'Ozark', un manual para blanquear

Jason Bateman, en una escena de la serie.
En serie

Jason Bateman y Laura Linney protagonizan el 'thriller' de Netflix, que se ha ganado la renovación por una segunda temporada

Nuria Nuño
NURIA NUÑO

Por paradójico que resulte, la inmensa mayoría de los seriéfilos -y muchos que no lo son- se han pasado todo el verano hablando del invierno. Como suele ser habitual, 'Juego de Tronos' ha atrapado a la audiencia, ha acaparado titulares y la atención de los 'hackers'. Como daño colateral, el desembarco de Daenerys y compañía en Poniente ha eclipsado la llegada de numerosos estrenos de ficciones que han visto la luz durante el estío. Muchos de ellos han pasado sin pena ni gloria, sin destacar entre un público ávido de novedades que le sorprendan o sin sumar ni un triste 'trending topic', esa nueva vara de medir el éxito. Otros, como el caso que nos ocupa hoy, han logrado destacar lo suficiente como para ganarse la renovación por una segunda temporada. Es lo que ha ocurrido con 'Ozark', una de las últimas incorporaciones al cada vez más extenso catálogo de series originales de Netflix, que se ha convertido en una de las 'tapadas' de este verano que ya termina.

Este 'thriller', que marida el género negro con el western, está protagonizado, producido y en parte dirigido por Jason Bateman. El actor, popular por su faceta más cómica, se muestra aquí serio gracias a un personaje que vuelve a poner en el punto de mira a una controvertida figura: la de los asesores financieros. En concreto, la de aquellos que se especializan en llevar las cuentas, sacar el máximo rendimiento y blanquear el dinero amasado con la venta ilegal de estupefacientes. Unos consejeros y contables que están muy de moda, ya que también gozan de una importante cuota de protagonismo en la tercera entrega de 'Narcos', recién estrenada.

En el caso de 'Ozark', la acción no arranca en Colombia, sino en Chicago, una de las cunas del hampa y el crimen organizado. Allí, los cárteles mexicanos dominan ahora las actividades ilícitas y mueven los hilos para manejar sus operaciones por Estados Unidos. En esa urbe es donde trabaja y vive Marty Byrde (Bateman), un consultor financiero con problemas matrimoniales que se dedica con ahínco y mucha profesionalidad a lavar el dinero de una de esas organizaciones criminales. Su vida, aparentemente de lo más anodina salvo por la infidelidad de su mujer, dará un vuelco el día que se destapa que su socio (Josh Randall) ha estafado a Del (Esai Morales), el narcotraficante para el que ambos trabajan.

Carrera de obstáculos

Su situación personal se complica hasta el punto de que tiene que improvisar y urdir un plan en un intento desesperado por saldar la deuda que acumula con el cártel, salvar su pellejo y mantener a salvo a su familia. De la noche a la mañana, se tiene que mudar con su mujer (Laura Linney) y con sus dos hijos adolescentes. El cuarteto, arrastrado por el padre, abandona el asfalto y los rascacielos de Chicago y los cambia por los lagos y los bosques de los Ozark, una bucólica región montañesa del Medio Oeste estadounidense.

Tres fotogramas de 'Ozark'.

Sin embargo, la bienvenida en ese rincón idílico de la América profunda, plagado de turistas en verano y de 'paletos' –agrupados aquí en 'rednecks' y 'hillbillies'- durante todo el año, no será especialmente amistosa. Lejos de encontrar la tranquilidad y la seguridad que busca para seguir lavando el dinero negro, su llegada altera el frágil ecosistema de un lugar y de unos habitantes a los que subestima. Con el reloj en su contra, tiene que sortear en tiempo récord toda una carrera de obstáculos, aderezada con nuevos enemigos que se cruzan en su camino para ponerle las cosas más difíciles. Entre éstos, no falta un arrogante agente del FBI (Jason Butler Harner), dispuesto a todo para darle caza; un clan de rufianes, liderados por una jovencita, que quieren quedarse con su 'pasta'; ni tampoco un narcotraficante local, interpretado por el gran Peter Mullan, al que la llegada de este padre de familia metido a criminal le altera su plan de negocio.

Para lograr sobrevivir a todos ellos, Byrde cuenta con la inestimable colaboración de su esposa Wendy. La triple nominada al Oscar encarna al personaje más potente y con más fuste de la serie; ya que el suyo no tiene nada que ver con el arquetipo de mujer que no se entera de nada. Al contrario, ella está metida en el ajo y es consciente de los peligros que acechan a una familia que va dejando un reguero de millones y cadáveres a su paso; mientras todos sus miembros ponen en práctica el manual ilustrado de cómo lavar dinero. Y es que, al parecer, familia que delinque unida, permanece unida.

Temas

Netflix