'Perturbada', la película que Soderbergh hizo con un iPhone

Sawyer Valentini, en primer plano, junto a su acosador David Strine./
Sawyer Valentini, en primer plano, junto a su acosador David Strine.

El filme del cineasta estadounidense, una estimable película de suspense, llega ahora a Movistar+

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Imagine que ha sufrido un acoso brutal a manos de una persona llamada David Strine (Joshua Leonard). Interpone una denuncia ante la Policía pero no consigue gran cosa y decide poner tierra de por medio -en concreto, 700 kilómetros de distancia- y empezar una nueva vida. Sin embargo, el pánico y el terror continúan ahí. Es incapaz de relacionarse con nadie porque el temor a que su acosador regrese está ahí. Decide ir al psicólogo, que le atiende con sumo gusto y le hace ciertas preguntas incómodas. Antes de recetarle un tratamiento, le pide que firme unos papeles. Entonces, sin previo aviso, la ingresan en Highland Creek, una institución psiquiátrica.

Así comienza 'Perturbada', la película que Steven Soderbergh dirigió en 2017 y que, tras pasar sin pena ni gloria por las salas de cine -la distribuyó Fox-, acaba de llegar ahora a Movistar+. Hay mucho de telefilme en la propuesta del cineasta estadounidense con esa premisa que huele a sobremesa en Antena 3. Pero lo cierto es que el filme engaña y ofrece cierta sofisticación que la aleja de ese tipo de subproductos. Al fin y al cabo, es una más que solvente Claire Foy quien lleva todo el peso de un thriller sugerente, bien construido y lo suficientemente entretenido. El espectador no puede sino empatizar con Sawyer Valentini que, prácticamente, desde el principio se ve privada de su libertad -especialmente inquietante es el momento en el que le ordenan desnudarse al entrar en el centro psiquiátrico o las conversaciones con el doctor Hawthorne que no parece entender lo que está sucediendo en el recinto-.

Por fortuna una narración tan, a priori, calustrofóbica encuentra los suficientes giros de guion como para mantener en vilo al espectador, que siempre se topa con algo lo suficientemente novedoso como para seguir aferrado a una trama eficaz, pero también algo insulsa. Y eso que Jonathan Bernstein y James Greer, responsables del guión, intentan darle algo de trasfondo al asunto con una ligera crítica a la sanidad privada y cierto comentario sobre el uso de las redes sociales -delicioso el cameo de Matt Damon a este respecto-.

Una película diferente

Pero de 'Perturbada' se ha hablado más por otros motivos que los estrictamente cinematográficos. Grabada en secreto en junio de 2017, en apenas siete dáis, se trata de una de las primeras películas hechas íntegramente con un móvil y más concretamente con el iPhone 7 Plus, en 4K y con la aplicación FiLMiC Pro -Soderbergh acaba de repetir la hazaña con 'High Flying Bird', grabada con un iPhone 8, esta vez para Netflix-. Y se nota. Para empezar porque el formato del filme se aleja un poco del estándar panorámico y también porque la película 'sufre' con ciertos movimientos de cámara, especialmente con los paneos y algunos trávellings, algo más temblorosos de lo habitual.

Tres fotogramas de 'Perturbada'.

Pero Soderbergh, que hace las veces de director de fotografía en la pieza, procura no abusar de ello y sabe sacar provecho de las limitaciones del teléfono, utilizando encuadres atípicos y frescos que explotan los puntos fuertes que tanto el objetivo como la lente de la cámara atesoran. Son primeros planos y contraplanos, a menudo con los actores en el centro de la imagen, y con abundante luminosidad -a veces, incluso, con la luz algo quemada-, que dan un toque raro y casi onírico a la producción, pero también cierto tono 'amateur'. El montaje, ágil y rápido, contribuye, sin duda, a que no se pierda el aspecto cinematográfico de una propuesta más bien arriesgada.

Pese a todo, Soderbergh no duda en arriesgar las veces que tiene que hacerlo: mueve la cámara, con todo lo que ello conlleva -están muy logrados los paseos por los pasillos del centro psiquiátrico, al más puro estilo 'El lado oeste de la Casa Blanca'-, y aplica elementos como el ojo de pez a la misma. Se permite incluso grabar un plano secuencia que no entrará en la historia del cine pero que sí refuerza la angustia y el drama que la película quiere contar. Y, al final, eso es lo importante. Eso y la demostración, una vez más, de que la democratización de los medios para hacer películas cada vez es mayor.

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