Los problemas de Paco Roca con las mujeres

El actor Raúl Arévalo pone la voz al protagonista del filme, que no es otro que el dibujante Paco Roca./
El actor Raúl Arévalo pone la voz al protagonista del filme, que no es otro que el dibujante Paco Roca.

La adaptación al cine de 'Memorias de un hombre en pijama' no captura el espíritu del cómic y deviene rancia y machista

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

El Premio Nacional de Cómic en 2008 alertó sobre las bondades de 'Arrugas', una obra ambientada en una residencia geriátrica en la que Paco Roca (Valencia, 1969) reflexionaba sobre la vejez, la soledad y el alzhéimer. Publicada por la editorial bilbaína Astiberri, 'Arrugas' alcanzó cifras de ventas dignas de un best-seller literario y fue la primera historieta española traducida al japonés. Su autor se animó a dibujarla cuando su madre, coqueta toda su vida, compró avergonzada un bastón para poder andar. Al mismo tiempo, varios amigos empezaron a contarle las idas de cabeza de sus padres, olvidos y lapsus divertidos primero, preocupantes después.

'El invierno del dibujante' (2010), recreación de la vida de los dibujantes de cómics en la España franquista, y 'Los surcos del azar' (2013), recordatorio de la hazaña de los republicanos españoles que liberaron París en la II Guerra Mundial, son otras dos obras de cabecera de Roca, que en 2011 recopiló las tiras que comenzó en el diario 'Las Provincias' en 'Memorias de un hombre en pijama', también editado en Astiberri, que ha tenido continuación en dos entregas más.

En un tono cercano y autobiográfico, el protagonista de las viñetas era el propio Paco Roca, un hombre en la cuarentena que ha hecho realidad su sueño de trabajar en casa y en pijama. La sombra de Woody Allen planea sobre el personaje, alter ego del propio dibujante, volcado en el trabajo, maniático, torpe, siempre en la cuerda floja sentimental. Un excelente punto de partida para una adaptación cinematográfica que, por desgracia, no captura el espíritu original del tebeo.

'Memorias de un hombre en pijama' la película arranca con una breve escena en imagen real del protagonista (Raúl Arévalo), en su apartamento barcelonés con vistas a la Sagrada Familia. Eterno peterpán, apura su soltería con los amigotes en discotecas hasta que cae prendado de una periodista que trabaja en el diario donde publica sus tiras. Su vida cotidiana y sus rifirrafes sentimentales son la materia de la que se nutre su obra. Cuando decide vivir junto a su chica descubrirá que le daba más juego creativo su pasado en soledad.

Animación pobretona

El filme dirigido por el debutante Carlos Fernández de Vigo compitió en el pasado Festival de Cine Español de Málaga, donde se fue de vacío en el palmarés. La marcha del proyecto de Paco Roca, totalmente desvinculado del mismo, nada bueno hacía presagiar. Confiesa que ni siquiera ha llegado a verla terminada. «No pretende ser más que una película indie romántica», explicaba en una entrevista reciente. «Con ella te das cuenta de lo difícil que es el mundo del cine y controlar como tú quieres un proyecto. Y si no eres capaz, mejor te sales».

Ausente la ternura, el tono autorreflexivo y el sentido de la observación de las viñetas, 'Memorias de un hombre en pijama' aparece como una película 'viejuna' en la era del #MeToo. No solo resulta antipático su protagonista, sino que los juegos de seducción devienen rancios y machistas, incluida la manera de dibujar a las turgentes protagonistas femeninas. La fea y pobretona animación tampoco comparte la poesía de línea clara de los cómics de Roca, que tuvo bastante más fortuna con la adaptación de 'Arrugas'. Inundar el metraje de canciones de Love of Lesbian sin venir a cuento no ayuda a arreglar el desaguisado.