'Crime Time', ascenso y caída de un presentador de sucesos

Augusto Madeira, como Antonio Padaratz. /
Augusto Madeira, como Antonio Padaratz.

Producida por Studio+ y protagonizada por Augusto Madeira, la serie se basa en la vida de Wallace Souza, un presentador brasileño que fue acusado de ordenar los crímenes que luego el mostraba en su programa de sucesos

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Cuando Antonio Padaratz (Augusto Madeira), un policía de mediana edad y algo barrigudo, cae en un barrizal persiguiendo a un delincuente de poca monta, jura y perjura que va a cambiar de vida pronto. No pasará mucho tiempo antes de que tenga la primera oportunidad: alguien ha asesinado al hijo del alcalde de Sao Paulo mientras practicaba una felación a otro hombre en un vehículo. En mitad del caos, Silva, el directivo de una cadena de televisión, le ofrece 20.000 reales al agente si graba los cadáveres con un móvil. Tony duda apenas unos segundos, pero se acerca al coche disimuladamente y toma las imágenes que luego emitirá 'Historias de crímenes', un programa sensacionalista que se nutre de los sucesos de la ciudad.

Las imágenes sacuden a la opinión publica y al departamento de policía. Sin ir más lejos, Adriano Gantas (Érico Brás), el mejor amigo de este nuevo camarógrafo -Tony y él se criaron juntos en las calles de las favelas-, también policía, promete que va a acabar «con el cabrón» que grabó las imágenes. Sin embargo, Tony sólo ve en este nuevo 'trabajo' una oportunidad de salir de una vida llena de penurias, sin apenas espacio para el ocio y con facturas hasta el cuello. Casado y con un hijo afectado por una enfermedad neurodegenerativa, empieza a compaginar su labor en la policía con nuevas filmaciones de truculentos sucesos.

Cada vez más poderoso, Paradatz entra en contacto con la noche. Embriagado por las drogas, el alcohol y la prostitución, comienzan a ser frecuentes sus resacas y en una emboscada, su compañero es tiroteado sin que él pueda hacer nada. Su expulsión del cuerpo, clave para conseguir las imágenes, le obligarán a buscarse la vida de otra manera.

Es el punto de partida de 'Crime Time', una serie brasileña de excelente factura, que se estrenó a principios de 2017, y llega ahora a España de la mano de HBO. Producida por Studio+, la primera temporada cuenta con cuatro capítulos de alrededor de 50 minutos en los que se relata el ascenso y la caída de Tony Padaratz, en una narración que apuesta fundamentalmente por un estilo documental, de trepidante montaje. La llamativa fotografía se recrea en el desolador paraje del Sao Paulo de las favelas y lo contrapone al lujo en el que viven unos pocos elegidos.

En este sentido, resulta fascinante el camino que recorre un Paradatz cada vez con menos escrúpulos, más cínico y menos humano. Madeira está excepcional dando vida a este personaje que pronto se deja seducir por la oscuridad. El papel está muy bien escrito y sólo se le puede poner un pero: el espectador tiene que creerse que nadie puso en tela de juicio su trabajo, aún a pesar de que en muchas ocasiones es el único policía, o casi el único, que ronda el lugar de los hechos. «Cada vez que un niño apretaba el gatillo, yo ganaba dinero», llega a decir. E incluso se justifica: «Cada una de mis grabaciones le daban a los muertos el momento de gloria que no habían tenido en vida». Por el camino, las escenas violentas y espeluznantes -ese momento en el que Tony, impasible, graba como una mula comienza a vomitar bolas de cocaína mientras muere por una sobredosis- se suceden ante los ojos del televidente.

La serie está basada en la vida de uno de los presentadores más famosos de Brasil, Wallace Souza, un policía que acabó presentando su propio programa de televisión y fue acusado posteriormente de ordenar los crímenes con los que luego trataría de subir la audiencia de su programa. Con otras dos temporadas ya estrenadas -aún tienen que llegar a nuestro país-, el serial no solo sirve de crítica a un sistema corrupto y al mal ejercicio de una profesión para la que la ética y la deontología son una obligación, sino que realiza un buen retrato de los peligros del populismo. Y eso, en estos tiempos, es más necesario que nunca.

 

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