecha por un monstruo que la mediocridad de un virtuoso», sostiene el director de 'Petra', en los cines desde la próxima semana

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Jaime Rosales (Barcelona, 1970) pertenece al reducidísimo club de cineastas españoles con plaza en el Festival de Cannes. El autor de 'La soledad' y 'Tiro en la cabeza' presentó este año en el certamen francés 'Petra', un drama que nace con la vocación de llegar al gran público manteniendo el mismo rigor y compromiso que su obra anterior. Bárbara Lennie encarna a una estudiante de Bellas Artes que disfruta de una residencia artística en la opulenta masía de un escultor consagrado, un ser despiadado y brutal con quienes le rodean y que la protagonista sospecha que puede ser su propio padre.

La identidad, la sumisión en la familia, el arte como compromiso y como mercancía, y hasta las fosas de la Guerra Civil son temas de la película más accesible de Rosales, que llega a los cines la próxima semana. El director, fiel a su fama de gentleman, charla con este periódico en un club privado del madrileño barrio de Salamanca sin nombres en la puerta.

-Sostiene que 'Petra' nace de la necesidad de ir al encuentro del espectador.

-Yo tengo el concepto de que el cine es arte e industria. Como arte es una obra personal con vocación de perdurar, que nace de la necesidad de contar algo del mundo que nos ha tocado vivir. Y como industria es un proceso colectivo y un producto que se ofrece en el comercio de manera masiva. Esas dos facetas me parecen muy importantes. Si tiras demasiado del arte y haces una película demasiado personal, oscura, pierdes la parte industrial y la influencia que tiene el cine entre la gente. Si lo llevas demasiado al lado industrial, se despersonaliza tu obra. Con 'Petra' he querido hacer una película que sea personal e industrial. He tenido en cuenta algunos aspectos que he protegido desde el punto de vista formal y del guion, pero también he integrado elementos que la tienen que hacer atractiva para el espectador.

-Maneja materiales propios de la tragedia griega, pero también del folletín y hasta del culebrón.

-Ese aspecto melodramático, folletinesco, fue deliberado. La mezcla de tragedia griega y la cosa ligera del folletín, con giros de guion, como en la novela decimonónica. En 'El Quijote' hay mucha peripecia, pasan cosas todo el tiempo. En la modernidad entramos en narraciones más contemplativas, que yo también he practicado, donde pasan pocas cosas y todo se destila a través del tiempo y el espacio.

-La familia como ente protector y también como peaje aceptado de la tiranía.

-La familia protege pero puede dañar, hacerte más frágil. En su seno hay misterios y desigualdades, ocultaciones. Sobre todo en España, que tiene la peculiaridad de que la familia es muy importante, mucho más sólida que en otros países. Se aprovecha lo bueno pero se sufre con más intensidad lo malo. Por nuestra tradición católica el perdón es bastante peculiar, nos empuja a ello pero no sabemos perdonar bien. Nos cuesta mucho cicatrizar nuestras heridas nacionales.

-Aquí nos gusta humillar, como ese artista despiadado que muestra en 'Petra'.

-Humillar es un rasgo muy español. Yo he vivido con cierta intensidad el mundo anglosajón, donde son muy autoritarios y ordenados, pero la humillación no se practica. Aquí nos deleitamos en ella.

-Ese villano es brutalmente sincero, otra cualidad sobrevalorada.

-Los anglosajones se cuidan mucho de suavizarlo todo. 'Oye, tu película está bien'. Eso significa que en realidad no está bien. Aquí es al revés: 'No está mal', te piropean… Nosotros rebajamos lo positivo y amplificamos lo negativo.

-Lo decía Fernando Fernán-Gómez: nuestro pecado nacional es el desprecio. '¿El Quijote? Si no es para tanto…'.

-Es una tendencia atávica. Por suerte, vamos evolucionando y abriéndonos a las influencias extranjeras. Enriquecerse con otras culturas no empobrece la tuya.

-En el filme muestra tres tipos de artista: el que solo piensa en el dinero, el que busca la verdad y el que concibe su oficio desde el compromiso. ¿Dónde se enclava usted?

-Yo me encuentro en todos y en ninguno. El arte tiene que ver con un proceso personal, tiene que tener apuntes sobre lo político y también creo en el comercio. También me pasa lo mismo con comportamientos morales de los personajes. Por ejemplo, me identifico mucho con lo que dice el padre de familia, que odia el victimismo.

-Al cine español se le acusa siempre de victimista.

-Somos bastante quejicas. A mí me gusta mucho el fútbol, y la gran aportación de Guardiola al Barça es romper con el victimismo respecto al Real Madrid. Basta ya de quejarse de los árbitros, el calendario, la climatología, el complot, los medios… Hagamos las cosas.

-En una escena de 'Petra' muestra al antropólogo forense Paco Etxeberria trabajando en unas fosas de la Guerra Civil.

-Son fosas recreadas, porque legalmente no pudimos rodar en unas auténticas. Paco nos ayudó en la puesta en escena, para que fuera lo más real posible. Robert Bresson decía que en una película había que esconder los temas para que la gente los encontrara. En el germen de la película estaba la idea de un fotógrafo que captura con su cámara las fosas comunes. Eso le da una lectura en clave política. No me gusta ajustar cuentas, pero creo que hay que cicatrizar heridas mediante el reconocimiento recíproco. El gran problema es que en España nos aplicamos a la Historia como si fuera una ficción, sin buscar la objetividad. En esa escritura desde la trinchera, los historiadores y los maestros adoptan su punto de vista. La Historia se cuenta de manera radicalmente diferente en función de en qué época y en qué colegio estés. No debería ser así.

-¿Por qué figura el filósofo Javier Gomá en los agradecimientos?

-Es un amigo al que admiro. Tenía una duda respecto al final y Javier me hizo ver que tenía que apostar por uno con un connotación en clave moral más universal.

-Muestra a un artista despiadado en lo personal, que sin embargo puede hacer obras maravillosas. ¿Qué piensa de esa corriente que aboga por borrar a Kevin Spacey de sus películas y dejar a Woody Allen sin financiación?

-Hay que separar el valor de la obra de la biografía del artista, que no tiene ningún interés. Cuanto menos se sepa del artista, mejor. Lo tengo clarísimo: prefiero una obra de arte maravillosa hecha por un monstruo que la mediocridad de un virtuoso. Censurar esas obras es un disparate. Vivimos una sociedad del hipercontrol, ayer mismo escuché en la radio que habría que suprimir la presunción de inocencia…

-Hace diez años dirigió 'Tiro en la cabeza' conmocionado por el atentado de ETA en Capbreton. Entonces me dijo que el propósito del filme era acabar con la banda terrorista.

-Hacía falta mucha inconsciencia para rodarla entonces… Yo estrené 'Tiro en la cabeza' en San Sebastián y el día anterior ETA asesinó a un militar. La hice porque veía una ventana de oportunidad, pero me decían con cinismo que no se podía buscar un acercamiento, una vía de diálogo. La única manera de resolver un problema es siempre dar un paso hacia el otro, ponerse en sus zapatos y esperar un gesto recíproco. Diez años después estoy feliz de que haya sido así. Hay cosas del proceso que se podían haber hecho mejor. Se ha buscado en algunos momentos una humillación del lado vencido que me parecía peligrosa, incluso observadores anglosajones preguntaban si nos estábamos volviendo locos. Al final, las cosas se han llevado razonablemente bien.

Bárbara Lennie, en 'Petra'.
Bárbara Lennie, en 'Petra'.

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