Cuando John Ford era Jack Ford

Cuatro veces ganador del Oscar, el cineasta comenzó a labrarse una carrera en Hollywood como actor y ayudante de dirección en las películas de su hermano Francis Ford

John Ford./
John Ford.
Boquerini .
BOQUERINI .

«Coge todo lo que hayas oído decir sobre él -afirmo una vez James Stewart- y todo lo que hayas oído en tu vida, multiplícalo por cien, y seguirás sin tener una idea de John Ford». Ford es sin duda el director más grande de la historia, cuya figura crece y crece conforme pasan los años. Cuando le preguntaron en una ocasión a Orson Welles por sus tres mejores directores de la historia del cine, no lo dudó ni un minuto: «Los viejos maestros, John Ford, John Ford y John Ford. Cuando Ford Trabaja bien, se siente que la película se ha movido y ha respirado en un mundo real», respondió.

Ford, con una ingente producción de películas, con obras maestras absolutas como 'Las uvas de la ira' o 'El hombre tranquilo', es recordado por muchos como un director únicamente de películas del oeste, algo no del todo cierto, pero que él acrecentó cuando, llamado por el Comité de Actividades Antiamericanas, dijo por toda declaración: «Me llamo John Ford y hago películas del oeste». Sin embargo John Ford no era su verdadero nombre. Antes de este había utilizado otros dos.

Sean Aloysius O´Feeney nació el 1 de febrero de 1894 y falleció el 31 de agosto de 1973. Fue, actor, director y productor, cuatro veces ganador del Oscar de la Academia. Fue el decimotercer hijo de unos inmigrantes irlandeses instalados en la prometedora América. Tras su intento por ingresar en la Marina, se traslada en 1913 a Hollywood para trabajar con su hermano Francis Ford, director, guionista y actor en la Universal Studios. Diez años después, adoptó el seudónimo de Jack Ford.

Actor y ayudante de dirección en las películas de su hermano, a partir de 1917 empieza a dirigir sus propios filmes para la Universal: eran westerns interpretados por el mítico Harry Carey, uno de los primeros héroes de oeste americano.

Sería en 1917 cuando logra por fin dirigir una película, 'The Tornado', una obra de dos rollos (unos 30 minutos), que también protagoniza, en la que destacaba el salto que hacía desde el tejado de una cabaña a su caballo. No en vano, Ford recordaría el filme como «una serie de saltos de especialista». Ese mismo año hace 'The Scrapper', también de dos rollos, un western que también escribe y protagoniza.

Ese mismo año hace 'The Soul Herder', estrenada en España como 'El bravo Caneya', una película de tres rollos, que Ford consideró siempre como su primer filme. Fue la primera de las 26 películas que Ford hizo con Harry Carey como protagonista. En 1917 Ford aun dirigiría otras cuatro películas de dos o tres rollos: 'Cactus My Pal', 'Straight Shootong', 'A Marked Man' ('Bajo sentencia de muerte'), 'The Secret Man', 'The Round Up' ('Hombre entre hombres'), 'Bicking Bradway'.

'The Iron Horse'.
'The Iron Horse'.

El director haría aún 38 películas como Jack Ford hasta que en 1923 con 'Cameo Kirby' ('Sota, caballo y rey') que hizo para la Fox, cambia su nombre por el de John Ford, y un año después su primera gran película, 'The Iron Horse' ('El caballo de hierro'), sobre la carrera entre el Union Pacific y el Central Pacific en el establecimiento del primer ferrocarril transcontinental de costa a costa.

En 1928 firma un contrato con la Fox de dos años con un sueldo increíble: ganaría 2500 dólares a la semana durante el primer año y 2750 e el segundo, convirtiéndose así en el director mejor pagado de Hollywood. En 1928 rueda su primera película sonora, 'Napoleon's Barber' ('El barbero de Napoleón'), sobre un barbero que presume delante de un cliente de lo que le haría a Napoleón si le tuviera delante, descubriendo que el cliente es Napoleón. Después llegarían sus primeras obras maestras, 'La patrulla perdida' (1934), 'Pasaporte a la fama' (1935), 'El delator' (1935), 'María Estuardo' (1936) o 'La diligencia' (1939), formando un magnífico tándem con John Wayne, al que dirigió en 20 largometrajes.

John Ford ha sido, después de D. W. Griffith, la imagen del cine americano. Cuando se atrevía a demostrar sus sentimientos, sus películas derrochan una lírica insuperable. Largometrajes de tono épico, sabía conjugar perfectamente el drama con cinceladas de verdadera hilaridad. Fue un maestro del tiempo, un gran director de actores a los que sacaba, a veces cruelmente, sus mejores interpretaciones. Y aunque fuese popular sobre todo por sus westerns, en su filmografía se encuentran todo tipo de personajes: gente normal, granjeros, emigrantes, obreros, militares oscuros, indios... esta cantidad de personajes pintorescos permitieron a Ford hablar con realismo y humor de la gran diversidad del género humano. Está considerado un cineasta de grandes escenarios y paisajes grandiosos.

 

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