'Maya': La vuelta a la vida de un reportero secuestrado y otros estrenos

Roman Kolinka y Aarshi Banerjee en 'Maya'.

O. BELATEGUI/B.CRESPO

La primera vez que vemos a Gabriel, el protagonista de 'Maya' (Roman Kolinka), se está duchando en una habitación de hotel. Su cuerpo con moratones nos indica que el agua también tiene que limpiar el sufrimiento que arrastra. Gabriel es un periodista francés que ha estado cuatro meses secuestrado en Siria. Tras su liberación le toca pasar el trago del recibimiento en París. Los honores oficiales, los chequeos médicos, las preguntas y el retorno a una vida normal con su novia, si es que un reportero de guerra puede llevar una vida normal.

Incapaz de superar el trauma del cautiverio, elprotagonista decide irse a Goa, donde vivió su infancia en compañía de una madre hippy. Allí conocerá a Maya (Aarshi Banerjee), la hija de unos amigos, con la que vivirá un idilio.

Mia Hansen-Love nos propone un viaje turístico por India a través de la mirada de una persona rota. 'Maya' se ve con agrado, aunque cuando la acción se traslada a Goa la directora abandona la reflexión en torno a la figura del reportero de guerra. El espíritu de 'El río' de Jean Renoir sobrevuela este filme hermoso, lastrado por un actor protagonista que mantiene la misma expresión durante todo el metraje.

'Yomeddine'

He aquí una 'road movie' singular por una característica: tanto su protagonista como el actor que lo encarna son leprosos. El director debutante Abu Bakr Shawky arranca su película en una leprosería y sigue a su tullido protagonista en un viaje a través de Egipto, acompañado por un niño que se ha escapado del orfanato para encontrar a su familia en un pueblo de las orillas del Nilo.Formado en Nueva York, Shawky se encomienda al espíritu de 'El chico' de Charlie Chaplin para firmar un bienintencionado drama, que entremezcla las fugas oníricas a cámara lenta con momentos de euforia en los que la imagen se agita frenéticamente. El filme pasó por la sección oficial del Festival de Cannes con más pena que gloria.

'El niño que pudo ser rey'

Un filme ideal para el público infantil que no se asusta con facilidad y el juvenil en general, 'El niño que pudo ser rey', se estrena este fin de semana en el incomprensible circuito de exhibición nacional. Los amantes de Harry Potter están de enhorabuena, aquí pueden degustar otra película con niños y magia de por medio, una relectura del mito del Rey Arturo que viene firmada por un cineasta tan poco prolífico como interesante, Joe Cornish, artífice de la referencial 'Attack the block', propuesta que homenajeaba a clásicos del cine de entretenimiento de los años 80, batiendo con acierto los tics de un cine de género que marcó a una generación.

Responsable junto a Steven Moffat y el gran Edgar Wrigh del frenético guión de la taquillera 'Las aventuras de Tíntín: El secreto del unicornio', dirigida por Steven Spielberg, se atrevía a coquetear con la temática social al situar la acción en un barrio de Londres castigado por el sistema. Así, 'Los Goonies', 'Exploradores' y sagas de culto de serie Z como 'Critters' (con serie y película en camino), títulos de una época demasiado añorada por los nostálgicos, se daban la mano con '28 días después' y un Ken Loach edulcorado, con la sombra del maestro John Carpenter dando cobijo.

La mala baba, el gore y el ritmo desbocado de este debut no se ve replicado en una nueva apuesta cuya génesis comenzó desde niño para el director, cuando vio las películas 'Excálibur', de John Boorman, y la mítica 'E.T.'. Ambos filmes inspiraron esta historia del típico chico perdedor del colegio, interpretado por Louise Serkis ('Alicia a través del espejo'), torpe existencia cambia radicalmente cuando se topa con la famosa espada.

«A lo largo de mi adolescencia, dibujaba pequeñas viñetas en los libros escolares donde la espada Excálibur surgía de una bañera; era la yuxtaposición de lo doméstico lo moderno con un mito ancestral», recuerda Cornish. «Aunque después dejé de lado la idea, lentamente ha seguido gestándose en mi interior desde entonces». La popular leyenda del Rey Arturo se traslada a la actualidad, con efectos visuales de monstruosos guerreros medievales que se enfrentan a un grupo de adolescentes que se ven en la tesitura del salvar el mundo del ataque de una bruja malvada. El humor típicamente británico, marca de la casa, que impregna la aventura, da sentido a una revisitación que puede antojarse inocente en los tiempos que corren.

«En esta película, los chicos emprenden un viaje del que parten siendo algo agresivos, groseros y enfadados unos con otros, hasta llegar a un lugar donde comprenden el valor que tiene ese básico código moral y lo aplican a su mundo contemporáneo», resalta el director. «Espero que el filme, además de ser una épica película de acción y aventuras, llena de diversión, comedia y emoción, contenga también un mensaje para los chicos que explique el valor de esos antiguos ideales, que podrían tener cierta pertinencia en la forma de vida actual». Diversión con mensaje.

'Escape Room'

Ávido de encontrar filones que explotar entre los fenómenos sociales del momento, el mundo de cine se fija en las modas del negocio del entretenimiento a pie de calle. ¿Con qué mata el ocio el ciudadano medio? Convertir un bono 'Spa para parejas' en un filme con enjundia no parece tener mucho sentido, aunque no hay nada que no pueda funcionar mínimamente si se lleva al terreno del horror fílmico y la serie B. En las despedidas de soltero estuvo de moda el paintball -cuenta con su versión en live action- , o poner en riesgo el pellejo innecesariamente apuntándose al descenso de barrancos, pero las cuadrillas de hoy prefieren dejar la multiaventura para el verano y dejarse llevar por los escape rooms en cualquier época del año, con la excusa de una cena de empresa o un cumpleaños.

No hay ciudad o pueblo, con un número decente de habitantes, que no tenga algún local dedicado a esta experiencia colectiva participativa donde un grupo de jugadores debe salir de una o varias habitaciones resolviendo acertijos. Hay que pensar y trabajar en equipo en un ambiente controlado, eludiendo la posibilidad de partirte un brazo haciendo puenting. Debido al auge del formato, estas iniciativas empresariales se reproducen por esporas, la ley de la oferta y la demanda, atendiendo a una temática, histórica o fantástica, con algunos diseños de escenarios y misterios que descifrar francamente trabajados (y llamativos).

En consecuencia, respondiendo a esta fiebre, no podía tardar en llegar una película que explotase esta tendencia. 'Escape Room', para qué vamos a volvernos locos con el título, tiene clara su misión y, como ocurre en los juegos reales, donde la pistas están bien pensadas en una dirección y es difícil no avanzar, el trailer ya explica la historia al dedillo. El camino por el que transitar está señalado con piedras de colores, no con migas de pan que puedan comerse los pájaros como en el cuento de Pulgarcito. Esto es, esto es lo que hay, te damos lo que quieres, tienes lo que te hemos vendido. No vamos a volvernos locos. A disfrutar.

Los Real Escape Game (REG), léase escape rooms, nacieron en Japón hace poco más de una década. Desde entonces, su popularidad no cesa. 'Escape Room', la película, sigue la estela de 'Saw', con menos virulencia que la interminable franquicia, que a su vez se miraba en la estupenda 'Cube'. Independientemente de su previsibilidad, la propuesta funciona, generando tensión en el espectador con recursos sencillos, como en el juego real. Las puertas van abriéndose, los protagonistas avanzan y y el relato fluye sin salirse del marco, con algunos destellos visuales imaginativos. Adam Robitel, responsable de la olvidable 'Insidious: La última llave', entrega de otra franquicia terrorífica -la sombra de James Wan es alargada-, ya está preparando el siguiente capítulo, a estrenarse en 2020.

La premisa «cómo divertirse pasándolo mal» cumple con el expediente. Escapar del lugar con vida, sobrevivir a la experiencia, resolviendo puzzle tras puzzle, es el objetivo de los protagonistas, con un psicópata endemoniado irrumpiendo en la partida. Es lo suyo recordar 'La habitación de Fermat', película española rodada por Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña en 2007, cuando los REG no existían en Occidente, un divertido artefacto que partía de similar planteamiento con menos presupuesto, apostando por la intriga con los elementos justos.

'Trinta lumes'

«A veces lo que nos rodea de forma invisible es más poderoso que lo visible», sostiene Diana Toucedo, responsable de la poética 'Trinta Lumes', quizás el estreno más sugestivo del fin de semana, a medio camino entre el documental y la ficción con toques fantásticos. «Aquello que emana de la naturaleza, de la tierra o incluso lo que en muchos momentos se mueve con el aire puede producirnos sensaciones e incluso recuerdos de presencias, de tiempos pasados, de aromas, emociones… que no vemos, pero justamente sentimos. En esta película he querido indagar justo en nuestra gran capacidad para sentir aquello que no captamos por la mirada, pero si a través de los demás sentidos».

Con ambición creativa y cierta óptica experimental la realizadora y montadora da un paseo por el sentido de la vida y el significado de la muerte a través de los ojos de una niña de doce años que siente una insaciable curiosidad por lo desconocido. Para aliviar sus ansias de respuestas recorre lugares abandonados donde se alojan misterios que desvelar. Las montañas de O Courel, en el interior de Galicia, son escenario de las vivencias de Alba, allí donde la muerte parece no ser el final sino una transición. «Cinematográficamente el reto de desvelar algo de aquello que se esconde, que se oculta pero al mismo tiempo también lucha por permanecer presente me pareció necesario para retomar y reivindicar el poder de nuestros sentidos», cuenta Toucedo, una cineasta que dará que hablar.

'Mirai, mi hermana pequeña'

Nominado a mejor largometraje de animación en los Oscar, en los Globos de Oro y en numerosos festivales, entre ellos el de Annecy, cuyo prestigio en el género es mayúsculo, 'Mirai, mi hermana pequeña' es una delicia escrita y dirigida por Mamoru Hosoda, autor de tres películas premiadas en Sitges: 'Summer Wars', 'El niño y la bestia' y 'La chica que saltaba a través del tiempo'. Son títulos de anime indispensables. Su nueva propuesta cuenta la historia de Kun, un niño mimado de cuatro años al que sus padres dejan algo de lado, ya no le prestan tanta atención, cuando nace su hermana Mirai. Ya no es el rey de la casa, pero su propia hermana, en su versión adolescente, viaja desde el futuro para vivir una fantástica aventura. Vista también en la Quincena de Realizadores de Cannes del pasado año, es la primera cinta de animación de la historia que tiene su première mundial en una sección a competición del festival.