Un desgarrador 'Examen de conciencia'

Juan Cuatrecasas, el padre de una víctima de abusos./
Juan Cuatrecasas, el padre de una víctima de abusos.

Dirigida por Albert Solé, la serie analiza los abusos sexuales cometidos en el seno de la iglesia española y denuncia el silencio en torno a ellos

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Dos casos de abusos sexuales en el seno de la iglesia católica española han copado la actualidad informativa en las últimas semanas. Por un lado, las decenas de denuncias que varios antiguos alumnos han interpuesto contra el exreligioso José Miguel San Martín Unamuno, exmaestro en el colegio de los Salesianos de Deusto (Bilbao), al que se le apodaba 'don Chemi'. Por el otro, la denuncia pública que Miguel Hurtado realizaba a principios de febrero sobre los responsables del monasterio de Montserrat. Sobre este último caso versa 'Examen de conciencia', el excelente documental que ya se encuentra disponible en Netflix.

En realidad, su vivencia es la excusa para abordar el largo y desconocido historial de abusos sexuales en la iglesia desde todos los ángulos de vista posibles. Hurtado, un niño procedente de una familia católica y muy creyente -llegó a pensar en entrar en el sacerdocio- vio cómo todo su sistema de creencias se desmoronaba cuando, con 16 años, fue abusado por uno de los responsables de los scouts la Abadía de Montserrat durante todo un año. Tras el enorme palo, consiguió rearmarse y ahora trabaja como psiquiatra infantil en un centro de salud mental en Londres, una ciudad a la que emigró, entre otras cosas, para poner tierra de por medio. «Más de 20 años permanecido en silencio; he sentido verguenza y miedo. Ha llegado el momento de contar la verdad sobre los abusos sexuales en la iglesia», dice al inicio del primer episodio de los tres que componen 'Examen de conciencia'.

Es el punto de partida de un documental producido por Minimal Films, Zeta Audiovisual y Zeta Cinema que parece tener en el 'Salvados', de Jordi Évole, uno de sus referentes estéticos. Todo en 'Examen de conciencia' está cuidado al detalle. La fotografía de Raúl Cuevas resulta tan pulcra y exquisita como la del programa de La Sexta, con travellings lentos, planos detalle, infografías muy claras y explicativas, y recreaciones que no caen en lo burdo ni en el mal gusto.

Y eso que lo que se cuenta en la serie que dirige Albert Solé, ganador de un Goya por 'Bucarest, la memoria perdida', es a menudo espeluznante. Hurtado, convertido ahora en un activista, no solo habla de lo que a él le sucedió -«Sientes mucha angustia, sufrimiento y soledad», llega a decir-, sino que en una suerte de viaje interior y viaje exterior -regresa a Cataluña para denunciar públicamente su caso- conoce a otras víctimas de abusos y lanza preguntas y reflexiones que llegan a incomodar al espectador, incapaz de entender por qué durante décadas la impunidad y la protección de quienes llevaban a cabo tales monstruosidades han sido la tónica habitual.

Arriba, una de las infografías; debajo, el pederasta confeso Joaquín Benítez y el activista Miguel Hurtado.

Con la delicada música de Enric Teruel de fondo y en base a las distintas entrevistas con las víctimas, el documental va analizando el 'modus operandi' de los abusadores, que se repite a lo largo de los distintos casos que aborda la serie. En todos ellos el miedo ante unos violadores que actúan como colegas y modelos a seguir, la vergüenza de cara a la familia y los compañeros y las amenazas son una constante. Lo fueron en los distintos centros de los Maristas donde comienza el recorrido de Hurtado, también en el colegio del Opus Dei Gazteluate, en Leioa (Vizcaya), cuyo profesor fue condenado a 11 años de cárcel pese a que las autoridades eclesiásticas consideraron que no era culpable, y en el seminario de la Bañeza, en León. También son una constante las vidas deshechas, el aislamiento social y el abuso de drogas y alcohol al que quedan condenados muchas de las víctimas, así como la protección y el desplazamiento de quienes cometían la violación.

No duda Solé en dar voz también a Joaquín Benítez, un exprofesor de gimnasia del colegio de Maristas de Sants-Les Corts, que se aprovechaba de su situación y de sus conocimientos de fisioterapia para abusar de alumnos. «Yo nunca me he considerado pederasta sino una persona que ha tenido una debilidad en algunos momentos», dice, para estupor del espectador.

No es el único momento inquietante. Dado que la ventana de tiempo para denunciar es muy breve -en España, los delitos leves preescriben cuando uno cumple 23 años y los graves, cuando uno cumple 32-, muchos de los delitos que muestra el documental han preescrito ya. Sin embargo, algunas de las víctimas tienen el valor de enfrentarse a sus violadores, varias décadas después, y sacar confesiones que hielan la sangre. Y mientras tanto, preguntada por la ausencia de cifras, la Conferencia Episcopal Española reconoce que no hay un listado de casos «porque no se tiene la percepción de que esto sea una cosa mayoritaria».

 

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