Julio Medem: «Nunca me he arrepentido de haberle dicho no a Spielberg»

Julio Medem estrena 'El árbol de la sangre' el próximo miércoles 31 de octubre./José Ramón Ladra
Julio Medem estrena 'El árbol de la sangre' el próximo miércoles 31 de octubre. / José Ramón Ladra

El director vasco regresa a Euskadi en su décimo largometraje, 'El árbol de la sangre', que llega a los cines la próxima semana

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

A sus 60 años recién cumplidos, Julio Medem ha elegido regresar a Euskadi en su décimo largometraje. 'El árbol de la sangre', que llega a los cines el próximo miércoles, también supone la vuelta al universo personal de las películas que cimentaron el prestigio del autor de 'Vacas' y 'Los amantes del Círculo Polar', complejas en lo narrativo y bellísimas en lo visual. Dos jóvenes amantes (Úrsula Corberó y Álvaro Cervantes) escriben sobre su vidas en un caserío frente al Amboto. Pactan no mentirse y revelar todos los secretos de sus respectivas familias, en los que tiene cabida el crimen, la pasión y la locura. Medem sigue fiel a sus marcas de fábrica -el destino como motor del relato, las escenas de sexo- y confía en rodar pronto dos proyectos largamente acariciados: la 'hermana' de ficción de 'La pelota vasca' y un biopic del modisto Balenciaga.

¿Cómo ha sido el regreso al País Vasco?

Completamente natural. Quería contar una historia de amor que tuviera dentro un árbol y las ramas fueran vidas que contuviesen a su vez otras historias de amor. Una parte de sus raíces las sitúo en el País Vasco y otra en Cataluña. También aparecen el Levante, Madrid, Sevilla…

Elige situarla enfrente del Amboto, la morada de la diosa Mari.

Yo antes de hacer cine escribía cuentos sobre el personaje de Mari, una especie de fantasía sexual, en donde ibas por el bosque y eras secuestrado por Mari. Yo era un adolescente y pensaba que el sexo ocurría debajo de los arbustos y ese tipo de cosas…

Los protagonistas necesitan conocer sus raíces y sus secretos de familia para poder vivir en plenitud.

Ese es el acto amoroso que tiene la película. Ellos se juntan para que cada uno vierta la historia de sus 25 años de vida y la de sus familias respectivas. Unen sus ramas, mezclan sus sangres y crean un gran árbol, que acaba siendo mucho más poderoso y trágico como relato de lo que habían imaginado.

Hay una reflexión sobre el oficio de contador de historias a través de esta pareja que escribe unida.

Una buena parte de la película está contada a sí misma. Idealizan y subliman su pasado, por eso tuve claro que quise apostar por la belleza, en localizaciones y actores, en todo. Una belleza amenazada de muerte porque la historia tiene dentro un thriller, la sangre no solo de los ancestros, sino de los órganos y de la violencia.

No se ha cortado un pelo, le ha salido una película muy Medem, sin concesiones.

Me gustar darme libertad. Los protagonistas tienen el ímpetu de los narradores jóvenes, utilizan mucho lenguaje simbólico. Y yo mismo reconozco aspectos de otras películas mías.

«Nada de política», acuerdan los protagonistas para no contaminar el espíritu del relato.

Claro, porque ellos quieren quererse sin mentiras. ¿A qué viene entonces la política? El espectador puede imaginar perfectamente la ideología de los personajes. Sacar la política sería mancharlo todo.

¿Usted también comparte esa idea?

En este caso, sí. Los personajes se sienten culpables por actos que han cometido en el pasado y se dan la oportunidad de redimirse.

Una fotografía en la pared de una cocina muestra a una pareja de etarras. Esa es otra película que merece ser contada.

Puede ser. Yo tengo las ganas de hacer alguna vez la hermana de ficción de 'La pelota vasca', porque se quedó sin hacer: 'Aitor, la piel contra la piedra'. Estuve a punto, pero rodé antes el documental. La voy a hacer, sí.

Sigue siendo de los pocos directores que rueda escenas de sexo.

El cine americano se ha vuelto especialmente pudoroso, en las escenas de cama están con calzoncillos, sujetador y bragas. Hombre, ¿quién hace el sexo con ropa interior? Me gusta el romanticismo profundo: vida, muerte y sexo, están entremezclados. En esta película he rodado las escenas de sexo poniendo la cámara entre los cuerpos entrelazados, como fogonazos volcánicos.

Se han cumplido ya 25 años de 'Vacas', una película cuya influencia llega hasta 'Handia'. ¿Tiene sensación de haber sido pionero en algo?

Ya soy mayor… Escucho a la gente joven que me llama referente y me parece precioso, un halago enorme que me anima y da sentido a lo que hago. Yo también tuve y sigo teniendo mis referentes. Hace poco se cumplieron 20 años de 'Los amantes del Círculo Polar' y la Academia de Cine organizó un pase que se llenó.

Eligió bien en esas tres vidas suyas: atleta (hizo la mejor marca juvenil de salto de vallas en España), médico y director de cine.

Estudié la carrera de Medicina pero nunca llegué a ejercer, podía haber sido psiquiatra. Dejé de ser atleta al entrar en la universidad y acabé la carrera por acabar. Tengo ese título absurdo que dice 'Licenciado en Medicina y Cirugía General'. Y me sentí a gusto para dedicarme al cine. Cuando escribo personajes, todo lo que me interesa de la psicología está en ellos. Y a veces, cuando escribo con determinación y concentración, me acuerdo de la soledad en la que entrenaba.

¿Se arrepiente de haber dicho no a Spielberg para rodar en Hollywood 'La máscara del Zorro'?

No. Yo les decía que me habían elegido mal… Les había gustado mucho 'La ardilla roja' y querían a un autor para hacer cine de fórmula. Pero no me dejaban cambiar nada. Pasé diez días muy raros pensándomelo. A un minuto decía sí y al minuto no. Una mañana, en la ducha, me sentí tranquilo al tomar la decisión. Acabé de desayunar y llamé. Antonio Banderas me dijo que si estaba loco.

¿Va a llevar al cine por fin la vida de Balenciaga?

Quiero hacerla, solo es cuestión de que se alineen los astros. Mi familia se ha dedicado a negocios textiles, El Andorrano es la tienda de ropa más antigua de San Sebastián. Y mi madre fue diseñadora de ropa infantil. Mi tío me mostró una carta en la que se contaba cómo mi bisabuelo le pagó a Balenciaga el primer viaje en tren a París con 18 años. Y allí empezó su historia de amor fascinante con Wladzio. Cuando se lo conté a mi madre me dijo que tenía que hacerla yo. ¿Sabes? Creo que entiendo algo muy profundo de Balenciaga.

De las vacas en las faldas del Amboto a la mafia georgiana

«A toda hostia».Así comienza a contar su historia el personaje de Álvaro Cervantes en 'El árbol de la sangre', cual Sherezade decidida a bucear en el pasado de su familia. En tres minutos hemos pasado de las vacas en las faldas de Amboto a las mafias georgianas y un polvo en una cala de la Costa Brava. Solo en el cine de Medem se permite tal exuberancia narrativa, que atrapará a los fans de su cine y sacará de la cinta a quienes nunca hayan comulgado con la particular poética del donostiarra. En definitiva, dos horas diez de un Medem desatado y sin concesiones, en plena forma para bien y para mal.

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