Las series españolas piden paso

Alba Galocha en 'La zona' (2017)/Agencias
Alba Galocha en 'La zona' (2017) / Agencias
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'La zona' y 'Vergüenza' se reivindican como nuevos modelos de ficción patria aunque no terminen de sorprender y convencer

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA

¿Llegará el día en que en España se produzca una serie como 'Los Soprano' o 'The Wire'? Es la pregunta que más veces se pronuncia desde que vivimos en esta 'edad de oro' de las series. O de plata, o de bronce, pero ese es otro tema. La proliferación de títulos, la aparición de nuevas plataformas y la ampliación de riesgos y temáticas en las series ha provocado un cambio de modelo en industrias de todo el mundo, así como que surjan producciones impensables hace unos años. Ha pasado, por supuesto, en Estados Unidos y en Inglaterra. Pero también en Francia o en los países nórdicos. ¿Y en España?

Las series que se producen en nuestro país en la actualidad difieren de las que se hacían hace 20 años. Productos como 'Farmacia de guardia' o 'Médico de familia' hoy no tendrían la recepción que lograron en su época. De hecho cuando se han intentado repetir propuestas de este tipo no han alcanzado el éxito ni mucho menos. Las ficciones nacionales han avanzado hacia nuevas narrativas y temas y han asumido algunos riesgos. No muchos. Los que las cadenas generalistas que las producían hasta ahora permitían. Ahí están los ejemplos de títulos como 'El Príncipe', 'Vis a vis', 'Sé quién eres', 'El Ministerio del Tiempo' o más recientemente 'Estoy vivo', dignos productos que han ido dando pasos hacia un modelo particular.

La llegada de Netflix y HBO a España hizo albergar la esperanza de que estas compañías propondrían otro tipo de series, buscando públicos inéditos. Aunque de momento esto no ha pasado. O no exactamente.

Blanca Suárez y Nadia de Santiago son las protagonistas de 'Las chicas del cable'.
Blanca Suárez y Nadia de Santiago son las protagonistas de 'Las chicas del cable'. / Agencias

La primera serie española que produjo Netflix fue 'Las chicas del cable', una propuesta heredera de títulos como 'Velvet', cuya principal novedad respecto a otras realizadas por estos lares fue su duración. Los capítulos entre 30 o 45 minutos son algo absolutamente impensable en producciones de TVE, Antena 3 o Telecinco. Estas encargan propuestas que deben rellenar todo el ‘prime-time’ por lo que sus episodios nunca duran menos de 70 minutos. Esto obliga a alargar las tramas y a meter rellenos absurdos. Y si no fíjense en los últimos estrenos de estas emisoras, ‘Traición’ y ‘El accidente’, con duraciones capaces de aburrir y dormir a cualquiera. Pero ‘Las chicas del cable’, pese a todo, decepcionó a muchos que esperaban algo más arriesgado por parte de Netflix. HBO por su parte ha anunciado que adaptará la novela ‘Patria’. Falta ver cómo, cuándo y con quién. Ya habrá tiempo de comentar eso.

Movistar ha tomado la delantera en ese terreno, temerosa de que le sucediese lo del dicho, que de fuera vendrán y de casa te echarán. Para prevenir esta máxima ha dispuesto un notable presupuesto para destinarlo en producción propia. Lleva años anunciando títulos propios y algunos de estos han llegado ya. Sin contar lo nuevo de ‘Velvet’, que es prácticamente más de lo mismo de lo que se hacía en Antena 3 –para bien y para mal- ya hemos podido ver ‘La zona’ (ha atravesado su ecuador en su emisión semanal) y ‘Vergüenza’ (está disponible completa para que el espectador la consuma cómo y cuándo desee). ¿Son una revolución dentro del panorama audiovisual patrio? No, pero al menos arrojan algunos matices novedosos y que dan esperanza para próximos cambios.

'La zona'

Empecemos por ‘La Zona’, creada por los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo y planteada como un thriller policiaco. Tres años después del accidente del reactor nuclear que devastó una región del norte de España, un inspector regresa al servicio recuperado tras ser el único superviviente del primer grupo que acudió en socorro de la central. La aparición de un hombre brutalmente asesinado en la Zona de Exclusión le arrastrará a una investigación que pondrá en cuestión el orden que fue establecido tras la catástrofe.

El Pozo Candín, una de las localizaciones de 'La zona' (2017).
El Pozo Candín, una de las localizaciones de 'La zona' (2017). / Agencias

‘La Zona’ sorprende porque es de esas series que se toma su tiempo para narrar lo que quiere, para situar las piezas, para establecer un argumento con coherencia. Los tiempos acelerados que marca la sociedad obligan a los productos a intentar captar la atención del consumidor cuanto antes por miedo a que se distraiga y no le conceda más oportunidades.

Hasta ahora estamos acostumbrados a títulos que, por exigencias de las cadenas en que se emiten, deben utilizar todas las artimañas para captar público desde el primer momento. ‘La Zona’ no lo necesita y eso se agradece porque establece otros ritmos y una exposición de los hechos y presentación de los personajes diferente. Puede que tarde en arrancar pero a cambio ganamos un arco narrativo absolutamente distinto a los productos habituales en otras cadenas. El género tampoco está muy explorado en nuestra tele por lo que el intento es bienvenido.

'Vergüenza'

Tampoco se ha visitado mucho el género de la comedia dramática, que es en el que se coloca 'Vergüenza', cuya principal virtud es que cuenta con capítulos de 30 minutos. Y qué bien le sientan. Una serie como ‘La que se avecina’ podría ser magnífica si contase con capítulos más cortos que no obligasen a sus guionistas a inventar argumentos y giros de tuerca absurdos.

Javier Gutierrez y Malena Alterio, protagonistas de 'Vergüenza' (2017).
Javier Gutierrez y Malena Alterio, protagonistas de 'Vergüenza' (2017). / Agencias

'Vergüenza' ha sido creada sin presiones de audiencia y con libertad absoluta. Eso no le impide caer en tópicos y en bromas facilonas pero hay que agradecerle su retrato de personajes patrios y un esquema rápido y sin reiteraciones.

¿La trama? Sus creadores, Juan Cavestany y Álvaro Fernández-Armero, la definen como "una comedia sobre la vergüenza ajena en la que su protagonista demuestra una insólita capacidad para meter la pata de forma constante, sin descanso y cada vez a peor". Y no se equivocan. Incómoda y patética la propuesta provoca sentimientos encontrados en un espectador que se reconoce y sonroja con ella.

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