David Simon sigue muy vivo

Maggie Gyllenhaal, durante el rodaje de 'The Deuce'/
Maggie Gyllenhaal, durante el rodaje de 'The Deuce'
En serie

'The Deuce', la nueva serie del creador de 'The Wire' encandila con unos personajes bien construidos en un escenario que huele a sexo y violencia

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

David Simon pasará a la historia de la televisión como el creador que exclamó lo de "que se joda el espectador medio". Aquella sentencia ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones y discursos, la mayoría para explicar la forma de consumir series en los últimos años. En realidad él se refirió al "casual viewer", es decir, aquel que no se entrega, que busca el entretenimiento rápido, que no tiene paciencia para que el producto audiovisual que está viendo crezca y tome forma. "Si puedes estar haciendo la colada, ir al baño y seguir viendo la serie no me interesa", aseguró durante su visita al SerializadosFest de Barcelona para explicar su distinción.

El consumidor al que apela Simon es activo, crítico, capaz de apreciar una obra completa y de no dejarse llevar por una primera impresión. A ese usuario se han dirigido todas las ficciones que el realizador ha firmado. La más emblemática sigue siendo, por supuesto, 'The Wire' y la que exigía un compromiso mayor por parte del espectador. Reconocido como uno de los grandes títulos de este siglo este título recorre las calles de Baltimore para husmear en sus recovecos más oscuros, plagados de droga, corrupción y violencia. Lejos de efectismos y trucos la producción tarda en presentar sus piezas principales y no impone ningún ritmo falso para atrapar al público. La recompensa para que el aguanta es un producto vibrante, realista y descriptivo de la sociedad actual como pocos.

Esa ha sido la marca Simon, y como tal la ha mantenido en proyectos posteriores, que han abarcado argumentos de variada índole, pero en los que siempre ha prevalecido un interés y un compromiso social. Estaba en 'Treme', el retrato del Nueva Orleans post Huracán Katrina, y en 'Show me a hero', en torno a un caso real de discriminación racial en los años 80 en Nueva York. Ahora el escritor y productor ha regresado, ha dejado de nuevo su sello impreso en una propuesta, ha vuelto a hacer la televisión que a él le gusta. Y eso que él se reconoce como un espectador terrible.

Simon no mueve masas. Lo suyo no va de 'Juego de Tronos' o 'The Walking Dead'. No despierta esas filias y fobias. Pero cada uno de sus estrenos se vive como un acontecimiento. En plan 'alabado sea Simon'. Su liga es diferente. HBO lo sabe y por eso confía en él. Y tanto que confía. Su última serie, 'The Deuce', con solo dos episodios ya ha conseguido la renovación para una segunda temporada. No han necesitado más. La crítica le ha dado el visto bueno y el público ha aplaudido. Ha generado ruido, del bueno.

Una escena de 'The Deuce'.
Una escena de 'The Deuce'.

Mucho se había hablado de lo que podía dar de sí 'The Deuce', con la que planteaba retratar la industria porno de los años 70 en la ciudad de Nueva York. El proyecto tomó forma con James Franco como aliado, haciendo las veces de productor ejecutivo y como intérprete principal, y con George Pelecanos y Richard Price, que comparten la autoría de guión.

El primer episodio se estrenó hace aproximadamente un mes. La estrategia de la cadena era mostrar el potencial de su nueva apuesta y confiar en el boca a boca, confiando en la expectación y en que se conformase un número amplio de espectadores con ganas de engancharse a lo nuevo de Simon. La emisión regular de capítulos ha comenzado esta semana y se alargará seis más hasta completar las ocho entregas previstas.

Personajes

El piloto dejó buen sabor boca aunque desconcierta por varias aspectos. El más evidente es la ausencia de porno. Ni explicíto, ni implícito, ni rastro de la industria en torno a este negocio. Cuando creíamos que eso era lo que nos iba a narrar nos encontramos con un abanico de prostitutas, chulos y yonquis que deambulan en esa jungla que es y ha sido siempre la Gran Manzana. El escritor se inclina por presentarnos antes el quién que el qué. Lo apuesta todo a sus personajes. Y gana.

James Franco hace el papel de dos gemelos.
James Franco hace el papel de dos gemelos.

A James Franco lo vemos doble. No hemos bebido. Da vida a dos hermanos gemelos, los Martino, uno al frente de un bar y asediado por las deudas y otro adicto al juego. Al primero le toca saldar las deudas del segundo y tratar con tipos como el mafioso Rudy Pipilo, que no está dispuesto a ponérselo fácil. Conocemos su complicada situación laboral y también la personal e intuimos que esto les va a abocar a tomar una decisión drástica. Sus vidas se cruzan con las de proxenetas en busca de presas, muchachas que llegan a la gran ciudad persiguiendo una oportunidad, tipos que intentan olvidar sus miserias a base de sexo, adictos a las emociones fuertes y otras sustancias, mujeres que pagan sus facturas trabajando su cuerpo.

Entre estas últimas destaca Candy, estupenda Maggie Gyllenhaal, una prostituta que conoce el negocio como pocos y que no está dispuesta a atarse con nadie. Gana dinero para sobrevivir y para mantener a un hijo que no puede vivir con ella. Y ese crío será el que determine sus actos.

James Franco, en una escena de la serie.
James Franco, en una escena de la serie.

Todos ellos conviven en un episodio en el que Simon demuestra brío, sienta cimientos, construye historias que te dejan con ganas de más. Y esta vez lo hace de un modo más prematuro que en otras ocasiones. A la vez vemos al Simon de siempre, al que le gusta descubrir las caras menos amables de las urbes y los aspectos más sucios de la relaciones humanas. No hay prisa por llegar a ningún punto pero sí grandes intenciones de que nos encandilemos de unos personajes con fuste y de un escenario peligrosos y atractivo. Y lo consigue.

El segundo episodio, ya disponible en la plataforma HBO, empieza a plantear la trama principal y a mostrarnos habilidosamente el modo en que todos esos seres que pululaban en la primera entrega, esos que nos han dejado atrapados, encajan en el escenario protagonista de la serie, la industria del porno. Los vamos a acompañar, vamos a ser sus cómplices. Nos asombraremos, asustaremos y extrañaremos como ellos. Ese el juego en el que nos ha metido Simon en esta ocasión. Y este juego, con la neoyorquina calle 42 como tablero, nos gusta.

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