Nicole Kidman, violentamente fea

Nicole Kidman en la piel de una agente de policía del departamento de Los Ángeles devastada por el alcohol y la culpa.

La actriz encarna a una policía torturada por su pasado en 'Destroyer', un thriller al que le pierde su ansia de trascedencia

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

La primera vez que vemos a Nicole Kidman en 'Destroyer. Una mujer herida' casi tenemos que frotarnos los ojos. ¿Esa mujer con el rostro ajado es la bella protagonista de 'Eye Wide Shut' y 'Moulin Rouge'? A sus 51 años, la actriz ha decidido que ya toca un segundo Oscar tras el recibido en 2002 por dar vida a Virginia Woolf en 'Las horas'. Pero la jugada le ha salido mal y la nominación a mejor actriz protagonista en los Globos de Oro no se ha repetido en los Premios de la Academia. Kidman no podrá repetir la jugada de Charlize Theron, a la que salir afeada a conciencia en 'Monster' le reportó la estatuilla.

De todos modos, sus admiradores pueden respirar tranquilos. La estrella de 'Los otros' también aparece con su habitual hermosura en los flashbacks de 'Destroyer', antes de que los estragos del alcohol y el sentimiento de culpa la convirtieran en un desecho humano, en la agente de policía más acabada del departamento de Los Ángeles. ¿Qué ocurrió para que acabara así? Es lo que relata Karyn Kusama en su quinto largometraje, un thriller con elementos de drama que tiene su principal baza en la composición de su protagonista.

Kusama saltó a la fama con su primer largometraje, 'Girlfight', una potente versión en clave feminista de 'Rocky', con una chica de Brooklyn que boxeaba para enfrentarse a su destino (Michelle Rodriguez, desde entonces una estrella). La directora abandonó pronto la etiqueta de cineasta indie para probar suerte en el 'mainstream' con 'Aeon Flux' y el grueso de su carrera se ha desarrollado en televisión con series como 'Casual', 'Masters of Sex', 'El hombre en el castillo' y 'Billions'. Hace no demasiados años, una película como 'Destroyer' la hubiera protagonizado un hombre. Y entonces emerge en el recuerdo la brutal 'Teniente corrupto', de Abel Ferrara, otro descenso a los infiernos de un detective al que hace tiempo que dejó de importarle el lado de la ley en el que se encuentra.

Nicole Kidman en uno de los flashbacks de 'Destroyer'.
Nicole Kidman en uno de los flashbacks de 'Destroyer'.

La torturada policía que encarna Nicole Kidman estuvo infiltrada en el pasado en una banda de atracadores de bancos, que funcionaba como una secta bajo el dominio de su carismático líder (Toby Kebbell). Algo así como los ladrones de 'Le llaman Bodhi' pero sin surfear y más parecidos al clan de Charles Manson. Aquel trabajo absorbió su vida y provocó que abandonara a su hija, una adolescente que no la quiere ni ver y que bebe los vientos por un macarra. Cuando quince años después el cabecilla de los psicópatas dé señales de vida, la agente desahuciada por todos dejará de beber y comenzará su caza.

Kusama aprovecha las enseñanzas de cineastas que han sacado provecho de una ciudad fascinante como Los Ángeles. Hay ecos del mejor Michael Mann en el retrato de una urbe inhumana y en el empleo de una violencia seca, brutal, como la escena del atraco a un banco frustrado por la protagonista, sin duda las imágenes más salvajes que ha rodado Nicole Kidman en toda su carrera. Sin embargo, a 'Destroyer' le pierde su ansia de trascendencia. Kusama se excede en el sentimentalismo cuando muestra la relación madre e hija y cae directamente en el ridículo cuando se pone en modo Terrence Malick y establece ecos poéticos entre los coyotes que de noche merodean por las calles de Los Ángeles y el destino de la protagonista.

En un último golpe bajo al espectador, trastoca el punto de vista de la acción en la resolución de la trama de una manera facilona y tramposa. Una jugarreta innecesaria para un thriller que contaba con las dos grandes bazas de una actriz soberbia y una ciudad en la que los sueños y la violencia van de la mano.

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